La epidemia de coronavirus en EEUU sería más grave de lo que muestran las estadísticas

Es claro que la cantidad de casos registrados de coronavirus en Estados Unidos y en gran parte del mundo crece de modo constante y ominoso, y esas cifras no representan la cantidad real de personas infectadas.

Eso se debe en parte por limitaciones en la capacidad de realizar pruebas de diagnóstico, como la que se ha experimentado y siguen sucediendo en Estados Unidos, como porque muchas personas no presentan síntomas severos, o incluso son asintomáticos, y por ello no llegan siquiera a hacerse la prueba aunque sí son factores de contagio.

Una multitud de personas hace fila frente al Hospital Elmhurst de New York para hacerse la prueba de diagnóstico de coronavirus y recibir atención. La epidemia de Covid-19 en Nueva York es la mayor de EEUU y mayor que la de muchos países. (Getty Images)

Y, de acuerdo a expertos, el número de muertes de Covid-19 registradas también sería menor que la cifra real de fallecimientos por el coronavirus, al menos en algunos lugares.

Ello sugiere que la epidemia sería, en lo específico de Estados Unidos y posiblemente en otros países, mucho más grave de lo que muestran las estadísticas. Eso considerando que las cifras son ya en sí perturbadoras.

Estados Unidos con más de 83,500 casos registrados es el país con más casos del mundo, incluida China, y ello se debe en parte a que se han hecho muchas  más diagnósticos que antes y, sobre todo, porque la cantidad de contagiados es ingente. El número real es incierto pero es presumiblemente muchas veces mayor.

Y eso podría ser también el caso en el número de fallecimientos. De acuerdo a testimonios de  médicos en California citados por BuzzFeed News, se sospecha que muchas muertes en hospitales no habrían sido aún contabilizadas. Médicos dicen que las muertes que ellos atestiguan son más numerosas que las cifras oficiales al respecto.

Eso puede deberse, señala, a retrasos en el procesamiento de las estadísticas y a que los resultados de pruebas de coronavirus tardan en llegar y  algunos pacientes fallecen antes de que se confirme oficialmente si tenían Covid-10.

Y médicos temen que a muchas personas fallecidas simplemente no se les hizo la prueba, ni antes ni después de morir.

“Simplemente no sabemos. El número de muertes está severamente infrarreportado. Lo sé por el hecho de que nosotros hemos tenido tres muertes en un condado donde solo una está reportada en el website”, dijo un médico a BuzzFeed News.

Un equipo de médicos y profesionales de salud realizan una prueba de Covid-19 a un paciente en el Hospital St. Barnabas en Nueva York. (Getty Images)

Esto se debe también a que en Nueva York y Los Ángeles, por ejemplo, ante la carestía de pruebas de diagnóstico, se ha indicado a médicos que no le hagan la prueba a un paciente salvo que el resultado de la prueba modifique el tipo de tratamiento que requiere.

Así, muchas personas estarían siendo hospitalizadas y tratadas por males respiratorios sin haber sido formalmente diagnosticadas por coronavirus. Sus casos, y sus fallecimientos, de entrada no se añaden así a la estadística oficial de Covid-19.

Aunque Estados Unidos tiene ya más casos de la epidemia que ningún otro país, la cifra de fallecidos es sustancialmente menor: con más de 83,500 casos registra poco más de 1,200 muertes al momento de escribir esas líneas. Eso equivale a una mortalidad del orden del 1.43%. Italia, en comparación, con 80,500 casos ha sufrido  más de 8,200 muertes, una mortalidad de más del 10%. China, también con más de 80,000 casos, ha sumado unos 3,300 fallecidos, cerca del 4% del total.

La estremecedora situación de Italia se explica en parte por el hecho de que su población es más vieja que la de otros países (siendo los ancianos personas en alto riesgo) pero también a que los casos se han concentrado severamente en algunas regiones, causando el colapso del sistema hospitalario local. Muchas personas que en otras condiciones habrían sobrevivido mueren allí.

Y si podría suceder en otras partes, incluido en Estados Unidos. Aunque en la ciudad de Nueva York, donde los datos señalan actualmente 23,112 casos y 365 fallecidos con una tasa de muertes de 1.57%, algo mayor que la tasa nacional, el ritmo de contagio es allí rápido y la cantidad de hospitalizaciones se eleva. El riesgo de que los hospitales queden saturados y la mortalidad crezca aún más allí es notorio.

Y en Nueva Orleans, por ejemplo, donde se da un alza vertiginosa de casos, los enfermos diagnosticados suman 997 con 46 muertes, una tasa del 4.6%. Y la epidemia está en Estados Unidos aún en sus fases iniciales.

Una estadística clave que actualmente está cubierta de inciertidumbre es cuál es la proporción de personas contagiadas pero asintomáticas, pues ello tiene una relación directa con la expansión del contagio.

SI los casos se elevan, como es previsible, y no se contiene la velocidad de su crecimiento, los hospitales podrían entrar en crisis (la insuficiencia de ventiladores, camas de cuidado intensivo e incluso de insumos básicos es ya patente en muchas regiones), la tasa de mortalidad también podría elevarse y cobrar una cuota aún más devastadora.

Ello considerando, como se ha dicho, que las cifras oficiales de contagiados y de fallecidos en realidad estarían debajo de la realidad, sobre todo en el ámbito de los casos registrados.

Una calle vacía en Nueva Orleans, donde hasta hace poco había muy pocos casos de coronavirus y hoy tiene la tasa de crecimiento de casos y de fallecimientos más alta de EEUU. (Reuters)

Todo ello sugiere que habría más enfermos y más muertos por el coronavirus que las estadísticas indican, tanto en los lugares donde la crisis es más aguda como en sitios donde la situación aún no es severa pero podría tener ya una considerable cantidad de infectados, que podrían enfermar en unos días y están ya esparciendo el coronavirus.

Por ello, suponer que en unas semanas se puedan relajar las medidas de distanciamiento social y suspensión de actividades es ilusorio y peligroso. Eso no sería posible en las áreas de Estados Unidos donde hay gran actividad de la epidemia y los casos y los fallecimientos siguen al alza y con una elevada tasa de crecimiento. Y tampoco sería conveniente en áreas con pocos casos, pues sin restricciones a la actividad y al movimiento fácilmente el coronavirus llegaría y se cebaría en esas zonas donde la actividad social no se limitó o se relajaron las restricciones prematuramente.

Para la enorme mayoría de los expertos, aminorar las presentes restricciones solo será posible cuando la curva de casos se aplane significativamente, es decir, cuando la incidencia de nuevos casos se reduzca y se esparza en un lapso mucho mayor de tiempo. Pero actualmente ni siquiera habría una “curva” capaz de aplanarse pues la gráfica permanece mayormente recta con una clara pendiente vertical.

Mantener el rigor del distanciamiento social y de la suspensión de actividades no esenciales hasta que las cifras y el criterio científico (no los deseos o los intereses) indiquen lo contrario es un imperativo en materia de salud pública.