La foto de Colón de la que PP y Cs ya son prisioneros

El presidente de VOX, Santiago Abascal (2i), el líder del PP, Pablo Casado (4i), y el líder de Ciudadanos, Albert Rivera (d), han posado junto a otras personalidades asistentes a la concentración convocada por su partido, Ciudadanos y el PP este domingo en la plaza de Colón de Madrid, en protesta por el diálogo de Pedro Sánchez con los independentistas catalanes y en demanda de elecciones generales. EFE

No hay marcha atrás. Vox ya es, y será, parte del relato político de aquí a mayo sin siquiera tener un solo diputado en el Congreso. Lo es porque así lo han querido PP y Cs, a quienes la ceguera por desestabilizar el Gobierno en minorías de Pedro Sánchez no les permitió ver más allá del hecho de armar mucho alboroto en la manifestación de ayer en Madrid. Por eso no supieron ver la contrapartida de la foto de Colón y prever que el partido de Santiago Abascal les acabaría comiendo la agenda tanto a Pablo Casado como a Albert Rivera. La jornada fue un regalo para el partido ultraderechista como demuestran varios hechos sucedidos en las últimas horas.

Primero por la llegada de todos ellos a la manifestación. Una convocatoria sin apenas enjundia –de hecho, nadie supo muy bien cómo acabarla 30 minutos después de haber comenzado y hubo incómodos cruces de miradas tras la interpretación del himno para poco a poco salir cada uno por su lado- a la que Casado y Rivera acudieron jaleados por los suyos, es cierto. Pero también lo es que el único al que la gente le gritaba ‘presidente, presidente’ era al líder de Vox.

Siguiendo por la foto. Estaba tan claro quién había logrado imponer su agenda que Rivera casi se queda fuera de plano de tanto denuedo que puso en distanciarse de Abascal. Algo parecido pasó con Casado, quien mandó a Maroto a blandirse a codazos por ganarle la posición a UPyD. Ahora se entiende mejor por qué en Ciudadanos vetaron la posibilidad de que los representantes políticos leyeran un manifiesto o que hubiera una ‘foto a tres’. El aplausómetro, tras calibrar el recibimiento de unos y otros, hubiera dado como claro vencedor al representante de Vox para desazón del resto. Por eso PP y Cs optaron por tres ‘experiodistas’ desde ayer reconvertidos en portavoces de la derecha.

La incomodidad de Rivera fue tan manifiesta, que cuando llegó su turno apareció con un par de figurantes pertrechados con sendas banderas arcoíris en defensa de los derechos del colectivo LGTBI. El líder de Ciudadanos no quería proyectar la misma imagen que su colega de Vox y trató diferenciarse de él lanzando el mensaje de que el partido naranja sí reconoce al citado colectivo. Si el relato lo marcara Ciudadanos o incluso el PP las banderas hubieran estado ahí y tendría que haber sido Abascal quien las retirara. Y no al revés.

Encima la convocatoria fue un éxito a medias. A su favor hay que destacar que apenas contaron con 72 horas para organizarlo todo. Pero teniendo en cuenta que los tres partidos fletaron autobuses gratuitos, reunir a 45.000 personas -según datos de la Policía; la misma, por cierto, que ha calculado la asistencia a otras marchas en los últimos años- es una pequeña derrota.

Si algunas siglas ayer destacaron fueron las de Vox. Los tres partidos supuestamente consensúan que el acto debía ser civil y no de los partidos. Por eso apenas se vieron banderas con las siglas de Ciudadanos o del PP. Sí que las hubo, en cambio, de Vox. Tal vez el partido de Abascal incumplió las reglas, pero cumplió su objetivo. Otro minipunto para ellos.

La prueba de lo mal que le ha salido la jugada es que Albert Rivera estaba hoy a las 9 de la mañana en el programa de Ana Rosa en Telecinco. Si uno está orgulloso con la foto de ayer y satisfecho con lo allí expresado, lo suyo sería mantener un perfil bajo durante un par de días y dejar que la imagen hable por uno mismo. Si en menos de 24 horas Rivera se ha plantado en el programa de mayor audiencia en su franja horaria es que tiene que corregir algo. Quizás cree que ‘ha vendido demasiado barata su alma al diablo’, porque la manifestación de ayer no logró tumbar al Gobierno de Pedro Sánchez. Para eso, por mucho que ayer quisieran correr Rivera y Casado, se dirimirá en las urnas.