La crisis de confianza en las vacunas que vive Europa

La llegada de las redes sociales ha tenido muchas consecuencias positivas como por ejemplo la posibilidad de mantener el contacto con gente que está lejos, pero también ha tenido efectos no deseados. Uno de los principales es la proliferación de noticias falsas, las famosas fake news, que se expanden rápidamente y que pueden influir sobremanera en las sociedades. Es el principal argumento que utilizan los expertos para intentar explicar la crisis de confianza que viven las vacunas en Europa.

Los datos acaban de ser publicados y no dejan lugar a dudas. Solo el 59% de los ciudadanos de Europa Occidental y el 50% de los de Europa del Este piensan que las vacunas son seguras. Unas cifras muy bajas que contrastan con las del resto del mundo (un 95% en Sudeste Asiático, un 72% en Norteamérica o un 77% de media en el mundo).

Un niño recibe una vacuna (AP Photo/Paul Vernon)

La encuesta ha sido realizada por Wellcome Global Monitor, que ha analizado la actitud de 140.000 personas en el planeta hacia la ciencia. La principal conclusión es que en el Viejo Continente hay muchas dudas sobre su necesidad, pese a que todos los expertos las recomiendan como la mejor forma de prevención de enfermedades graves.

El estudio también ha encontrado que la confianza en las vacunas depende en buena medida de la seguridad que se tiene en médicos, enfermeros y científicos y que la desconfianza está muy relacionada con dudas sobre las instituciones gubernamentales. En este sentido, juegan un papel muy importante las redes sociales, tal y como se ha comentado anteriormente.

Y es que los científicos se quejan de la dificultad para combatir la propagación de información errónea sobre vacunas porque normalmente no es pública, sino que la comparten los usuarios en sus redes privadas, ya se a través de grupos en Facebook u otros foros a los que no se tiene acceso. Así, proliferan noticias falsas y comentarios que pueden plantear un riesgo importante para la salud.

Las consecuencias ya se empiezan a ver, con la extensión de varios brotes de sarampión en el continente en los últimos meses, alentados por el rechazo a la vacuna. Aún así, los investigadores aseguran que los peores efectos de estas informaciones erróneas aparecen con el paso del tiempo y recuerdan el caso de Andrew Wakefield en 1998.

La triple vacuna de sarampión, rubéola y paperas (AP Photo/Elaine Thompson, File)

El científico publicó un artículo en el que relacionaba la vacuna de sarampión, rubéola y paperas con el autismo. Pese a que fue totalmente desacreditado, cinco años después fue el momento de mayor duda en el consumo de esta vacuna por parte de los ciudadanos.

El informe también da otra explicación a esta crisis de las vacunas en Europa y es que los buenos sistemas sanitarios del continente hacen que sus habitantes no estén tan en contacto con enfermedades peligrosas como difteria o sarampión, por lo que se olvida el duro impacto que pueden tener en las sociedades. En otros lugares, en los que las sufren a menudo, la aceptación de las vacunas es mucho más elevada.

El escepticismo francés

En este tema, Francia merece una mención especial porque es uno de los países que más escépticos se muestra sobre la seguridad de las vacunas. Solo un 47% cree que lo son. Todos los expertos señalan que estos números obedecen a la desconfianza que sienten los franceses hacia sus gobernantes por algunas malas experiencias en el pasado.

En torno al año 2000, casi el 90% confiaban en las vacunas, pero varios escándalos de las farmacéuticas cambiaron esta percepción. En 2009 se vivió una situación insólita cuando el Gobierno encargó numerosas dosis contra la gripe porcina, pero solo un 10% de los ciudadanos se vacunaron ante el temor social de posibles efectos secundarios. La ciudadanía consideraba que el pedido era demasiado grande y se planteaba dudas sobre posibles intereses financieros ocultos.

Manifestación en Francia contra el desarrollo de la vacuna contra la hepatitis C (PATRICK KOVARIK/AFP/Getty Images)

Aún así, el país ha reaccionado ante las bajas tasas de vacunación y desde hace unos meses obliga a todos los niños a tener puestas once vacunas (antes eran tres) para acceder a cualquier guardería o colegio.

La otra cara de la moneda son Bangladés y Ruanda, los dos países que más confían en las vacunas en todo el mundo. España por su parte tiene unos datos muy diferentes a los del resto del continente europeo. Los españoles que creen que las vacunas son seguras son el 80%, una cifra que supera incluso la media mundial y que supone más de un 30% sobre los franceses.