La foto con la que los talibanes se mofan de EE.UU.

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A la izquierda, la propaganda talibán y a la derecha la foto de Joe Rosenthal. (Talibán/AP)
A la izquierda, la propaganda talibán y a la derecha la foto de Joe Rosenthal. (Talibán/AP)

Durante los últimos 20 años de presencia militar estadounidense y occidental en Afganistán, la influencia del régimen talibán no ha dejado de estar latente. Su autoridad se ha encontrado agazapada aunque su sentido de la estrategia digital y de la comunicación se ha fortalecido hasta el punto de estar viviendo un momento de esplendor. Su manejo de los mensajes en las redes sociales no es el propio de un sistema autoritario y fundamentalista regido por férreos códigos morales, todo lo contrario, parece salido de las mentes más expertas en la gestión de contenidos y en la comprensión de sus audiencias. El último ejemplo es una imagen que lo dice todo y que cumple con todos los parámetros para hacerse viral.

Se trata de una foto en la que, aparentemente, los miembros del Batallón Badri 313 de los talibanes fuerzas de élite- parecen burlarse de la icónica instantánea realizada en 1945 por Joe Rosenthal y con la que ganó el Premio Pulitzer: ‘Alzando la Bandera en Iwo Jima’. En la foto original se puede observar cómo varios marines estadounidenses izan la bandera de EE.UU. en la cima del monte Suribachi durante la batalla de Iwo Jima en Japón. Ahora, poco después de la retirada de las tropas de territorio afgano, en el se ha considerado uno de los mayores fiascos bélicos de las últimas décadas y tras la rápida expansión de los insurgentes para tomar control del país, éstos han respondido con su versión de la clásica instantánea.

Talibanes después de tomar el control del país. (Getty Images)
Talibanes después de tomar el control del país. (Getty Images)

Esta vez, la bandera no es la estadounidense sino la talibán, además hay otros aspectos que llaman la atención. Irónicamente, los militares afganos aparecen con uniformes de camuflaje completo, con botas de combate, con equipo táctico y con gafas de visión nocturna, es decir con material expedido por EE.UU. o sus aliados y que dista mucho de la imagen tradicional de los talibanes. La composición y el simbolismo de la fotografía -o montaje- son un caramelo mediático y propagandístico que evidencia que la guerra, su guerra, no sólo se libra sobre el terreno, sino online.

A comienzos de agosto, cuando la ofensiva talibán se extendía a base de victorias en ciudades clave del país, su estrategia de comunicación fue fundamental para minar la moral de sus enemigos y amplificar la suya. No importaba cuán sustancial o minúscula fuera su conquista o cuán importante su éxito en distintas batallas, su discurso en redes sociales albergó la idea de que nada les detendría en su ansiado ascenso al poder. Vídeos con multitudes que vitoreaban su presencia, alardes de grandeza en los que culpaban al por entonces Gobierno afgano de las muertes y los daños en infraestructuras y comparecencias de líderes en los que prometían piedad contra los que se rindieran. Por el contrario, la estrategia en redes sociales de las fuerzas gubernamentales afganas fue exactamente la contraria: la de tapar sus derrotas con nimios detalles, con pequeños éxitos a la postre intrascendentes para el devenir de los enfrentamientos. Su muestra de debilidad contrastó con la fuerte propaganda extremista. Pesaron más las imágenes de los insurgentes tras haberse apropiado de armamento estadounidense que las proclamas del Ejército sobre cuántos talibanes mataron o capturaron en ciudades que acabaron perdiendo.

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Las vías en las que propagan su mensaje son las convencionales: Facebook, Twitter, Instagram, WhatsApp y Telegram. Según publicó The Washington Post, los analistas creen que al menos hay una empresa de relaciones públicas que está asesorando a los talibanes sobre “cómo impulsar temas clave y crear imágenes y fragmentos de vídeo potencialmente virales, al igual que hacen campañas corporativas y políticas en todo el mundo”.

¿Acaso no salió publicado en todos los medios que los extremistas iban a respetar los derechos de las mujeres siempre que se ajustaran con la ley islámica? Aquel mensaje se proyectó desde Afganistán al exterior en boca de Mawlawi Janat Gul Aziz, el jefe del nuevo Departamento de Educación.

“Nuestra política es que ambos, niños y niñas, deben tener una educación mientras la ley sharía no sea incumplida. Niñas de todas las edades con hijab pueden recibir una educación, no hay ningún problema”, afirmó.

La imagen del régimen es muy diferente a las ofrecidas antaño, donde las amenazas eran constantes y no dudaban en alardear de matanzas en masa a los infieles en estadios y lugares públicos o de reprimir a las mujeres apeándolas de sus derechos fundamentales. Por ahora, la estrategia de propaganda es la de dar una apariencia más sosegada, aunque la realidad sea bien distinta. Este tipo de proclamas van dirigidas principalmente a una audiencia internacional con acceso a Internet y a teléfonos inteligentes (algo impensable en muchas zonas rurales de Afganistán a pesar del evidente desarrollo tecnológico). Por poner en contexto, el portavoz talibán, Suhail Shaheen, cuenta con 388.000 seguidores en Twitter y sus discursos en inglés guardan un tono conciliador.

“Aseguramos a todos los diplomáticos, embajadas, consulados y trabajadores benéficos, ya sean internacionales o nacionales, que no sólo no se les creará ningún problema por parte de la AIE (Emirato Islámico), sino que se les proporcionará un entorno seguro”, reza uno de sus mensajes recientes. “El Emirato Islámico ha ordenado a sus muyahidines (persona que hace la yihad) y les instruye de nuevo para que nadie pueda entrar en la casa de otras personas sin permiso. La vida, la propiedad y el honor de nadie serán dañados, sino que deben ser protegidos por los muyahidines”. aseguró.

Los testimonios sobre el terreno muestran una realidad distinta a la de los mensajes. El control de los talibanes en las arterias que llegan al aeropuerto ha dificultado enormemente la evacuación de personal extranjero y nacional; y otros en los que se afirma que ya están llamando puerta por puerta en busca de colaboradores de los estadounidenses o sus aliados. Los insurgentes han demostrado su dominio en la comunicación online con un impacto real que aún está por ver a medio y largo plazo.

A pesar de su éxito, la imagen de ‘Alzando la Bandera en Iwo Jima’ apenas reportó beneficios económicos a Rosenthal y el fotógrafo siempre se contentó con salir vivo del conflicto armado. A día de hoy, los talibanes también están sobreviviendo en muchos frentes, incluido el digital, ésa guerra de guerrillas del contenido viral que se libra en las pantallas de celulares, tablets y computadoras. Alzan su bandera y desafían al país que da cobijo a Facebook, Twitter, Instagram, WhatsApp y compañía sin que hayan tenido ningún problema para lanzar sus mensajes. Saber jugar con bajo las reglas y sortean a la perfección conceptos como 'discurso de odio' o 'incitación a la violencia', aspectos que suelen acabar con el bloqueo de cuentas (véase el caso de Donald Trump). 

Los insurgentes no sólo han recuperado Afganistán, también han invadido con éxito las redes sociales.

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