La ciudad del cura asesinado por yihadistas quiere "resistir" contra el racismo

Por Béatrice LE BOHEC
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Dos jóvenes contemplan el 27 de julio de 2016 las flores depositadas en honor al cura Jacques Hamel, asesinado la víspera, frente a la iglesia de Saint Etienne du Rouvray, en el norte de Francia

Sentado en la iglesia donde unos yihadistas asesinaron al padre Hamel el año pasado, Bernard Auvray lo tiene claro. En las elecciones francesas del domingo, votará a la izquierda radical como lo habría hecho el cura francés comprometido contra "el racismo".

El 26 de julio de 2016, dos individuos de 19 años mataron a Jacques Hamel, de 85 años, mientras oficiaba una misa en Saint Etienne du Rouvray, una localidad de casi 30.000 habitantes situada en el noroeste de Francia. Uno de los autores del ataque vivía en la ciudad.

El atentado perpetrado en la iglesia, el primero de este tipo en Europa, conmocionó a un país traumatizado por los ataques islamistas que causaron 238 muertos en los dos últimos años.

Dos días después de que Francia desbaratara un nuevo proyecto de atentado, los habitantes de esta ciudad popular y cosmopolita, comunista desde 1959, afirman que el ataque contra el padre Hamel los impactó, pero no cambió sus ideas políticas.

Su prioridad en las elecciones del domingo es elegir a una persona capaz de enderezar un país con un paro endémico del 10%.

"Lo que más indignaba al padre Hamel era el racismo, la pobreza, la falta de amor entre los humanos (...) Voy a votar a Jean-Luc Melenchon [candidato izquierdista] por su discurso cercano al mundo obrero", asegura Bernard Auvray, un jubilado de 72 años que militaba junto al cura asesinado en un grupo de acción católico y obrero.

"Aquí están todas las religiones, todas las culturas. Somos una comunidad bastante solidaria, todos hemos sufrido una tragedia. No ha cambiado mi postura sobre mi voto", dice Linda Royer, de 39 años, en un bar del centro de la ciudad.

Esta habitante, que acaba de perder su empleo en una empresa de logística, espera de los candidatos que "no se llenen los bolsillos dada la coyuntura actual".

Dos de ellos, la líder del ultraderechista Frente Nacional, Marine Le Pen -a la que los sondeos sitúan en la segunda vuelta de las elecciones-, y el conservador François Fillon son objeto de investigaciones sobre presuntos empleos ficticios.

- Mensaje de paz -

"Si el corazón aguanta, la razón es fuerte y los habitantes demuestran su resistencia", declara el alcalde, Hubert Wulfranc.

A este comunista de 60 años le convence sobre todo el mensaje de paz defendido por Melenchon. El candidato de izquierdas, que ha subido mucho en los sondeos últimamente, defiende además medidas de corte social con un mayor reparto de las riquezas.

"Aquí veo cada mes cómo aumenta la precariedad, se nota en las caras, en la ropa... Es una desesperanza que se acumula. Marine Le Pen quiere arrastrar hacia abajo a una parte de nuestros conciudadanos. Pero la cólera manipulada empieza a ser sustituida por la cólera razonada: una cólera construida mirando hacia arriba, hacia quienes se aprovecharon de la crisis", declara.

En la mezquita Yahya, Hamadi Ladkar asegura que también busca a un candidato que mejore la vida. "Hay muchos que van hacia el Frente Nacional solamente por (las propuestas contra) los inmigrantes, pero yo busco a alguien que guíe a Francia para levantar el vuelo. Que encontremos trabajo, como antes".

Según distintos sondeos, el desempleo y el poder adquisitivo son los temas que más preocupan a los franceses, por delante del terrorismo y la seguridad.

En la primera vuelta de las elecciones de 2012, un 37% de los electores de la ciudad votaron al socialista François Hollande, y Melenchon y Le Pen llegaron en segundo y tercer puesto. Pero algunos vaticinan un ascenso de la candidata del Frente Nacional esta vez.

Para Auvray, en Saint Etienne du Rouvray "hay una tensión ligada al choque de culturas y al velo" de las musulmanas.

Olivier Alarson, un taxista de la ciudad, no oculta que votará a la extrema derecha por primera vez. "Cuando degollaron al cura, aquí había velas, corazoncitos, flores, ¡mientras que enfrente había degolladores! Eso no está bien, somos los Osos Amorosos. Cuando la gente se dé cuenta de lo que tenemos enfrente, será demasiado tarde", asegura este hombre de 45 años.

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