La FIFA investiga a México por cantos ofensivos y discriminatorios en estadios de Qatar 2022

Qatar 2022 ha exhibido como nunca la doble moral de la FIFA. (Jia Haocheng/Xinhua via Getty Images)
Qatar 2022 ha exhibido como nunca la doble moral de la FIFA. (Jia Haocheng/Xinhua via Getty Images)

Qatar 2022 ha sido el clímax de la hipocresía. Y a la cabeza de todo está la FIFA. El cinismo no tiene límites para los jerarcas de la pelota. Las aficiones de México y Ecuador serán investigadas por realizar cánticos discriminatorios durante los primeros partidos de sus equipos en la fase de grupos. Según recogió El País, la afición azteca no realizó el recordado grito al momento de que el portero rival despeja, pero sí entonó melodías discriminatorias: "¡El que no salte es un polaco maricón!".

Por su parte, a la parcialidad ecuatoriana se le acusa de montar cánticos homofóbicos en contra Chile, según CNN, país con el que han rivalizado en los últimos meses luego la polémica que provocó la alineación de Byron Castillo en partidos eliminatorios (los andinos apelaron, pero Ecuador pudo participar en la Copa del Mundo). Y a ver, hay que ir por parte para que todo quede claro: sí, es reprobable. Ambos. Si lo mismo se dijo sobre las porras argentinas en las calles de Doha, hay que mantener la métrica.

El asunto es, otra vez, la doble moral con la que actúa la FIFA, que ya parece un chiste viejo. Hacen todo por contradecirse. Bien, les importa que no se discrimine a los homosexuales a través de expresiones en los estadios. ¿Y entonces por qué no dejan que las selecciones salgan con el brazalete arcoíris? ¿Y por qué le negaron a Bélgica la opción de mostrar la palabra "Love" en su escudo?

Dice la FIFA, y dicen sus defensores, que todos los mensajes políticos están prohibidos en el campo de futbol. La tibieza como norma: no hablemos de las cosas que importan, aunque una Copa del Mundo sea un escenario inmejorable para poner de manifiesto todos los problemas que el futbol puede ayudar a combatir (que no, que nada se resolverá por lo que pase en una cancha, ya lo sabemos, genios). Si Alemania sale con la boca tapada, aludiendo directamente a la censura del poder; si Australia pide que Qatar deje a sus habitantes amar a quien quieran amar; si Dinamarca alza la voz por los derechos humanos; ¿por qué la FIFA se empeña en dibujar una caricatura en la que todo es maravilloso?

Hablábamos hace unos días de la disonancia cognitiva, citando a Enric González, y cómo hacemos lo contrario a lo que pensamos: ver el Mundial a sabiendas de el reguero de sangre que hubo. La FIFA se mueve en la misma dirección: promueven dos Copas del Mundo al hilo en países homofóbicos y, al mismo tiempo (¡al mismo tiempo!), sancionan cánticos homofóbicos. ¿A qué juegan el señor Infantino y su corte?

Desde Brasil 2014, el grito homofóbico de los fans mexicanos escandalizó a la esfera privilegiada de la FIFA. Eso no se podía gritar en un estadio. Hubo muchos que defendieron aquello: decían que formaba parte de la cultura popular mexicana. Incluso de ese matiz folclórico estuvieron revestidos los primeros argumentos de la Federación para abogar por sus aficionados. Luego, con las sanciones encima, ya no hubo remedio alguno: cambiar el discurso (aunque siempre haya estado claro que sí era un grito discriminatorio) y evitar jalones de oreja.

Y lo de la Federación Mexicana podría servir como ejemplo de algo más grande. Sí, solo aceptaron que eran parte del problema al matizar un discurso violento cuando vieron los problemas reales encima. ¿Y qué es la FIFA sino una Federación como la mexicana pero reinante en todo el mundo? ¿Y si Alemania, Dinamarca, Bélgica y Australia decidían no salir a jugar? Sí, los invito a soñar por un momento: no se juega hasta que en todo Qatar haya garantías individuales y derechos civiles plenos para todos los habitantes.

¿Qué iba a hacer la FIFA? ¿Seguir creyendo que ostentan el poder absoluto? Porque parece que ellos deciden no solo lo que está bien y lo que está mal: deciden cuándo están bien y cuándo está mal, y también dónde sí y dónde no. Dijo el abogado Infantino que ha habido avances en Qatar y que nadie lo reconoce. Lo que faltaba: hay que aplaudirle a la FIFA y al emirato por ser tan humanitarios. "Son semiesclavistas, pero podrían ser esclavistas", pareció ser el discurso oficial.

De los fans mexicanos se sabe que los momentos de bochorno no van a faltar. Ya cuatro personas requirieron el apoyo de la cancillería mexicana tan sólo después del primer partido. Y lo que nos falta. Pero el centro neurálgico del problema viene de otro lado, desde la cima piramidal. La FIFA ya no es que no predique con el ejemplo (nunca lo ha hecho, ni lo hará), sino que va por ahí con una guía moral distinta en cada mano. Y lo peor: caminan así por todo el mundo sin el menor sentido de la pena.

Sus mejillas solamente se enrojecen cuando una selección pretender salir con un brazalete multicolor y cuando una afición discrimina en los estadios. Su nariz empieza y termina en la moralidad ajena. Pero no todo está dicho. Entre más hipócritas sean, más se exhiben ante el mundo entero y, sobre todo, ante los verdaderos y únicos dueños del balón, que ya empiezan a cansarse de ser marionetas. Todavía han hecho poco los jugadores, sí, pero la irritación ya no es disimulada.

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