Kamala Harris quiere ser la primera presidenta de EE.UU., pero todo se está derrumbando a su alrededor

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El 20 de enero de 2021 Kamala Harris juraba su cargo frente al Capitolio de los Estados Unidos y se convertía en la primera mujer vicepresidenta en la historia del país. Su juventud en comparación con Biden (57 años frente a 79) y la enorme responsabilidad del cargo la situaban ya como una posible sucesora si el actual presidente decidía no postularse a la reelección de 2024.

Sin embargo, menos de un año después la política demócrata sigue sin encontrar su sitio, con una popularidad en franco declive y con marchas importantes entre sus principales asesores. ¿Qué está pasando?

La vicepresidenta Kamala Harris. (Photo by LOGAN CYRUS/AFP via Getty Images)
La vicepresidenta Kamala Harris. (Photo by LOGAN CYRUS/AFP via Getty Images)

Antes de explorar las causas y analizar qué está fallando hay que ir con los datos. En las dos últimas semanas Harris ha perdido a dos de sus principales consejeras. Ashley Etienne, directora de comunicaciones, fue la primera y poco después se confirmó la marcha de Symone Sanders, su portavoz y asesora principal.

Dos bajas sensibles que el entorno de la vicepresidenta se ha apresurado a señalar que estaban pactadas desde hace tiempo y que no hay ningún problema, pero lo cierto es que parece raro que se hayan producido tan seguidas y cuando Harris lleva en el cargo menos de un año.

Un motivo para este cambio de caras puede ser la caída de la californiana entre los votantes estadounidenses. Si en su toma de posesión los que tenían una opinión favorable de ella eran más numerosos que los que tenían una desfavorable (49% frente a 43%), en el mes de junio ambas estadísticas se igualaron y ahora se han dado la vuelta (41% frente a 52%).

En descargo de Harris habría que señalar que sus predecesores en el cargo sufrieron más desgaste en su primer año. Ella se sitúa en -5,5 en favorabilidad neta, mientras que Biden (-17,7), Cheney (-53,1) o Al Gore (-39,9) están muy por debajo. El único que le mantiene los números es Mike Pence, aunque su popularidad de partida era más baja que la de la vicepresidenta.

Joe Biden y Kamala Harris. (Photo by Anna Moneymaker/Getty Images)
Joe Biden y Kamala Harris. (Photo by Anna Moneymaker/Getty Images)

Otro dato interesante es que de momento Biden sufre menos desgaste que ella, teniendo una calificación favorable del 44% y desfavorable del 53%. De todas formas estas caídas son normales en los gobernantes y no deberían ser motivo de alarma.

Problemas para marcar perfil

El problema al que se está enfrentando Kamala Harris es que tampoco está pudiendo marcar perfil propio. Tradicionalmente la figura del vicepresidente en Estados Unidos es más institucional que otra cosa. Así, se limita a apoyar al presidente y su agenda y alejarse de los focos.

Tal y como cuenta CNN, todos aquellos que han ocupado el cargo en la historia moderna se han visto empequeñecidos respecto a cuando aceptaron el cargo. La única excepción fue Dick Cheney, que tuvo un papel importante en la orientación de política exterior y de defensa con George W. Bush.

Por tanto, las posibilidades de Harris de brillar en el puesto están muy limitadas. Además, desde el entorno del presidente están muy pendientes a cualquier tipo de deslealtad que muestre ambiciones políticas, ya que Biden aún no ha decidido si buscará un segundo mandato.

Según este medio, en el círculo de la vicepresidenta ha cundido la sensación de que no se la está posicionando adecuadamente. Y este desgaste estaría afectando a los ánimos en el equipo.

El pasado mes de julio Politico señaló que el equipo de Harris "estaba experimentando una baja moral, huecos en sus líneas de comunicación y una disminución de la confianza entre asesores y altos funcionarios". Estos problemas podrían estar relacionados ahora con esos relevos entre los asesores.

Sin embargo, no conviene perder la perspectiva. A Biden le quedan todavía tres años de mandato y seguro que Harris tiene oportunidades, aunque sea pequeñas, de lucir de cara a una eventual candidatura en el futuro. En este sentido, la lucha contra el coronavirus y la coyuntura económica marcarán el futuro de ambos políticos demócratas en la Casa Blanca. 

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