La indiferencia de los mercados: ni Afganistán ni un nuevo pico pandémico los ha atemorizado

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Las bolsas han vencido un mes tradicionalmente negativo financieramente debido al verano y al cese de las acvtividades tradicionales, que traía consigo los peores análisis, augurios y miedos. Un hito inusual para un ambiente que viene del infarto económico que significó la pandemia

Algunos analistas ensayan la hipótesis de que el imponderable e indeseado paso por la pandemia mostró a muchos sectores económicos que la estructura tecnológica de la dinámica producción-demanda-consumo es inerme en muchos casos a las que eran otrora las amenazas tradicionales de la economía.

No significa que los aparatos productivos y de consumo no se afecten ya, sino que una buena parte de ellos pueden salir a flote en circunstancias que en otros tiempos habrían significado la muerte definitiva.

Quizás por eso ni siquiera el paso del huracán Ida, que atravesó de sur a noereste Estados Unidos, causando estragos y muertes en al menos tres estados, fue un detonante del miedo en los mercados financieros. Por no nombrar la variante Delta, que habiendo producido un nuevo e inesperado pico de la pandemia, cuando había la sensación de que lo que vendría sería solo mejoras, no infundió mayores temores en los grandes capitales.

Ni el retiro de las tropas estadounidenses de Afganistán, con todo el caos hiperglobalizado que significó, poniendo de relieve la vulnerabilidad en la que mucha población afgana se está quedando, el lado más primitivo de los seres humanos y una significativa pérdida geopolítica en una región tan explosiva y crucial para el destino del mundo como Oriente Medio.

Lo cierto es que los capitales hicieron caso omiso de todos los anuncios y estudios financieros que presagiaban una baja inevitable de los mercados, por una parte, a causa de un recalentamiento natural, después del rebote que empezó luego de la enorme baja de 2020, y por otra, por un conjunto de razones vinculadas con la inflación, la guerra, un nuevo pico del coronavirus y los huracanes.

Según el cristal con que se mire

Ha habido campañas de miedo, naturales después de un sacudón como el de la pandemia; temores razonables por la inflación: a la inflación, la FED, tarde o temprano, le responderá con una subida de los intereses, con lo que muchos inversionistas prefieren tener cash u oro y no acciones; acabamos de ver pasar un estadio de retirada bélica inesperadamente caótico en Afganistán; el gobierno de Biden ha seguido, como el de Trump, distribuyendo gasto fiscal para alivianar los pesares de las clases que más han padecido los avatares del Covid 19. Y los niveles en los mercados de la bolsa de valores no sólo no se caen, sino que aumentan y aumentan.

Los índices del Dow Jones, Spy y Nasdaq han roto consecutivamente el precio de sus altos históricos. Tanto, que los analistas que hasta hace nada avizoraban una gran caída, ahora piensan que el índice del Standard and Poors 500 pasará de 450 dólares, que es su precio aproximado actual, a 500 antes de diciembre. De ser así, estaríamos frente a una subida de más de 20% en un año, un ascenso del intercambio financiero nunca antes visto en la historia.

En el mundo financiero se pueden hacer muchas conjeturas, pero en el argot de los operadores de capitales hay una máxima: el precio es el rey. Así que luego de que los índices no se desplomaran, llegan los análisis que visualizan aún mayor el alza actual.

Los analistas serían presa fácil en este momento para cualquier outsider cínico. Pero en el mundo de los mercados lo único cierto es lo imprevisto. El factor menos observado aparece de repente y causa enormes miedos que no eran previsibles, que a su vez activan otros miedos, y así se producen vertiginosas caídas. En cambio que, en ocasiones, las circunstancias más temidas aparecen y los capitales prefieren creer que sus aparatos productivos vencerán las adevrsidades.

Las emociones del dinero

Lo cierto es que el agosto que acaba de terminar ha sido uno de los pocos agostos azules en los registros de la Bolsa de NY.

Hay varias razones: 

Lo que nadie podría haber predecido era que ni el conflicto bélico afgano ni la arremetida de la variante Delta del coronavirus hubiesen afectado mayormente al mundo de los capitales.

La fuerza del capital a veces reside en la avaricia. Cuando no se siente amenazado, siempre quiere más. Asimismo, su miedo es irrefrenable y ciego cuando comprueba una amenaza, entonces huye despavorido. Sobre todo si se trata de un miedo hacia un actor que es desconocido en el mercado y no se pueden predecir sus resultados (como lo fue para la era moderna el coronavirus).

Así que esta apreciación tiene la vigencia de este segundo. Las emociones, en los mercados financieros como en la vida, pueden ser detonadas en cualquier momento por el factor más imprevisto. Y siempre tienen consecuencias.

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