La derecha necesita a ETA en campaña

Tras indicar que Cs en Errenteria tiene 300 votos y “esa es su realidad”,Mendoza ha manifestado que no cree “que vengan a buscar votos sino a buscarlos por debajo del Ebro”. EFE

La imagen social y política de este fin de semana en Euskadi ha sido lamentable. Que Vox y Ciudadanos (Cs) hayan tenido que ser escoltados por la Ertzaintza para poder celebrar sus mítines de campaña es muy triste. Negar la libertad de expresión es retroceder a tiempos pretéritos en un claro atraso de la sociedad. Pero tampoco es mucho más meritorio el motivo por el que ambos partidos se han dejado pasar por allí este fin de semana. Buscar la imagen de bronca y aparecer víctimas para arañar nuevos votos. ¿En el País Vasco? No, en el resto de España, pero eso no lo cuentan.

No hay más que ver los sondeos, Ni Albert Rivera ni Santiago Abascal pescarán escaño alguno en las tres provincias vascas. Como tampoco lo hicieron en 2016. Sus proyecciones de intención de voto apenas superan el 3% en el caso de Cs y el 0,8 en el caso de Vox. Eso no les invalida para celebrar mítines donde quieran, pero qué dirían ambos si el PNV hiciera campaña para las europeas en Sevilla, o si Bildu hiciera lo propio en Toledo.

Porque ninguno de los mensajes que Rivera o Abascal realizaron en San Sebastián, Bilbao o Vitoria eran para quienes los escuchaban desde el patio de butacas. Ni siquiera para los votantes vascos en general. El mensaje era para quienes los siguieron a través de las piezas que abrieron casi todos los informativos. La confrontación es lo que les hace fuertes y, ahora que la Paz en Euskadi es un proceso irreversible, hay que buscarla por cualquier forma. 

Así que entre pitos, amenazas y protestas, Rivera no tardó ni cinco minutos en soltar la soflama que ya traía preparada de casa: “Euskadi no es vuestro, sino de todos los ­españoles, como Cataluña tampoco es de Puigdemont Torra“.  Un 2×1 en toda regla.

Lo mismo que el PP, cuyo líder Pablo Casado sigue mencionando a ETA en cada uno de sus actos. La pasada semana señaló que “Sánchez prefiere manos manchadas de sangre a manos pintadas de blanco”, y este mismo fin de semana ha pedido a los asistentes a un mitin en Galicia que por un minuto imaginaran que son “los asesinados por ETA”. “Esos etarras, esos herederos de Batasuna, son los que ahora dicen que ha merecido la pena, que nunca habían mandado tanto en España, que Sánchez tiene que llamarles por teléfono para rogarles que aprueben sus reales decretos”, señaló.

En realidad, la vuelta de ETA a la campaña 10 años después de su último atentado se debe a que es la forma que entienden PP, Cs y Vox de demostrar cuán de derechas son. No es casualidad que esté ocurriendo al tiempo en el que el juicio del ‘procés’ pierde fuelle y las principales solicitudes de pena se tambalean por la fragilidad de las acusaciones.

Además, los sondeos dicen que el PSOE igual ni siquiera necesitaría de los independentistas catalanes para formar Gobierno, pero a la derecha no le importa. Porque no salen a ganar estas elecciones, sino que simplemente se están mirando a sí mismos en el espejo para ver quién es el “más demócrata” y el líder real de la derecha. Casado, Rivera o Vox, hoy por hoy, solamente pugnan por liderar la oposición. Y ya podemos aventurarnos a adivinar cuál será una de las palabras más pronunciadas de la próxima legislatura: “traidor”. Porque entre ETA, el ‘procés’ y la memoria histórica, hay más acusaciones de traición que propuestas en positivo por mejorar la situación del país. Es, en definitiva, el discurso del miedo. Así lo resumió la secretaria general del PSE-EE, Idoia Mendia:  encuentran “alimento” en “otros extremistas”.