La forma radical en la que Bruce Lee redefinió la masculinidad de los estadounidenses con origen asiático

Bruce Lee en Operación Dragón, de 1973 (Foto: fotos de archivo a través de Getty Images).

Bruce Lee es retratado solo brevemente en la nueva película de Quentin TarantinoÉrase una vez en Hollywood. En realidad, lo ha reservado para un remate final. Es algo sorprendente, dado que Tarantino es un fan confeso de Lee.

Pero en la proyección que vi este fin de semana en el teatro Regal Edwards de Alhambra –una ciudad del Sur de California con un porcentaje considerable de población asiática– bien podría haber sido la estrella: durante el segundo que el actor Mike Moh apareció en pantalla en su mejor interpretación de Lee, buena parte de los presentes en el teatro estallaron en aplausos.

No fue una sorpresa. Pasados 46 años de la muerte repentina de Lee a los 32 años por un edema cerebral, el experto en artes marciales sigue ocupando un lugar sagrado en los corazones y las mentes de los estadounidenses de origen asiático.

Moh, quien también es experto en artes marciales, clava la actuación al emular la bravuconería de Lee. Fan autoproclamado de Bruce Lee desde niño, el actor de 35 años y también experto en artes marciales, no podía fallar.

“De niño crecí en los suburbios de Minnesota y era uno de los únicos niños de origen asiático, por lo que era el payaso de la clase y gran parte de eso se debía a que yo quería encajar”, dijo recientemente Moh a The Hollywood Reporter. “Entonces vi a Bruce Lee y pensé: ‘Guau, este chico puede patear traseros, las chicas lo quieren, es superfuerte y confiado’. No había visto a nadie así antes”.

Para los hombres estadounidenses de origen asiático como Moh, ávidos de modelos a seguir, Lee fue el héroe estadounidense de origen asiático, el único. Ahí, por la gracia de los dioses del cine, encontraban a una estrella de acción arrogante, que pateaba traseros, filosofaba y que realmente se parecía a ellos.

“Mis primeros recuerdos de Bruce Lee son las cintas VHS grabadas en formato panorámico”, dijo Jeremy Arambulo, un artista cuya novela gráfica, A Challenge está inspirada en el duelo de Bruce Lee Wong Jack Man en 1964.

“Como un niño que creció en esa época, él me parecía tan emblemático y omnipresente como Jesús”, dijo el artista de 40 años.

Dan Kwong, artista de performances y escritor, tuvo su gran momento con Bruce en 1972, cuando vio Furia Oriental en el Teatro Biograph de Chicago. Los espectadores que tenía al lado eran en su mayoría blancos. Mientras veía al musculoso y alegre Lee correr en círculos alrededor de hombres que lo doblaban en tamaño, sintió un inmenso y completo regocijo.

“Tenía algo más de 20 años en aquel momento. Nunca había existido un hombre asiático que fuera tan respetado y admirado por todos en este país”, dijo Kwong, de 64 años, al HuffPost. “Lo que hizo que Bruce tuviera tanto impacto fue su época. Simplemente, no había nadie como él”.

Lee sigue siendo el modelo preeminente de masculinidad asiática. Hace algunos años, el Estudio sobre hombres estadounidenses de origen asiático preguntaba: “¿Quién es el hombre estadounidense de origen asiático al que más admiras y por qué?” Bruce Lee fue la persona a la que los 497 encuestados mencionaron con mayor frecuencia. Lamentablemente, la respuesta más común fue “no lo sé”, un comentario triste que dice mucho sobre la invisibilización de los asiáticos en el cine y otros ámbitos con alta exposición pública.

“Lee fue pionero al brindar un modelo que les prometía a los hombres de origen asiático poder enfrentarse a cualquier enemigo y llegar a la cima”, dijo Chris Berry, profesor de estudios cinematográficos en el King’s College de Londres.

“En sus primeras películas, antes de que tratara de complacer a un público más amplio en Estados Unidos, siempre había una jerarquía racial con los adversarios, comenzando con otros hombres asiáticos y terminando con hombres caucásicos”, dijo. “Eso hizo que sus películas fueran muy populares en países del Tercer Mundo y también entre el público afroamericano”.

Lee era el extraño protagonista no blanco y sus películas se apoyaron en fantasiosas venganzas en las que él ponía la cara, como las películas de explotación negra de la época.

Cómo Lee cambió Hollywood

Sin embargo, lo que sorprende es que el actor solo finalizó cinco películas antes de fallecer en 1973. Pero en ese corto período de tiempo, él solo sin ayuda de nadie cambió las pautas de cómo percibimos la masculinidad de origen asiático.

Luchó contra muchos tipos de personas. En sus películas anteriores a los años 70, los personajes masculinos asiáticos eran caracterizados de dos formas: tal y como escribió el profesor Chiung Hwang Chen en un ensayo académico publicado en 1996, los asiáticos eran retratados como “el amenazante ‘peligro amarillo’” que luchaba para “matar al hombre blanco y llevarse a su mujer”. Esto último es exactamente lo que el personaje principal ordena a su ejército que haga en La máscara de Fu-Manchú de 1932.

En otras películas, se presentaban como feminizados y castrados, dijo el profesor. A menudo, estos personajes fueron retratados por actores blancos con cara amarilla. Hubo destellos de representaciones positivas, pero fueron pocos y distantes entre sí: el melancólico actor japonés Sessue Hayakawa era un galán silencioso de la época y James Shigeta prestó a su protagonista una buena apariencia para las películas de los años 60.

El experto en artes marciales estadounidense Chuck Norris con el experto en artes marciales, actor, director y guionista estadounidense de origen chino, Bruce Lee, en el estudio de grabación de su película El furor del dragón (Foto: Sunset Boulevard a través de Getty Images).

Lee se negó a ser un problema. Asumió un papel secundario en la serie de TV El Avispón Verde, pero algunas partes de la serie fueron difíciles de rodar. Para hacerse un nombre, tuvo que dejar Hollywood y trabajar el doble de duro. Lee se dirigió a Hong Kong para asumir papeles principales y ganarse la vida. Mientras estaba allí, Warner Brothers estuvo siguiendo la progresión de su carrera y le ofreció ayudarlo a producir Operación Dragón, su último largometraje.

Como con todas sus películas, en Operación Dragón, es imposible ignorar las cualidades físicas de Lee. No solo era un actor principal, era un verdadero sex symbol descamisado y sudoroso.

Los primeros expertos en artes marciales como Kwan Tak Hing derribaban a sus enemigos vestidos con sus túnicas que les cubrían todo el cuerpo, pero Lee mostraba su cuerpo, una innovación que, probablemente, de acuerdo a Berry, se inspiró en las películas de género péplum de los años 50 protagonizados por actores como Charlton Heston.

“En teoría, las artes marciales tienen que ver con la habilidad y no con fuerza física. El cuerpo no era importante y no se mostraba”, dijo el historiador de cine. “Con Bruce, el cuerpo y sus músculos se muestran como armas. Siempre sabes cuándo Bruce está realmente enfadado y empieza la juerga, porque se saca la camisa”.

Un Lee descamisado en el rodaje de El Gran Jefe, escrita y dirigida por Wei Lo (Foto: Sunset Boulevard a través de Getty Images).

Fuera de la pantalla, prefería las camisetas con cuello de pico, trajes hechos a medida con colores brillantes y gafas de sol de gran tamaño. Al igual que cualquier otra cosa en su vida, su estilo salvajemente callejero demostraba que era un hombre que vivía con valentía y quería destacarse entre los demás.

La influyente filosofía de Lee sobre la ética laboral

Lo que atrajo a sus fans no fue solo su destreza física o su estilo, su espiritualismo y enseñanzas filosóficas también pegaron fuerte.

“A mí lo que me atrajo fue la filosofía de Bruce”, dijo Osric Chau, un actor de 32 años y experto en artes marciales. “Esa confianza que te magnetiza y me hace pensar en la posibilidad de llegar a sentirme igual de seguro conmigo mismo algún día”.

“Sé como el agua”, fue una famosa frase de Lee. El agua permanece fiel a su naturaleza, pero a su paso se adapta a su entorno, al igual que Lee navegaba por la industria cinematográfica de Hollywood y Hong Kong.

“No temo al hombre que una vez practicó 10.000 patadas, sino que temo al hombre que practicó 10.000 veces una patada”, dijo en una popular cita en la que habla de su dominio absoluto del estilo patentado por él: el Jeet Kune Do.

Esas palabras tienen un gran poder de adhesión. Si eras un niño asiático del que se burlaban y al que insultaban en el patio del recreo diciéndote “Bruce Lee” o “Jackie Chan” (o peor, la cursi patada grulla de “Karate Kid”), la comparación física puede ser arriesgada en el mejor de los casos, pero te puedes apoyar en sus filosofías. Lee te recordaba que mantuvieras la cabeza alta.

Pero ni el mismo Lee se pudo deshacer del sentimiento de otredad en Estados Unidos: a pesar de haber nacido en San Francisco, de haberse casado con una mujer estadounidense y tener la ciudadanía estadounidense, The New York Times se refería a Lee como “el actor chino” en su obituario, que se extendía apenas ocho líneas. Aun con su fama, se lo consideraba como un eterno extranjero.

En vida, eso lo envalentonó, dijo la hija de Lee, Shannon Lee, a HuffPost.

“Él decía con mucha intención que había decidido mostrarle a la gente en la pantalla cómo es un hombre asiático de verdad”, dijo. “Sabía que faltaban modelos a seguir”.

“Si sabía o no lo absolutamente significativo que sería para tanta gente, no lo puedo decir”, añadió. “Desafortunadamente, falleció antes de que su película de Hollywood apareciera en la gran pantalla”.

Por supuesto, parte de la mística de Lee proviene del hecho de que murió con solo 32 años; es un santo patrón del club de los “vive rápido, muere joven, gana seguidores de culto”.

“Bruce Lee es el Tupac o el Biggie asiático, se fue antes de tiempo”, dijo Jason Shen, un empresario tecnológico de 33 años y defensor de los estadounidenses de origen asiático. “Pero mientras han aparecido raperos como Jay Z y Kanye, lo único que tenemos nosotros es a Bruce Lee. Como Peter Pan, no ha envejecido y está presente en su juventud en nuestras vidas”.

La masculinidad asiática después de Bruce Lee

Hombres como Shen se criaron en los años 90. Los chicos asiáticos que se están criando hoy tienen muchos más modelos de roles asiáticos. Cuatro décadas después de la muerte de Lee, los hombres de origen asiático piden ocupar su lugar en todos los ámbitos, ya sea para presentarse a presidentes, interpretando papeles románticos y superhéroes de Marvel o ganando campeonatos de la NBA.

Obviamente, nuestras ideas sobre la masculinidad asiática tienen que ampliarse más allá de poder citar a algunos tipos asiáticos musculosos. Kwong, el dramaturgo que tenía veintitantos años durante el ascenso de Lee.

“Ciertamente, se puede compartir una crítica válida sobre cómo el personaje de Bruce Lee en la gran pantalla era connivente con el modelo tradicional de masculinidad y virilidad que imperaba en la sociedad, esa idea de que hay que matar y destruir”, dijo Kwong.

Pero si, al igual que Kwong, los únicos asiáticos que veías al crecer fueran caricaturas de personajes malvados y asexuados, Lee era importante.

“Las películas de Bruce Lee siempre lo presentaron como un hombre asiático poderoso e íntegro que pelea por la justicia y que está del lado de los oprimidos”, dijo.

Dio agencia a los que llevan las de perder y proyectó una imagen de los estadounidenses de origen asiático que ellos querían ver en sí mismos. No había forma de que no tuviera influencia. Como dice un personaje en la obra Kwong inspirada en Lee, Sé como el agua:

Si eras un chico asiático, no había nada que admirar. Nada. Hasta Bruce Lee. Era como crecer en un desierto seco y vacío, luego un día subes una cima y ahí está el Océano Pacífico. Él era el océano.

Brittany Wong

HuffPost