La dulce civilidad entre Michelle Obama y George Bush y los amargos reproches al respecto

La anécdota es curiosa: el expresidente George W. Bush recibió de su esposa Laura un caramelo contra la resequedad de la garganta y se lo dio a Michelle Obama durante el funeral del senador John McCain, hace algunas semanas. Flanqueando a ese trío, todos sentados en el lugar de la ceremonia fúnebre, estaban los también expresidentes Barack Obama y Bill Clinton.

El expresidente George W. Bush, la exprimera dama Michelle Obama y su esposo, el expresidente Barack Obama, mantienen una relación de amistad más allá de sus diferencias políticas. (Getty Images)
El expresidente George W. Bush, la exprimera dama Michelle Obama y su esposo, el expresidente Barack Obama, mantienen una relación de amistad más allá de sus diferencias políticas. (Getty Images)

Por un tiempo existió la incógnita de qué le dio Bush a Obama, y la situación fue muy comentada como una muestra de espontánea confianza entre personas políticamente opuestas pero que compartieron la rara oportunidad de vivir en la Casa Blanca.

Esa civilidad ha recibido reconocimientos y críticas por igual.

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Por un lado, algunos han alabado la buena voluntad y mutua consideración que existe entre los Bush y los Obama, al margen de sus diferencias políticas y sus antagonismos pasados.

Otros le han reprochado a Michelle Obama mantener una amistad con Bush y alegan que él es un “criminal de guerra” (en alusión a la invasión de Irak, la falacia con la que se justificó y las violaciones de derechos humanos que en ella se perpetraron), dejó que se desatara la pasada gran recesión y promovió la ratificación de Brett Kavanaugh a la Corte Suprema, pese a las acusaciones de agresión sexual y temperamento impropio que pesaron sobre él.

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Y ciertamente muchas de las decisiones y actitudes del expresidente Bush fueron severamente criticadas, en su tiempo y en la actualidad, por sus aristas ominosas. Otros tienen, en contrapartida, críticas hacia la ex primera dama y a su esposo que los igualan con sus antecesores.

Y hay quienes punzantemente señalan que exaltar las actitudes y acciones de los expresidentes y sus esposas acaba propiciando que se toleren u olviden las injusticias y errores que en sus respectivas administraciones se cometieron.

Con todo, muchos destacan la civilidad que existe entre ellos, una virtud entre rivales políticos que, en el actual clima de crispación y polarización, parece muy escasa, incluso perdida. Y qué decir del aprecio mutuo y la disponibilidad al humor entre personas que, pese a sus diferencias ideológicas y antecedentes controversiales, mantienen comunicación y hasta dulzura mientras en paralelo, valga la metáfora, arde Roma, o Washington.

Al respecto, Michelle Obama reveló al programa Today dos peculiaridades de su relación con Bush: con humor dijo que el expresidente es su “cómplice en cada gran evento en el que se reúnen todos los ‘ex’ [mandatarios]. Así que estamos juntos todo el tiempo”. Por protocolo, explicó Obama, a ella le toca siempre sentarse junto Bush. Pero su afecto iría más allá del formalismo pues ella comentó que “quiere hasta la muerte” al antecesor de su esposo en la Casa Blanca y que “él es un hombre maravilloso, un hombre muy chistoso”.

Y, para cerrar, confesó que el dulce contra la tos que él le dio, proveniente del bolso de la exprimera dama Laura Bush, en realidad era muy viejo. Quizá incluso estaba rancio, dirán algunos. Todo eso suscita imaginar, proyectándose hacia el futuro, si tal interacción sencilla y amable sería posible entre los Obama y los Trump, o incluso entre los Bush y los actuales ocupantes de la Casa Blanca.

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Esa civilidad quizá esté hoy tan rancia como el susodicho dulce. Pero, si es que llega a suceder, algunos proponen que se dé en una sesión conjunta de golf.

Sigue a Jesús Del Toro en Twitter: @JesusDelToro