Karam al Masri, el fotógrafo sirio que mostró al mundo la destrucción de Alepo

Por W.G. Dunlop
Karam al Masri, fotografiado el 8 de noviembre de 2017 en Washington

Resultó herido varias veces y fue tomado prisionero tanto por el gobierno sirio como por el grupo Estado Islámico. Pero nada de eso bastó para que Karam al Masri desistiera de su objetivo: estar en la zona de conflicto para hacer su trabajo como reportero de guerra.

El joven reportero gráfico, que recibe este jueves el prestigioso premio Knight International Journalism Award en Washington, ha mostrado al mundo el proceso de destrucción de su ciudad natal de Alepo, primero a través de su teléfono celular y luego como fotógrafo para la AFP.

Cuando Damasco reprimió brutalmente las manifestaciones en 2011, el país se sumió en una guerra civil, que ha tocado muy de cerca a Karam al Masri. "Durante todos estos años, he perdido muchos amigos y miembros de mi familia", dice.

"Prácticamente he perdido todo, mi futuro, mi familia, todo".

¿Por qué entonces se quedó allí tanto tiempo? "Amo a Alepo", afirma tajante, tras lo cual agrega en árabe que un pez fuera de su pecera no sobreviviría.

En diciembre de 2016, finalmente se dio por vencido y abandonó su querida ciudad después de varios días marcados por los disparos de francotiradores y los bombardeos, durante los cuales perdió su cámara.

Antes de la guerra, el joven tenía poca experiencia como fotógrafo: se conformaba con inmortalizar algunos eventos domésticos con una cámara vieja.

Cuando estalló el conflicto, comenzó publicando fotos en las redes sociales y a partir de 2013 empezó a colaborar con AFP. "No había periodistas o fotógrafos extranjeros, no había nada", responde cuando se le pregunta qué lo llevó a documentar el conflicto.

Los periodistas extranjeros, que posteriormente llegaron en masa, se abstuvieron de ir a Alepo, controlada por los rebeldes, por temor al peligro y a ser tomados como rehenes.

Pero Karam al Masri se quedó.

Su trabajo muestra la devastación causada por la guerra: los edificios demolidos, las calles destruidas y los muertos.

Pero también cubrió -y sobrevivió a- otros aspectos del conflicto, como el hambre y la falta de combustible.

Fue hecho prisionero dos veces: las fuerzas de Bashar al Asad lo mantuvieron encarcelado un mes; el Estado Islámico, seis meses.

Dos veces también fue gravemente herido, primero en la pierna y luego en la mano. Su primera lesión le impidió caminar durante cuatro meses y la segunda casi lo imposibilitó en su trabajo, pero él siguió tomando fotos con una sola mano.

Ahora con 26 años, Karam al Masri vive y trabaja en París, pero en su cabeza nada puede reemplazar aquella misión. "Quiero volver al terreno, me siento útil en esas zonas. Quiero mostrar la verdad".

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