La deuda verde, de la voluntad política al torbellino de los mercados

Por Angélina BOULESTEIX
Dos árboles frente al pico montañoso del Zugspitze, el 27 de octubre de 2019 en Grainau, al sur de Alemania

Fuente importante de financiamiento de los proyectos medioambientales, la deuda "verde" nace de una voluntad política o estratégica fuerte y es objeto de un cuidado especial antes de la etapa clave de su encuentro con el mercado.

¿Cómo funciona una deuda verde?

"Un bono es un reconocimiento de deuda, negociable en el mercado de la deuda", contrariamente a un crédito que implica únicamente al prestatario y a su banco, recuerda Frédéric Gabizon, responsable del mercado de bonos de HSBC France.

Un bono verde, ya sea emitido por un Estado, una organización internacional o una empresa, tiene "dos características suplementarias": sólo puede financiar inversiones verdes y es evaluada a posteriori.

Actualmente, la deuda verde respresenta 660.000 millones de dólares, es decir, menos del 1% del mercado global de la deuda, afirma Stéphane Marciel, responsable de bonos sostenibles de Société Générale CIB.

Voluntad política o estratégica

Emitir un préstamo verde es una opción política o estratégica importante, que hace muy relevante la comunicación sobre el proyecto.

"Es una voluntad que viene desde arriba y que luego es aplicada por los equipos técnicos", resume Julien Brune, corresponsable del servicio de asesoramiento y estructuración de deuda de SG CIB.

Los pioneros

Los primeros préstamos verdes fueron realizados en 2008 por el Banco Mundial y el Banco Europeo de Inversiones.

En el caso de los Estados, la emisión por parte de Francia de 7.000 millones de euros en enero de 2017 sirve de patrón por su importe, sus características técnicas y su compromiso de elaborar un informe de impacto.

"Nuestro objetivo era demostrar que los mercados de capitales podían ayudar a los Estados a financiar la transición energética. La operación fue bien recibida por los mercados y otros países nos siguieron", afirma Anthony Requin, director general de la Agencia France Trésor (AFT).

Un trabajo de poda

Una vez tomada la decisión, "ahí es donde entramos en juego para reconciliar la utopía en el sentido primario del término y lo real", explica Requin.

"Hemos reunido los ministerios y las admministraciones competentes para pasar al tamizado los gastos del presupuesto del Estado e identificar los que podrían calificarse indiscutiblemente de verdes", dice.

Un crédito fiscal para el aislamiento de las viviendas o financiamientos para preservar la biodiversidad formaban parte de los gastos previstos.

"Hoy, alrededor de las tres cuartas partes de los bonos verdes financian proyectos en energía, la construcción y el transporte con bajo nivel de carbono", observa Noémie de la Gorce, analista de Finanzas Sostenibles, S&P Global Ratings.

Giras de promoción

Los Estados y las empresas construyen luego técnicamente la operación con la ayuda de un banco.

No existe una regulación internacional la deuda ecológica, pero se han elaborado principios fundamentales bajo los auspicios de la Asociación Internacional de Mercados de Capital (ICMA).

Una práctica cada vez más extendida es recurrir a un órgano independiente para llevar a cabo una revisión externa.

Cuando la operación está lista, hay que convencer a los inversores en "roadshows" (giras de promoción).

El gran baño de los mercados

El día D de la emisión en el mercado, el prestatario, asistido por varios bancos, abre un "libro de órdenes" en el que los inversores inscriben lo que desean comprar, antes de que se establezcan las condiciones finales y se distribuyan los títulos.

El apetito por lo verde es tal que "las condiciones para el prestatario son al menos tan competitivas como una operación clásica", señala Brune.

La prueba de la realidad

El prestarario publicará un informe sobre la utilización de los fondos, por lo general dentro del año siguiente a la operación.

Preocupado de ir "un paso más allá", según Requin, Francia decidió agregar un informe de impacto eleborado con un consejo de nueve experto internacionales.

Según un estudio publicado en noviembre de 2018, la deuda ecológica emitida por Fancia, que representa actualmente más de 20.000 millones de euros, permitió la renovación energética de 75.000 viviendas por año en 2015 y 2016.