La biodiversidad salva a la biodiversidad

Imagen de los campos de cultivo experimentales. Crédito: Jacob Miller

Que el clima de nuestro planeta está cambiando está fuera de cualquier duda. Los récords de temperaturas se superan de año en año, y no es raro ver noticias que nos hablan de “el mes más caluroso de la historia”. Sin embargo, aunque eso está claro no tenemos tanta seguridad sobre cómo va a afectar esto a la biodiversidad y los ecosistemas. Un artículo reciente trata de responder a esta pregunta.

Y no es una pregunta precisamente sencilla, aunque pueda parecerlo. Porque en los ecosistemas todo está conectado, y lo que pasa en ciertos niveles afecta a otros. Y lo que es más importante, el efecto de un nivel sobre otro afecta al primer nivel, en lo que se conoce como bucles de retroalimentación.

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Vamos a explicarlo con un ejemplo, el mismo en el que se han basado los investigadores para sus experimentos. Imaginemos terreno de cultivo. En este terreno podemos plantar una sola especie – los conocidos monocultivos – o varias distintas. Pero las plantas no están aisladas del resto de la naturaleza. Hay también microorganismos – entre otros, bacterias – que contribuyen a que el terreno sea más o menos fértil.

Y también fauna. Como por ejemplo gusanos nemátodos, que cumplen un papel imprescindible en los cultivos. Algunos como plagas, es cierto, pero otros muchos participando en la aireación del terreno, en el reciclaje de nutrientes, movilización de sustancias químicas… En resumen, contribuyendo a que las plantas crezcan, simplemente por su propia biología. Sin nemátodos, las plantas no crecen igual. Y sin plantas, los nemátodos no sobreviven de la misma manera.

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Bien, pero ¿qué pasa si se calienta el planeta? Para comprobarlo, los investigadores plantaron 30 campos de cultivo de distinta manera. En algunos campos con sólo una especie – monocultivos – y en otros con varias. Y a todos les aumentaron la temperatura mediante lámparas infrarrojas, que calentaban el aire pero no afectaban directamente a las plantas.

Lo que comprobaron era que cuanto mayor era la biodiversidad de los cultivos, mayor era la biodiversidad final de especies de nemátodos. Es decir, más especies distintas de plantas significaba más especies de gusanos que contribuyen a fertilizar el terreno y mejorar las cosechas.

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Un resultado muy sencillo y elegante, ¿no? Por desgracia las cosas no son tan simples. Porque sí es cierto que los monocultivos daban como resultado ecosistemas más sencillos con menor número de especies, y por lo tanto más frágiles. Pero los campos con más especies plantadas no están libres de peligros.

Al analizar la fauna de los cultivos de varias especies vegetales aparecían más especies de gusanos. Pero todas estaban relacionadas, eran parientes evolutivos cercanos. Lo que significa que están adaptadas a condiciones similares. Hay más variedad y por lo tanto alternativas que en los monocultivos, pero el resultado sigue siendo ecosistemas más frágiles, en los que cualquier perturbación puede tener resultados indeseados.

En definitiva, se confirma una vez más que los monocultivos no resultan la mejor estrategia en un planeta en pleno cambio. Pero las alternativas sólo son un poco mejores.

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