En la línea del frente en Afganistán, la paz queda muy lejos

Elise BLANCHARD, Rasheed DURRANI
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Un niño en la localidad de Deh Qubad, en la provincia afgana de Kandahar, el 27 de septiembre de 2020

En la línea del frente en Afganistán, la paz queda muy lejos

Un niño en la localidad de Deh Qubad, en la provincia afgana de Kandahar, el 27 de septiembre de 2020

En la localidad de Aziz Abad es imposible ir a la mezquita al caer la noche, debido a los feroces combates que se desencadenan. En la línea del frente de Maiwand, en el sur de Afganistán, nadie cree en las conversaciones de paz de Doha entre talibanes y el gobierno afgano.

Desde hace meses, y pese a las negociaciones que se llevan a cabo desde septiembre en Catar, se multiplican las incursiones en este distrito, el más inestable de la provincia de Kandahar, feudo histórico de los insurgentes.

"¿Ves esa mezquita?" pregunta Sardar, un granjero de unos 40 años de Aziz Abad. "No podemos ir a rezar, es demasiado peligroso".

Este árido pueblo, perdido en medio del desierto, está a pocos metros de la última base bajo control del gobierno de Kabul. Las calles están vacías, los muros destruidos. El silencio reina. La población vive encerrada.

"Tengo familiares allá, y no puedo ir a verlos" se lamenta Sardar, apuntando hacia el territorio talibán.

El control de los insurgentes parece permanente. Y en territorio gubernamental, los policías, ubicados en una minibase rodeada de alambradas, sin agua corriente ni electricidad, muestran las casas en ruinas, los escombros y trincheras desde donde los talibanes los observan, antes de atacar cada noche.

"No pasa una sola noche sin que tengamos que ir a refugiarnos a nuestras propias trincheras" cuenta Zainulá, de 20 años, que se alistó en la policía siendo apenas un adolescente. Él y los demás policías defienden el territorio con algunos viejos Kalachnikovs. Su base, poblada por famélicos perros, se cae a pedazos y los sacos de arena que la protegen están agujereados por los proyectiles enemigos.

- Improbable paz -

Visto desde aquí, el proceso de paz parece muy poco probable. "Los talibanes no quieren la paz", asegura Zainulá, que solo usa un nombre, como muchos afganos.

El joven rememora con nostalgia un pasado reciente, cuando las fuerzas afganas podían tener "el apoyo aéreo de las fuerzas estadounidenses, que bombardeaban a los talibanes".

Pero Estados Unidos firmó en febrero un acuerdo con los rebeldes según el cual retirará las tropas extranjeras de territorio afgano antes de mediados de 2021, a cambio de ambiguas promesas de los talibanes, entre ellas la de negociar en Doha con una delegación del gobierno.

Estados Unidos, que encabezó una coalición internacional que expulsó a los talibanes del poder en 2001, llegó a tener hasta 100.000 soldados en Afganistán en 2010, pero los reducirá a 2.500 a principios de 2021, según un consejero de la Casa blanca.

Donald Trump anunció incluso que todo el contingente estadounidense abandonaría Afganistán "antes de Navidad", una noticia que ha hundido el estado de ánimo de las fuerzas afganas, desamparadas sin el apoyo de Washington.

Todo ello se ve en el terreno. Liberados de la presión militar de Estados Unidos, los talibanes han capturado en una semana dos bases de vanguardia, ganado terreno y lanzado numerosos ataques contra Maiwand, enumera Abdul Ghafar, otro policía.

Les combates en este distrito se han "intensificado" incluso durante las conversaciones de Doha, opina Ahmad Ikhlas, un joven policía, y sus palabras son confirmadas por varios responsables locales.

Según el Sigar, un comité parlamentario estadounidense que cita cifras del ejercito, los ataques "enemigos" han crecido un 50% entre el 1 de julio y el 30 de septiembre en Afganistán, respecto al segundo trimestre del año.

A fines de septiembre, centenares de insurgentes lograron penetrar uno o dos kilómetros en territorio gubernamental. Llegaron hasta la localidad de Deh Qubat, a media hora por carretera de Aziz Abad, hecho sin precedentes, antes de ser repelidos por las fuerzas afganas.

"Nunca vi combates tan intensos" confirma Jalil, un oficial de 26 años, que participó en la liberación de Deh Qubat ante unos 300 insurgentes.

- Engañar a EEUU -

"Engañan a los estadounidenses, hacen un acuerdo con ellos, pero no la paz en Afganistán. Otra guerra va a comenzar" asegura este hombre, que tiene a familiares entre los insurgentes.

Mientras el presidente afgano Ashraf Ghani multiplica los llamados a un alto el fuego permanente, los rebeldes rehúsan comprometerse sobre este punto. Éstos ya controlaban cerca de la mitad del territorio afgano a principios de 2019, según el Sigar, y la tendencia es que hayan ganado desde entonces más territorios.

Los civiles pagan el precio. Según la ONU, el conflicto ha dejado 2.200 muertos y 3.800 heridos en los primeros nueve meses del año, y hay un aumento de la violencia desde septiembre, causada por "elementos antigubernamentales", talibanes y grupo yihadista Estado Islámico (EI), según la ONU.

En Maiwand, nadie cree que la situación vaya a mejorar en un país que entra en su quinta década de guerra y que solo conoce la violencia desde la invasión soviética en la Navidad de 1979.

"Tengo 41 años, y en toda mi vida jamás he conocido la paz" se desespera Bibi Khanum, una aldeana de Aziz Abad.

Desde el ultimo ataque de los talibanes, Rafiulá, de 13 años, tiene miedo de salir de su casa. A través de la radio, ha escuchado hablar de las conversaciones de Doha. Pero piensa que son una farsa. "Los estadounidenses han hecho la paz. Los talibanes, no".

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