Juliana Awada, la "hechicera" de Mauricio Macri que conquistó a todos

JULIANA AWADA

(Bild: Getty Images)

(La Nación) Antes de que su noviazgo tomara estado público, quienes lo conocían bien se dieron cuenta de que algo estaba cambiando en la vida de Mauricio Macri (58). Muy poco tiempo después, se enteraron de que la felicidad del entonces jefe de Gobierno de la Ciudad de Bueno Aires tenía nombre y apellido: Juliana Awada (43). “Gracias por haberme elegido, negrita, mágica, hechicera. Ahora mi estado civil es feliz”, dijo Macri el día de su casamiento con Juliana en noviembre de 2010 y puso en palabras el encanto que produce la primera dama en cada persona que puede conocerla y tratarla de cerca. “Magnética” fue el adjetivo que reconocidos medios internacionales, como ¡Hola!, Vogue y Harper’s Bazaar, eligieron para calificar a la primera dama argentina que conquistó al mundo con su frescura, simpatía y estilo chic sin esfuerzos.

LA CONSOLIDACIÓN DE UNA PRIMERA DAMA

Durante sus primeros 365 días al lado del presidente de la Nación, Juliana nunca pasó desapercibida (en febrero de 2016, por ejemplo, un equipo de Vogue España voló a Buenos Aires para hacerle una nota de tapa en la Quinta de Olivos), pero sin dudas 2017 fue el año de su consolidación como primera dama. Juliana causó furor en las visitas oficiales a España y Holanda y en la Cumbre del G-20 en Alemania y cautivó a todos tanto de la mano de Macri -ella domina como pocas el arte de acompañar- como en sus actividades en solitario.

Cincuenta por ciento de imagen positiva en la Ciudad de Buenos Aires y cuarenta por ciento en la provincia son las cifras que arrojaron las encuestas cuando Cambiemos midió su popularidad hace un año. Son números potentes, que cualquier político de carrera no dudaría en capitalizar, pero es sabido que Juliana, la mamá de Valentina Barbier (15) -fruto de su relación con el millonario belga Bruno Barbier- y Antonia Macri (6) no tiene ninguna intención de hacer política y, menos que menos, de “eclipsar” al Presidente.

(La Nación)

Medida, en cada una de sus apariciones públicas luce cómoda y a gusto con el lugar que le tocó y vive con naturalidad. La cercanía, la calidez, la empatía y el constante buen humor son sus máximos estandartes.

Con su look canchero, chic sin estridencias, abrió las fronteras, que parecían infranqueables, en el ropero de una first lady. Ella fue la primera en llevar pantacourts en actos oficiales, jeans y sobretodos de línea minimalista a la hora de viajar, y brillos estratégicos en cenas de Estado. ¿Quién dijo que una primera dama sólo debe llevar vestidos a la rodilla y stilettos con taco bajo? Eso es lo que se preguntaron los medios especializados del exterior cuando dejó en claro que se vestiría a la moda como la mujer joven y moderna que es. Además, a Juliana le gusta el fashion desde siempre.Trabajó en el rubro en Awada, la marca de ropa que fundó su mamá, Pomi Baker Yessi.

HABLA CON ACCIONES
Entre reinas, junto con Letizia de España o Máxima de Holanda, o entre pares, como la primera dama de Francia Brigitte Macron, Juliana fluye y ha hecho del twinning (una expresión en inglés para describir la acción de vestirse de forma similar a una persona) una de sus señas de moda más distintivas. Ese tailleur de Ménage à Trois en rosa pálido que la convertía en “melliza” de la mujer de Felipe VI, la blusa verde de Ginebra y la falda estampada de H&M que lució en la Quinta de Olivos para recibir a la soberana de los Países Bajos, que lucía igual en tonos rojos, o el vestido estampado, también de Ménage à Trois, que eligió para encontrarse con la mujer de Emmanuel Macron, quedarán en el recuerdo casi como una declaración de principios: Juliana busca sumar y brillar a la par.

La moda, el arte, la infancia y la alimentación saludable son temas que le interesan desde antes de convertirse en primera dama. Diseñadores argentinos, como Marcelo Giacobbe, Javier Saiach y Gabriel Lage, firmas como LyU, El Camarín y Cher, entre otras, la tuvieron como portavoz estrella en los viajes presidenciales al exterior. Sus ganas de impulsar nuestro arte contemporáneo la llevan a cada una de las inauguraciones de ArteBA y ArteBA Focus y días atrás, decidió agasajar a los representantes de ArtBasel, una reconocida feria de arte internacional que este año desembarcó en el país, con una recepción en la Quinta de Olivos. Con sus actividades y viajes en solitario se convirtió en “vocera” de importancia de la educación en los jóvenes, la contención de los más chicos y la alimentación. En los festejos del Día del Niño de este año, cuando recibió a setenta chicos de La Cava de San Isidro a pasar la tarde en Olivos, Juliana aseguró: “Es necesario generar conciencia sobre las necesidades de muchos chicos y trabajar juntos para que tengan más oportunidades”.

Asimismo, la primera dama se reunió días atrás con un grupo de mujeres que se dedican a la producción de alimentos orgánicos en una quinta agroecológica en Cardales y destacó la importancia de programas como el de ProHuerta, que promueven vivir de una manera más saludable, conectada con la naturaleza.

HOGAR, DULCE HOGAR>

Recuperar la Quinta de Olivos, que fue donada al “Superior Gobierno de la Nación Argentina” noventa y nueve años atrás, fue uno de los objetivos principales de Juliana Awada durante los primeros meses de la gestión de su marido. Ese verano, Juliana puso manos a la obra y con la ayuda de las hermanas Caradonti (Paz, Agustina y Lola), tres decoradoras jóvenes, se enfocó en darle nuevos bríos -y mucho amor, como cuentan desde su entorno íntimo- a una casa que había sido descuidada durante las gestiones anteriores. El trabajo comenzó con una puesta a punto de la residencia oficial, continuó con una intensa labor en los jardines y culminó con la creación de una huerta, el máximo orgullo de la primera dama. Hoy, quienes visitan la Quinta coinciden en que tiene “calor de hogar”.

EN BUSCA DE UNA VIDA NORMAL

Si bien su cuenta de Instagram, donde la siguen más de 900 mil personas, está dedicada a sus actividades oficiales, cada tanto se da el gusto y sube fotos de su hija menor. Por las imágenes que comparte, se ve que Juliana -que desde abril es dueña de su propia “pestaña” en la web de la Casa Rosada (www.casarosada.gob.ar/primeradama)-, siempre quiso que Antonia tenga una infancia lo más normal posible. Jugar a la rayuela, cocinar, pintar con acuarelas o andar juntas en bicicleta por los senderos de la residencia oficial son los programas que madre e hija comparten a diario.

Ya lo había anunciado en una entrevista exclusiva con ¡Hola! Argentina antes de que comenzara el mandato de su marido: “Voy a tratar de conservar mi rutina todo lo posible. Despertar a las chicas a la mañana, preparar el desayuno para compartir ese momento todos juntos, llevar a Antonia al colegio, hacer mis actividades de siempre. Por supuesto que voy a tener que sumarle a eso nuevos compromisos y responsabilidades, pero no voy a perder mi esencia”, dijo. Y a casi dos años de aquella auténtica declaración de principios, se puede afirmar que cumplió con su palabra.

El presidente de Argentina, Mauricio Macri; su hija, Antonia Macri, y su esposa, Juliana Awada, acompañados por el intendente de la ciudad de La Plata, Julio Garro (atrás). EFE

Hoy, la primera dama no sólo le aporta serenidad al presidente de los argentinos, sino también a cada una de las personas que conoce, a quienes “encanta” con su calidez. Fuente de un gran equilibrio emocional en el entorno presidencial, dicen que los tres hijos mayores de Macri la adoran. Quizás ese sea el condimento secreto de su efecto: el “efecto Juliana”.

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