La fuerza bruta puede acabar con las bacterias super-resistentes

José de Toledo
Mecanismo de acción de la oritavancina (courtesy of Dr Joseph Ndieyira)
Mecanismo de acción de la oritavancina (courtesy of Dr Joseph Ndieyira)

Un problema médico que cada día preocupa más es la aparición de cepas de bacterias resistentes a los antibióticos. Como estos medicamentos cada vez se emplean más, y en ocasiones de manera indiscriminada, los microorganismos a los que atacan han aprendido – se han adaptado – a ellos, y ya no les afecta. Bueno, no del todo. Porque incluso las bacterias resistentes son incapaces de enfrentarse a un tratamiento de antibióticos por fuerza bruta, tal como se explica en un artículo reciente.

¿A qué se refieren con “ataque de fuerza bruta”? Pues, bastante literalmente, al uso de la fuerza bruta. La fuerza con la que la molécula del antibiótico intenta entrar en la célula bacteriana, en el caso de ciertos antibióticos, es muy alta. Y gracias a ello consigue cumplir su función, incluso si la bacteria es resistente a ese antibiótico.

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Vamos a dar un paso atrás, y explicar en qué consiste la resistencia a los antibióticos, que resulta necesario para entender el resto del estudio. Un antibiótico funciona afectando al metabolismo bacteriano. Vaya, que ataca a la maquinaria celular de la bacteria, provocando la muerte. Hasta aquí, todo sencillo.

Distintos antibióticos afectan de distinta manera. Pero todos ellos tienen algo en común: necesitan entrar dentro de la célula. Y para ello deben atravesar la pared bacteriana, la capa más externa de estos microorganismos que los protege de su entorno. Para ello emplean señales de reconocimiento y canales celulares, como cualquier otra sustancia.

Bien, aquí es donde entra la resistencia a antibióticos. Normalmente, el antibiótico “encaja” en un receptor de la bacteria de manera precisa. El símil que se emplea es el de “llave-cerradura”: el receptor de pared bacteriano sería la cerradura, en la que encaja el antibiótico cual llave.

Cuando se desarrolla una resistencia, lo que hace la bacteria es cambiar la cerradura, de tal manera que la llave no entra. El “ataque por fuerza bruta” del que se habla en el artículo consiste en, esencialmente, forzar la cerradura. O incluso reventar la puerta – en este caso, la pared bacteriana – a base de “empujar”.

Pero ¿es esto posible? En el artículo se explica el experimento que lo demuestra. Para llevarlo a cabo seleccionaron dos cepas de bacterias, una resistente a antibióticos y otra que no lo era. Y dos antibióticos muy relacionados: la vancomicina y la oritavancina. La segunda deriva de la primera por ciertas modificaciones.

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En el caso de las bacterias no resistentes, el efecto de los antibióticos era el esperado. Pero cuando se enfrentaban a las que sí mostraban resistencia fue cuando dieron con la clave. En ambos casos las moléculas de los antibióticos trataban de entrar en las células bacterianas, presionando la pared. Pero la oritovancina lo hacía con una fuerza superior en casi 11.000 veces. Suficiente como para, no ya “forzar la cerradura”, si no “reventar la puerta por completo”.

El equipo de investigación no se quedó aquí. Aprovechando los datos conseguidos en el estudio, desarrollaron un modelo matemático que permite predecir la “fuerza bruta” que cada tipo de antibiótico puede ejercer, y qué nuevos medicamentos pueden cumplir dicha función.

Así que son todo buenas noticias, hemos encontrado un método para acabar con las bacterias resistentes a los antibióticos, ¿no? Por desgracia, la cosa no es tan sencilla. En evolución – y esto no deja de ser un ejemplo clarísimo de adaptación – se suele utilizar el término “carrera armamentística”. Antes o después las bacterias encontrarán la manera de resistir los ataques por fuerza bruta. Y en ese momento comenzará la investigación para dar con otro método de atajar las infecciones que nos afecten. Hemos ganado tiempo, lo que es muy importante.