En el Líbano, el shock deja paso a un malestar creciente

LA NACION
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BEIRUT.- Mientras Beirut trata de seguir adelante tras las explosiones que dejaron 135 muertos y más de 5000 heridos, el ambiente se recalienta en la capital del Líbano y muchos ya hablan del retorno de las protestas contra la clase política que colapsaron El País a fin del año pasado.

Las explosiones exacerbaron la ira de los libaneses. El malestar crece ante las diversas facciones políticas, incluido el grupo militante Hezbollah respaldado por Irán, que ha gobernado El País desde la guerra civil de 1975-1990. Los políticos de larga data del país son vistos como irremediablemente corruptos e incapaces de proporcionar incluso servicios básicos como electricidad y recolección de basura.

"Llevamos nueve meses intentando reparar este país", dice hoy Fadlalá en la calle Mar Mikhael, famosa por sus bares y restaurantes. "Si tuviéramos un Estado de verdad, estaría en las calles desde ayer limpiando", protesta. "¿Dónde están?"

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Delante de edificios semiderruidos, decenas de jóvenes voluntarios recogen vidrios rotos y arrastran grandes bolsas de plástico llenas de escombros.

En este barrio de edificios antiguos, las fachadas y los escaparates saltaron por los aires el martes tras dos enormes explosiones provocadas por 2750 toneladas de nitrato de amonio almacenadas en un depósito, según las autoridades.

La indignación es mayor, si cabe, porque el cargamento de nitrato de amonio, una sustancia utilizada en la composición de algunos fertilizantes, pero también de explosivos, ha estado en el puerto durante seis años, "sin medidas de precaución", según reconoció el primer ministro.

"Están sentados en sus sillas con aire acondicionado mientras la gente está exhausta en las calles", protesta Mohamed Suyur, de 30 años, con una escoba en la mano. "Este país y sus habitantes es lo último que les importa", añade, afirmando que los activistas ya se preparan para retomar las protestas. "No lo soportamos más. Basta ya. Todo el sistema debe caer. No debe quedar uno".

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La pandemia del coronavirus calmó el ambiente de las protestas que comenzaron en octubre de 2019 por los impuestos progresivos hacia servicios de redes sociales. Pero en junio, con tapabocas y medidas de seguridad, los manifestantes retornaron a las calles para protestar por la política económica.

"El pueblo quiere que caiga el régimen"

En tanto hoy, el presidente francés Emmanuel Macron, que viajó a Beirut, pidió al Gobierno "reformas indispensables" y un "nuevo pacto político" para evitar el "hundimiento" del país.

Macron, el primer jefe de Estado que visita Líbano tras las explosiones, se dirigió primero al puerto y luego al barrio de Gemmayze, devastado por la tragedia y donde enfrentó a una multitud enojada con la clase política, que apenas ha cambiado desde el final de la guerra civil.

"El pueblo quiere que caiga el régimen", coreaban los habitantes. El presidente francés respondió que iba a proponer "un nuevo pacto político" y pedir a sus interlocutores, entre ellos principales responsables libaneses, "cambiar el sistema, terminar con las división y luchar contra la corrupción".

Macron dijo que Francia, que ejerció un mandato sobre Líbano desde la década de 1920 hasta el final de la Segunda Guerra Mundial y conserva lazos profundos con El País, quiere "organizar la cooperación europea y más ampliamente la ayuda internacional", mientras la diáspora libanesa ya empezó a movilizare.

Varios países ya han enviado socorristas y material para hacer frente a la emergencia después de la doble explosión. La Unión Europea anunció una ayuda de emergencia por 33 millones de euros (unos 40 millones de dólares).

Agencias AP, AFP y Reuters