La gente que come más sano malgasta más comida

Una trabajadora de un supermercado tirando comida que nunca llegó a los consumidores. REUTERS/Ben Nelms/File Photo
Una trabajadora de un supermercado tirando comida que nunca llegó a los consumidores. REUTERS/Ben Nelms/File Photo

Cada día, en los países civilizados, se tira a la basura una cantidad sorprendente de comida. Un ejemplo son los estadounidenses, donde el dato llega a 400 gramos de comida malgastada por persona y día. Puede parecer poco – o mucho – pero hay otra forma de verlo: es un tercio de las necesidades de una persona normal.

Y lo más curioso, que se explica en un artículo reciente, es que la gente que come más sano malgasta más comida. Cuantos más vegetales, hortalizas y frutas se incluyan en la dieta, mayor es la cantidad de alimento perfectamente válido que termina en la basura.

[Te puede interesar: Albóndigas de grillo y falafel de gusano, el futuro de la alimentación]

Frente a este dato, hay varios análisis que se pueden hacer. El primero es el impacto que este hecho tiene sobre el planeta. Que no es algo que se deba descartar. Las dietas más sanas, un mayor consumo de productos vegetales, supone menor uso del territorio. Por un motivo sencillo: la ganadería requiere o bien pastos, o forraje. En cualquier caso hay que sumar el terreno del alimento del ganado.

Pero aunque las dietas más sanas requieran menos territorio, lo emplean de una manera más intensiva. La cantidad de agua empleada en cultivos, especialmente de hortalizas, es mucho mayor. Y también de fertilizantes, especialmente nitrogenados, cuya fabricación no es precisamente “limpia”, y que pueden terminar por generar graves problemas medioambientales como la eutrofización.

Pero si queremos ir al verdadero problema, a la raíz del asunto, hay que hablar de la bolsa de la compra. Donde más alimento se pierde es antes de llegar a nuestras casas. Como consumidores, tenemos tendencia a escoger sólo las frutas y verduras con mejor aspecto. No que parezcan tener mejor sabor o ser más sanas, si no las que tienen un aspecto exterior más “perfecto”.

[Te puede interesar: ¿Sería posible y beneficioso un mundo vegano? Esto responde la ciencia]

Así que tanto los productores como los supermercados se deshacen de cantidades sorprendentes de “frutas feas” – vegetales en general – cuyo único problema es que no cuadran con nuestros gustos estéticos. Y sí, por mucho que no los tiremos nosotros directamente a la basura, es un impacto que generamos.

Aunque tampoco hay que olvidarse de esto. Los autores del artículo explican que hay mucha comida que no se aprovecha como debería. Muchas veces se compra de más, la verdura o fruta se estropea, y termina en la basura. Solo que, realmente, se podría aprovechar pero no se hace.

La propuesta que hacen los autores es sencilla. Promoviendo el consumo de “frutas feas”, y enseñando a la gente a aprovechar mejor los productos que ya tienen en sus casas, se podría limitar el impacto que tenemos sobre el planeta. Se gastaría mucha menos comida, que son recursos que no se han gastado. No parece mala idea.

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios puedan establecer conexiones en función de sus intereses y pasiones. A fin de mejorar la experiencia de nuestra comunidad, hemos suspendido los comentarios en artículos temporalmente