La curiosa estrategia de caza de las hormigas coleccionistas de cráneos

Una hormiga recolectora de cráneos rodeada de los restos de sus presas, hormigas mucho mayores que ella. Crédito: Adrian Smith

Hace sesenta años, un grupo de investigadores encontraron algo muy curioso: un hormiguero decorado con restos desmembrados de otras hormigas. Especialmente “cráneos” de una hormiga conocida por su fuerza y su potencia, las hormigas mandíbula de trampa (Odontomachus sp.).

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Resultaba curioso porque no se sabía de qué especie eran los hormigueros, y porque las hormigas mandíbula de trampa no resultan precisamente fáciles de cazar. Pero el descubrimiento quedó en poco más que una anécdota, y se asumió que simplemente el hormiguero tenía nuevos inquilinos.

Que las hormigas mandíbula de trampa habían muerto, y otra especie había ocupado su nido.

Hasta que otro equipo de investigación decidió tirar del hilo y tratar de descubrir qué pasaba realmente. Observaron con cuidado la situación y pudieron determinar que no había nuevos inquilinos, si no que el hormiguero pertenecía a la nueva especie, a la que han dado el nombre vulgar de hormiga recolectora de cráneos (Formica archboldi).

Lo curioso es la estrategia que emplean estas hormigas para cazar. Porque sigue sin ser fácil atrapar a una hormiga con poderosas mandíbulas, acostumbrada a cazar avispas y otros insectos igual de poderosos.

Las recolectoras de cráneo emplean una técnica química para cazar a sus presas. Lo que han hecho es imitar las feromonas de la hormiga mandíbula de trampa, las señales químicas que emplean para comunicarse. Cuando las encuentran, lanzan una nube de feromonas y la presa queda completamente inmovilizada.

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Una vez que la hormiga mandíbula de trampa ha quedado paralizada, la arrastran a la entrada del hormiguero y allí comienzan a desmembrarla. Aprovechan todo lo que pueden del cuerpo, y los restos los dejan a la vista para asegurarse de que otras hormigas no se van a acercar.

Esta estrategia, conocida como mimetismo químico, no es desconocida pero nunca se había visto un caso así. Aparece en parásitos, que lo usan para evitar ser reconocidos como algo extraño, pero nunca se había descrito como estrategia de caza. Esto ofrece una nueva perspectiva sobre la señalización química entre especies.

Y nos da una historia curiosa y macabra en el entorno natural.