La "guerra" por el mercado de la cerveza en Costa de Marfil, una competencia sin límites

Por Christophe KOFFI
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Un vendedor junto a un cartel de la cerveza Bock en Abidjan, Costa de Marfil, el 13 de julio de 2017

En Costa de Marfil, la competencia por hacerse con el mercado de la cerveza es feroz, una "guerra" declarada entre los dos principales fabricantes que se refleja en los paneles publicitarios gigantes pero también en otros medios menos legales.

Desde que en 2016 desembarcó en el país el grupo holandés Heineken, rompiendo un monopolio que ostentaba desde hacía 60 años la Sociedad de Fábrica de Limonadas y de Cerveza de África (Solibra), la publicidad invadió las calles.

"¡Para nosotros la cerveza es Blocks!", es el lema publicitario que se opone a "Cerveza Marfil, la más apreciada por los marfileños", un reclamo que busca conquistar a los consumidores en un país muy aficionado a la cerveza, utilizada en las libaciones de las ceremonias tribales, en los funerales y en las fiestas de los pueblos.

El sector está en pleno auge, de la mano del sólido crecimiento de la economía del país, que acumula años de bonanza y que en 2016 se expandió un 8%.

"El futuro del sector es exultante en Costa de Marfil, donde la guerra va a ser cada vez más febril", proyectó el analista Dominique Gnangoin.

En los puntos de venta, en las calles o en las grandes intersecciones de Abiyán, paneles gigantescos rivalizan en tamaño y en la potencia de los mensajes, siempre con imágenes sugerentes de cerveza bien fría.

"Cuando se dice 'la guerra de la cerveza', se habla de una verdadera guerra (...) Ha habido chantaje, presiones que alteran la libre competencia", se lamentó Jean-Baptiste Koffi, presidente de la Unión Federal de Consumidores de Costa de Marfil, que agrupa a 125 asociaciones.

"No es sano que se vea por todos lados en Abiyán vasos de cerveza expuestos a los menores, que son muy vulnerables", reconoció Roger Adou, subdirector de Solibra, dueño de las marcas Bock, Flag y Castel que está en el mercado desde 1955.

Solibra, propiedad de la empresa vitícola francesa Castel, posee dos tercios del mercado y en 2016 consiguió un volumen de negocio de 200.000 millones de FCFA (305 millones de euros, 360 millones de dólares).

- Chantaje y presiones -

Su competidor Brassivoire, que agrupa a las marcas Heineken e Ivoire y logró hacerse con un tercio del mercado en un año, señala los puntos de ventas con paneles gigantes. La empresa admitió que su atronador desembarco en el país no ha generado sólo alegría, pero se negó a utilizar la palabra "guerra" para definir la competencia con su rival.

Heineken, tercer productor mundial de cerveza, después de InBev y SABMiller, es el propietario de un 51% de Brassivoire, el resto pertenece al grupo de distribución CFAO, muy implantado en el mercado africano y perteneciente al grupo japonés Toyota.

"Descubrimos con estupefacción a finales de mayo que varios paneles de Brassivoire instalados en diferentes puntos de venta de la localidad turística de Grand Bassam (cerca de Abiyán) habían sido arrancados", contó a la AFO Bintou K. Appia, responsable de la comunicación de Brassivoire.

Para denunciar la situación, la Unión Federal de Consumidores anunció que lanzará próximamente una campaña contra la publicidad no regulada y contra los grandes paneles situados cerca de escuelas.

Por su parte, las cámaras asociativas que regulan los afiches callejeros y velan por el urbanismo en Abiyán, también llamaron la atención a ambos fabricantes.

"Atención: ustedes venden alcohol. No es sano que la comunicación sea agresiva frente a personas frágiles, como los menores", destacaron en una carta dirigida a ambas marcas.

- Una bonanza que no llega a los bares -

En general, el precio de una cerveza ronda los 500 francs CFA (0,76 euros). La llegada de Brassivoire permitió equilibrar los precios que varían según la temporada del año, dependiendo de ocasiones como fiestas de final de año u otras efemérides.

Sin embargo, los propietarios de los locales, que celebraron en un inicio la apertura del mercado, han cambiado de opinión, debido a la precariedad de su situación.

"Estas cerveceras se enriquecen y hacen negocios sobre nuestras espaldas. Nuestros márgenes de beneficio son bajos. La botella cuesta más que el líquido", se quejó Josué Gnahoua, líder del sindicato de propietarios de bares de Costa de Marfil.

Frente a todas las críticas, las dos grandes empresas prometieron "un compromiso ciudadano".

"Tenemos el deber de hacer que nuestra comunicación se haga de una forma responsable para no exponer a los menores", prometió Adou, ejecutivo de Solibra.

Su rival, Brassivoire prometió que a partir de ahora la competencia se realizará de forma "sana y leal" y quiere "ser un socio del crecimiento" del país.

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