La comida de bebés tiene niveles ilegales de arsénico

Por T.K. Naliaka (Trabajo propio) [CC BY-SA 4.0]
Por T.K. Naliaka (Trabajo propio) [CC BY-SA 4.0]

Si a cualquier de nosotros nos ofrecen nuestra comida con una dosis de arsénico, diremos que no. Más que nada, porque se trata de un veneno – aunque es menos peligroso de lo que suena – y a nadie le apetece tomar veneno. Por eso resulta tan preocupante el resultado de un estudio reciente: los preparados de comida para bebés contienen niveles de arsénico superiores al límite legal.

Antes de seguir, haremos una aclaración que probablemente sea innecesaria: nadie le echa arsénico a la comida de bebés. El problema está en que uno de los ingredientes principales y más comunes en estos alimentos es el arroz, que acumula arsénico durante su cultivo. Y de ahí termina en nuestros alimentos, no sólo en los infantiles.

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Pero, ¿es tan peligroso el arsénico? Es decir, si está en el arroz que forma parte de la dieta de millones de personas en el planeta, no será para tanto. ¿O sí? Aquí el factor clave es la edad de la persona que lo consuma. Los bebés, al estar en fase de desarrollo rápido, se ven mucho más afectados que un adulto. Y las consecuencias van desde problemas en el sistema inmune hasta afecciones neuronales, que se traducen en pequeños retrasos mentales.

De hecho, este es el motivo por el que las administraciones pusieron límites al contenido de arsénico en los alimentos preparados, especialmente los de bebés. Y el objetivo del estudio era comprobar si se cumplía.

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Para ello seleccionaron bebés con una dieta basada en preparados de los conocidos como “leches de sustitución” y otros que se alimentaban de leche materna. Comprobaron los niveles de arsénico en orina, y de ahí sacaron la primera conclusión: los niños que toman preparados industriales toman mucho más arsénico que aquellos que sólo maman. Por encima del límite legal.

Si la cosa quedase ahí, sería preocupante. Pero el siguiente paso del estudio fue analizar la misma variable, el consumo de arsénico, en los momentos posteriores al destete. Ahí la cosa se iguala – obviamente – pero sigue la misma tendencia. Los infantes consumen más arsénico del que legalmente deberían.

Y con estos datos, hay dos noticias. Como suele ocurrir, una buena y una mala. La mala es que el arroz es un ingrediente ubicuo y casi imprescindible en la industria alimentaria, y más en la de los niños. Es barato y fácil de obtener, y está especialmente recomendado cuando hay restricciones nutricionales – intolerancias a los lácteos o al gluten, por ejemplo – al ser hipoalergénico. Está y seguirá estando, en resumidas cuentas.

La buena noticia, y sorprendente, es que eliminar el arsénico del arroz es sencillo y barato. Basta con filtrar con percolación, un proceso que elimina el 85% del arsénico haciendo que sea mucho más seguro. Pero no se hace, esperemos que tras la publicación de este estudio se convierta en práctica habitual.

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