La importancia de los zoos y acuarios para la conservación

 

Tres cachorros de león descansan juntos en sus instalaciones del Zoo de la Ciudad de Leningrado en San Petersburgo (Rusia) , el 12 de febrero de 2018. El macho y las dos hembras nacieron el pasado 10 de diciembre. EFE/ Anatoly Maltsev

Para muchas personas los zoológicos y los acuarios son poco menos que campos de concentración para animales. Para otros suponen un lugar maravilloso donde ponerse en contacto con la biodiversidad que habita el planeta. Y ambas opiniones son respetables, si se expresan con respeto. Pero ¿hay alguna manera de llegar a un dato objetivo, que dirija la discusión hacia un lugar productivo?

Esto es, en su esencia, lo que han tratado de responder un grupo de investigadores en un estudio reciente. Lo que han hecho ha sido analizar la literatura científica reciente, los artículos publicados en los últimos veinte años, para ver si este tipo de centros contribuye en algo a la ciencia y a la conservación de la naturaleza.

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Porque esta es la postura de otra mucha gente, que los parques zoológicos y los acuarios – y en la misma medida, aunque pueda parecer un caso muy distinto, los jardines botánicos – son un “mal necesario”. Que sería mejor que los animales viviesen en libertad y los humanos nos acercásemos a sus hábitats para conocerlos, pero que los zoos y acuarios cumplen una muy necesaria función en la Biología de la conservación.

Entrando ya en los datos, los investigadores han podido acreditar un total de 5.175 artículos científicos basados en estudios realizados en zoos y acuarios. Publicaciones todas ellas bajo las estrictas normas de la ciencia: revisión por pares – peer-reviewed en inglés –, originales y novedosas, cuyo objetivo sea ampliar el conocimiento humano.

No es una cantidad pequeña. Pero de nada serviría si no fuese acompañada de otros criterios, o al menos así lo plantean quienes creen en el valor científico de estos centros. Todos estos artículos proceden de zoos y acuarios que son miembros de la Asociación de Zoos y Acuarios, una institución que reúne a aquellos dispuestos a cumplir sus normas: que el objetivo de estos centros sea prioritariamente la conservación y la investigación zoológica.

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Todo esto suena muy bien. Bueno, no sólo suena, también está muy bien. Pero claro, falta un factor fundamental, que es comprobar si realmente estas investigaciones tienen un reflejo real en la conservación y protección de las especies. Más allá de lo que se conoce como “conservación ex-situ”, que hace referencia a mantener especies dentro de zoológicos aunque se extingan en el medio natural.

Y aquí es donde los datos se complican. No resulta precisamente sencillo hacerse con ellos, encontrar la manera de demostrar que realmente los zoos y acuarios participan activamente en la conservación. Sí es cierto que muchos de ellos, la inmensa mayoría, colaboran o incluso lideran proyectos de protección de fauna, o que sirven como lugar de cría en cautividad para asegurar la diversidad genética de especies, pero el límite entre una dedicación científica y conservacionista y un interés propio es difícil de valorar.

El artículo no pretende, ni mucho menos, terminar con el debate. En gran parte, porque los responsables del artículo tienen clara su postura, si no no hubiesen comenzado el estudio. Pero aporta datos objetivos sobre los que basar nuestras opiniones.