La altura a la que estemos puede condicionar nuestras decisiones

Hombre observando el exterior desde un rascacielos en Hong Kong. (Imagen creative commons vista en pixabay).

¿Qué tienen en común Donald Trump y Saruman el blanco? Yo os doy la respuesta. Ambos, tanto el millonario ocupante del despacho oval como el mago de ficción seducido por el mal en “El señor de los anillos”, veían el mundo desde una posición de privilegio y elevada. Concretamente, antes de ser presidente el líder republicano lo hacía desde su lujoso despacho en la planta 26 de la Trump Tower, mientras que el maquiavélico Saruman vigilaba desde lo alto de la Torre de Orthanc. (Sí, soy muy fan de Talkien, lo sé).

¿A qué viene esto? Bien, pues tal vez os sorprenda lo que voy a deciros, pero es posible que ambos personajes se vieran forzados inconscientemente a tomar decisiones erróneas, no solo debido a su exceso de audacia (o desquicie), sino por el simple hecho de encontrarse a mucha altura sobre el nivel del suelo.

Un equipo de psicólogos de la Universidad de Miami, liderado por Sina Esteky, ha encontrado cierta correlación – absolutamente inesperada – entre los riesgos financieros que está dispuesto a correr un ejecutivo y la altura a la que se encuentre su despacho acristalado.

En palabras de Eteky, profesor de marketing en la escuela de negocios de la citada universidad: “cuando se incrementa la elevación se da un efecto subconsciente en la sensación de poder. Esta sensación creciente de poder da como resultado un comportamiento más dado al riesgo”.

En un estudio piloto, los investigadores analizaron datos de más de 3000 fondos de alto riesgo en todo el mundo, que representaban activos por más de 500.000 millones de dólares. Cuando cruzaron el nivel de volatilidad del fondo con la planta que ocupaba la empresa gestora en el edificio (nivel que oscilaba entre el primer piso y el 96), los investigadores encontraron una correlación leve pero significativa entre el aumento en la elevación y la volatilidad del fondo.

Además, el equipo de Esteky también llevó a cabo experimentos en los que se pidió a los participantes que tomaran una decisión sobre apuestas en el ascensor acristalado de un edificio alto (bien fuera ascendiendo o descendiendo). Los participantes que subían al piso 72 eran más propensos a optar por la lotería arriesgada, la cual podía dar como resultado o bien una suma pequeña o bien una muy significativa. Los que descendían preferían la lotería conservadora, en las que como premio se optaba a una suma moderada o a otra ligeramente mayor.

En otro experimento, los participantes estaban en la planta baja o en el tercer piso de un edificio universitario, y se les pidió que tomaran 10 decisiones con diferentes niveles de riesgo y rentabilidad. Una vez más, los investigadores descubrieron que los participantes en el tercer piso elegían con mayor frecuencia opciones más arriesgadas que sus colegas de la planta baja.

Para comprender mejor la razón de este comportamiento, los participantes realizaron una serie de test relacionados con palabras incompletas. De nuevo, las personas en el tercer piso tenían más probabilidades de crear palabras asociadas con el poder que los participantes de la planta baja. Los investigadores creen que el alza de los pensamientos relacionados con el poder podría explicar el aumento de las preferencias de riesgo.

Esteky cree que la planta que ocupe una oficina podría ser una de las razones que hacen que los gestores de fondos de inversión de ciertas empresas “de altura” sean más proclives que otros a invertir – por ejemplo – en criptomonedas. Curiosamente, el efecto solo se observa en despachos con ventana que den al exterior. Si el gestor financiero trabajaba en un cubículo sin ventanas, no se apreciaba ninguna variación entre las diferentes plantas de un edificio.

Otra de las curiosidades tiene que ver con que el gestor sea o no sea consciente de este sesgo asociado a la altitud de su despacho. Me explico, en cuanto se informaba a los participantes de la ligera influencia que la altura que ocupaban parecía ejercer sobre su querencia por el riesgo, el efecto desaparecía para siempre. ¿La razón? Según Esteky: “el cerebro es muy susceptible a los factores situacionales sutiles, pero también es realmente bueno a la hora de corregir dichos efectos, de modo que ser consciente de este sesgo puede ayudarnos a ser más racionales con nuestras decisiones.

El trabajo se ha publicado en Journal of Consumer Psychology.

Me enteré leyendo Eurekalert.

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