La cabezonería de PSOE y Podemos implosiona en La Rioja

Raquel Romero (Podemos) interviene en el Pleno de La Rioja ante la atenta mirada de Concha Andreu (PSOE) (Photo by Europa Press News/Europa Press via Getty Images )


Pedro Sánchez y Pablo Iglesias han protagonizado su propia versión del efecto mariposa como antesala de la 'teoría del caos' que se avecina en la investidura del primero.

Según el efecto mariposa, simplificándolo al máximo, el aleteo de un insecto en Hong Kong puede desatar una tempestad en Nueva York. En la práctica lo que ha ocurrido es que, las diferencias entre PSOE y Podemos en Madrid para la formación de Gobierno han estallado en La Rioja, donde lo que parecía una victoria inédita para la izquierda riojana y un gobierno casi seguro para el PSOE, se ha convertido en castillo de naipes a punto de caer antes de la votación.

La candidata del PSOE, Concha Andreu, que apenas necesitaba el voto de la única diputada de Podemos en el parlamento autonómico, Raquel Romero, para lograr la mayoría... se ha quedado con las ganas. Porque el movimiento de esta última ha sido exigir un cogobierno a cambio de su votos. Es decir, entrar en el Ejecutivo con consejerías. Concretamente en tres de las ocho que tendría el Gobierno riojano del cambio.

Unidos Podemos ha declarado que le parece poco botín a cambio de un voto. Obviamente se trata de una declaración difícil de sostener. Pero así lo están haciendo, porque lo que hay detrás es un hilo de intereses con el Gobierno central como campo de juego. Se puede interpretar como una venganza de Podemos por el desprecio del PSOE a nivel nacional, o como un ensayo de lo que está por venir en el Congreso de los Diputados.

La novedad aquí es que, además de romper con el PSOE, Podemos ha roto también con Izquierda Unida. De hecho, concurrieron a las elecciones autonómicas riojanas en coalición, y sacaron dos escaños. Pero la división se ha cerrado con un reparto salomónico. Un escaño para cada uno. A nivel nacional, entre ambas formaciones hay distanciamiento, pero no división. Alberto Garzón ya mostró su autonomía respecto de Pablo Iglesias el pasado mayo, cuando señaló que su partido acudiría a las negociaciones con sus propuestas y a partir de ahí ya se vería qué negociar. Queda por ver si se mantiene fiel la condición de exigir ministerios a cambio de dar sus votos al PSOE o si finalmente opta por un punto intermedio siempre y cuando se llegue a un acuerdo para derogar la reforma laboral, intervenir en el mercado de alquiler y bajar la factura luz.

Con todo ello, en el PSOE están entre enfadados y nerviosos. El cabreo es obvio, porque rozaban el Gobierno en La Rioja y están a punto de perderlo. Las dudas por saber si Podemos va a mantener el órdago y extenderlo a Madrid es lo que no les quita el sueño. A los socialistas no les llega la camisa al cuello.