La fabricación del arma secreta de Hitler, un infierno para los deportados

Por Renaud LAVERGNE
Un cohete V2, el arma secreta de Hitler, dividido en sus dos partes en el Centro de Historia y de Memoria de La Coupole, en Helfaut, el 26 de abril de 2017

En los túneles de Dora, en la antigua RDA, casi 9.000 miembros de la resistencia francesa vivieron un calvario fabricando un arma secreta de Hitler, el cohete V2.

Un "infierno" que los historiadores quieren plasmar en una enciclopedia para que no caiga en el olvido.

Antes de 2020, el Centro de Historia y de Memoria de la Coupole, en el norte de Francia, contará la vida de estos combatientes, de los que 4.500 murieron en la fábrica de 'Mittelbau-Dora'. Es un índice de mortalidad bastante superior al de otros campos de concentración.

El objetivo de los nazis era disparar el V2 desde un inmenso búnker con dirección a Londres, ciudad a la que se supone debía llegar en cinco minutos.

Los bombardeos contra el búnker, el desembarco de los Aliados en 1944 en Normandía y la falta de tiempo para terminar las obras lo impidieron.

Los mandos alemanes de entonces renunciaron a construir plataformas de lanzamiento fortificadas y optaron por usar batallones de disparo móviles. Más de 3.000 V2 fueron lanzados hasta el final de la guerra, de los cuales la mitad contra el Reino Unido.

"Pero ¿cómo se puede querer destruir un país?", se pregunta Georges Jouanin. A sus 94 años, su memoria sigue intacta: "En Dora, viví un infierno. Dormíamos en armazones de cama infestados de piojos y trabajábamos 18 horas diarias para perforar la roca. Veíamos morir a nuestros compañeros. Trabajos forzados..."

A Jouanin lo deportaron a Buchenwald en diciembre de 1943, tras ser detenido por la Gestapo en París. Dos meses después lo trasladaron al Kommando de Dora.

Allí, en dos túneles de 2 km de largo, los nazis emprendieron a marchas forzadas la creación de una fábrica subterránea, oculta para la aviación aliada. Tomaba el relevo de la de Peenemünde, en el mar Báltico, que había sido bombardeada.

- Una tortura -

Más de un tercio de los 60.000 internados -en su mayoría rusos- murieron por las condiciones de trabajo, relata Laurent Thiery, un historiador encargado, junto con una veintena de colegas, de "poner cara" a estos desaparecidos.

Cada uno tendrá su reseña biográfica, con su trayectoria profesional, familiar, política, militante y sobre las condiciones de su deportación y de su muerte. Se hará gracias a información facilitada por familiares y por asociaciones.

La familia de Jean Gineston ha contribuido al proyecto. Este cristiano resistente es un superviviente de Dora-Ellrich y del campo de concentración de Bergen-Belsen. Cuando fue repatriado en 1945 pesaba 38 kilos.

Tras su muerte en 2009, su hija Marie-Christine encontró documentación en su oficina y, junto con su hermana, decidió entregársela a La Coupole.

La obra no se limitará a ser un diccionario, sino que incluirá documentos de expertos sobre varias temáticas de investigación.

En el monumento conmemorativo de Dora, este trabajo de búsqueda suscita "un interés tremendo", explica su responsable Regina Heubaum, porque será "una fuente excepcional, sobre todo para las familias de franceses que, 72 años después, vienen aquí regularmente en busca de información sobre sus parientes".

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