La lenta curación de un pueblo vasco marcado por ETA

Por Marianne BARRIAUX
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Un hombre camina junto a un cartel alusivo al desarme total de ETA el 6 de abril de 2017 en la localidad guipuzcoana de Rentería (Pais Vasco, España)

Desde que ETA abandonó la violencia en 2011, Rentería se recupera lentamente de cuatro décadas oscuras marcadas por las protestas, los asesinatos y las torturas relacionados con la lucha armada librada por la banda.

Para los habitantes de este antiguo municipio industrial de Guipúzcoa, en el País Vasco (norte de España), esto implica caminar por sus calles sin guardaespaldas, vivir sin miedo o disfrutar viendo llegar a los turistas a un pueblo antes hostil.

Ahora que se espera la entrega por ETA de sus armas, el sábado, la alegría da paso también a una insistente pregunta: ¿cómo curar las heridas de un pueblo que ha sido desgarrado por el conflicto y el odio?

"Esta ciudad ha tenido épocas convulsas", reconoce Julen Mendoza, alcalde de este municipio de 40.000 habitantes.

Rentería vivió unos 20 asesinatos de ETA: taxistas, policías, concejales municipales, de acuerdo con el informe del grupo regional de derechos humanos Argituz.

El informe también detalla siete asesinatos y torturas de grupos parapoliciales como los GAL, creados ilegalmente en los años 1980 por altos funcionarios del entonces Gobierno socialista español para combatir a ETA.

Un pasado salpicado por virulentas protestas, a veces reprimidas con violencia, que sembraron un resentimiento en Rentería, donde el apasionado nacionalismo y sentido de la identidad vasca sólo se puede equiparar a su profundo recelo hacia el Gobierno español.

- 'Demasiados funerales' -

"Yo estaba embarazada de mi hija de seis meses. En esa misma esquina me pegó un porrazo un policía nacional. Me pegó en la tripa y tuve que subir al hospital", recuerda Lourdes Irizar Rezola, una limpiadora de 59 años, señalando el lugar donde ocurrió el incidente hace más de 30 años.

Ferviente independentista, quería manifestarse en apoyo a unos militantes de la izquierda nacionalista que habían sido arrestados.

Si bien reconoce la violencia practicada por ETA durante cuatro décadas de bombas, secuestros y asesinatos a punta de pistola por la independencia vasca que dejaron 829 muertos, recuerda más vívidamente la violencia policial que dice haber sufrido en las protestas.

Algunas calles más allá, Miguel Buen tiene en mente otras imágenes de etapa como alcalde socialista de Rentería, a partir de 1987, cargo que mantuvo durante 18 años.

Su historia personal está marcada por las amenazas de ETA, cuya sangrienta batalla la enfrentó al Gobierno central, fuera socialista o conservador.

"He tenido que asistir por desgracia a demasiados funerales de compañeros y amigos, de gente para muchos anónimos, de concejales del Partido Popular, de empresarios, de personas que simplemente pasaron por allí", dice.

La sede del Partido Socialista fue atacada 28 veces durante los tiempos más convulsos, incluso con el lanzamiento de cócteles molotov.

La planta baja solía estar equipada de extintores automáticos y rejas en las ventanas y la puerta, que ahora ya han sido retirados.

Las cosas también cambiaron para Buen, que disfruta de su jubilación a los 69 años. "Hace cinco años que me paseo por las calles de mi pueblo, por las calles de cualquier ciudad de Euskadi (País Vasco) y no llevo escolta", dice.

"La gente no se mete conmigo, hay muchas personas que antes no me saludaban y ahora me saludan. Eso al final se traduce en libertad", dijo.

- Conciliación y tensiones -

Este aparente deshielo en las relaciones vecinales puede deberse en parte al alcalde Julen Mendoza.

Es de la coalición de izquierdas independentista EH Bildu, pero ha conseguido aunar detrás de él a políticos de todos los colores en un esfuerzo de conciliación.

En 2013 organizó un evento donde gente que había sido encarcelada por sus vínculos con ETA se mezclaba con víctimas de la banda.

El duro y emotivo ejercicio sirvió para cambiar la mentalidad de los asistentes y dejar a un lado el rencor, dice.

A pesar de estas iniciativas que están teniendo lugar por todo el País Vasco, el camino por delante todavía está sembrado de dificultades.

Un paseo rápido por Rentería permite descubrir numerosas pancartas en paredes y balcones pidiendo mejores condiciones para los cerca de 350 miembros de ETA encarcelados.

Muchos nacionalistas vascos, aunque rechazan los crímenes cometidos por ETA, entienden que estos presos deberían poder cumplir sus penas en las cárceles vascas y no a cientos de kilómetros de distancia.

Pero encuentran la oposición del Gobierno central y de muchos españoles, para quienes las memorias de los atentados son todavía muy recientes.

"Tenemos que aprender a convivir", dice Juanma Álvarez, un jubilado de 61 años que asistirá el sábado a la ceremonia del desarme en Bayona, en el sureste de Francia.

"Para mí es muy importante y para miles y miles de personas. De mi entorno, prácticamente todo el mundo está totalmente de acuerdo. Vamos a ir casi todos", asegura.

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