Lo que se puede aprender de la metáfora sobre cómo funciona el cáncer de Julia Otero en el Hormiguero

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Con esta imagen publicada en su perfil de Instagram Julia Otero daba la mejor de las noticias: que, tras el tratamiento, ya no cuenta con células cancerosas "egoístas“ y está curada del cáncer de colon que le diagnosticaron el pasado mes de febrero.
Con esta imagen publicada en su perfil de Instagram Julia Otero daba la mejor de las noticias: que, tras el tratamiento, ya no cuenta con células cancerosas "egoístas“ y está curada del cáncer de colon que le diagnosticaron el pasado mes de febrero.

Julia Otero ha vuelto a la primera plana tras su retiro voluntario para someterse a un tratamiento contra el cáncer de colon que padecía. Se lo diagnosticaron en febrero de 2021 en una revisión rutinaria, y confiesa que sufrió un shock traumático de tal magnitud que "es difícil contarlo.. se puede temblar de miedo".

Sin embargo, tras un año de ausencia ha vuelto por la puerta grande y contando verdades como puños. Desde el 10 de enero hemos vuelto a escuchar su voz en el programa vespertino 'Julia en la Onda', de Onda Cero Radio, pero la periodista ha querido dar un paso adelante y compartir su experiencia en El Hormiguero para "ayudar a la gente que no tiene voz y si alguna cosa que digo yo le puede servir de algo, genial".

Otero ha empezado diciendo que "no soy bandera ni estandarte de nada", y que se considera "una enferma más de cáncer que ha pasado 11 meses duros, como tantos otros".

Otero no tenía síntomas pero le hicieron una colonoscopia y ahí fue cuando saltaron todas las alarmas... "te despiertas de la anestesia, empiezas a ver caras raras y te dicen que tienes un cáncer de colon"

Al escuchar la palabra cáncer le pasó la vida por delante, pero no la pasada sino la que queda por vivir. "Te pasa la vida futura que tú has soñado que aún te queda, la melancolía del futuro para el que tal vez no estés presente", ha manifestado la lucense.

"Yo pensaba que la frase temblar de miedo era un recurso del lenguaje, pero no. Se puede temblar de miedo. Te pasa por delante la vida futura que tú has soñado que aún te queda. Te pones a pensar en los hijos, en los nietos que no verás… Es melancolía del futuro más que del pasado", añadía.

Sin embargo, tras vencer el miedo paralizante que le invadió con el diagnóstico, Julia decidió tirar de galones y preguntarlo todo porque aunque muchos enfermos de cáncer prefieren vivir en la ignorancia y no saber demasiado, ella quiso saber todo acerca de el proceso por el que iba a pasar.

En todo momento supo qué sustancia le ponían, qué hacían dichas sustancias... "Sentí un miedo espantoso porque el término quimioterapia ya da miedo, pero escogí preguntar todo a todo el mundo constantemente porque a mí me venía bien saber lo que me estaban poniendo y lo que iba a provocar en mi cuerpo. Y le pedía perdón a mis células buenas", ha relatado.

De hecho la periodista ha contado, entre risas, que sus batas blancas la temian ante la incesante batería de preguntas que hacía a diario, "pero yo ya sabía qué sustancias me iban a meter y qué efecto producirían".

De esa forma, manejando datos e información, pudo afrontar el proceso e ir superando etapas porque según ella misma ha contado: "A mí me venía bien saber qué estaba produciendo esa sustancia que entraba en mi cuerpo". Y es que la quimioterapia "va buscando lo malo pero también daña mucho de lo bueno que tenemos". El tratamiento consiste en "hacerte daño para curarte", añade. Para mí era veneno porque dicen que la quimio cansa mucho, pero en realidad te quita la vida. Y cuando decia eso mi hija, que es cirujana vascular, me decía que la quimio era mi medicina".

En este punto la periodista ha reflexionado sobre la terminología que usamos para referirnos al cáncer y ha pedido que no se usen términos como "quemar" para referirse a la radioterapia, o "vaciar" cuando hay que extraer órganos como la matriz. Tampoco entiende lo de usar términos bélicos. "Nunca he oído que de un señor que ha muerto de un infarto digan que ha perdido la batalla contra el infarto. Parece que sea culpable. La batalla es física, química y mecánica, pero eso no se puede establecer en términos de ganar o perder".

La periodista también ha explicado con un lenguaje claro y directo cómo funciona el cáncer y para ello ha recurrido a uno de los científicos europeos más relevantes, el bioquímico Carlos López-Otín, cuyo libro 'Egoístas, inmortales y viajeras' desgrana las claves del cáncer. Así es también como Otero ha querido definir a las células cancerígenas: "egoistas porque van a lo suyo, inmortales porque no paran de reproducirse a una enorme velocidad, y viajeras porque algunas pueden escapararse, alcanzar el torrente sanguíneo, recorrerlo, burlar al sistema inmunológico y llegar a otro órgano produciendo metástasis".

Esas células viajeras son las que más miedo dan a la periodista porque "si una sola de esas células se escapa a través de un ganglio y, como los conquistadores, llega al torrente sanguíneo (al que compara con las aguas bravas y turbulentas) puede burlar todos los controles y salir del torrente sanguíneo para engancharse a algún órgano y producir una metástasis".

Las células que hacen eso son "super células", cuenta Otero, "de un egoísmo y de una malignidad brutal. Por eso las metástasis asustan tanto porque están protagonizadas por las células más pervesas, traidoras y engañosas de todas. Se van a otro tejido para colonizarlo, no tienen bastante, ignorando que la muerte del huésped también va a ser su propia muerte. Así acaba el egoismo, con esta bonita metáfora, quieres matar a otros y acabas muriendo tú".

Un paralelismo con la vida que fue muy aplaudido por el público ya que tal y como matizaba Otero, "en la vida para lo mismo, hay gente altruista y hay gente egoista, y lo que consiguen unos y otros es tan diferente".

En cualquier caso la periodista es prudente e insiste en que, de momento, ha acabado con esas células que estaban en rebeldía en una zona del colon, pero que, con las mismas, pueden volver. Es consciente de que puede sufrir metástasis y volver a padecer cáncer.

Metástasis significa que el cáncer se ha diseminado a una parte del cuerpo distinta de donde comenzó. Cuando esto sucede, los médicos dicen que el cáncer ha hecho “metástasis”. Normalmente los cánceres metásticos se desarrollan cuando las células cancerosas se desprenden del tumor principal e ingresan al torrente sanguíneo o al sistema linfático. Estos sistemas transportan fluidos por el cuerpo. Eso significa que las células cancerosas pueden desplazarse hacia un lugar alejado del tumor original y formar nuevos tumores cuando se asientan y crecen en una parte diferente del cuerpo.

El médico también puede llamarlo 'cáncer metastásico', 'cáncer avanzado' o 'cáncer en estadio IV'. Y los oncólogos también la denominan enfermedad diseminada, enfermedad a distancia o enfermedad secundaria. Esto implica los cánceres que no desaparecerán por completo o cuyo regreso no podrá evitarse. Sin embargo, no todos los cánceres metastásicos son cánceres avanzados, tal y como explica la Sociedad Americana contra el Cáncer, y en algunos casos de este tipo de cánceres, pueden mantenerse bajo control durante un periodo muy prolongado que incluso son vistos como sucede con las enfermedades continuas o crónicas.

Cualquier tipo de cáncer puede diseminarse. El hecho de que esto suceda o no depende de varios factores como el tipo de cáncer (algunos son más propensos a diseminarse que otros), la velocidad con la que crece el cáncer y otros factores relacionados con el comportamiento del cáncer.

"Todos los que han pasado un cáncer saben que hay cuatro años de margen. La opción de que vuelva está ahí. La salud es provisional, hay que aprender a vivir con esa provisionalidad. Alguien que está perfectamente sano mañana puede morir de un accidente o de un infarto. La única diferencia entre esa persona y yo es que yo vivo con esa incertidumbre bajo la piel".

En este sentido hay que aclarar que cuando las células cancerosas procedentes del tumor primario migran a través de la sangre y se asientan en otro órgano, no tiene por qué desarrollarse la metástasis de forma inmediata. Es decir, que aunque una célula cancerosa no muera, esto no significa que definitivamente va a formar un tumor. Las células pueden existir lejos del tumor original sin multiplicarse lo suficiente como para causar algún problema. Otras veces el cáncer metastásico puede permanecer latente durante años o décadas, a pesar de haberse diseminado, y comenzar a crecer sin previo aviso de forma muy agresiva.

Y es que en una gran proporción de casos, las metástasis no producen síntomas sino que son hallazgos de los estudios rutinarios.. Solo cuando los tumores metásticos adquieren cierto número y tamaño acaban provocando insuficiencia en el órgano en el que se encuentra como dificultad para respirar, ictericia, ascitis, dolor por fracturas óseas, alteraciones neurológicas, etc.

De ahí la importancia de esos controles periódicos en personas que ya han padecido un cáncer. De hecho, como todas las personas que han superado un cáncer, Otero ahora está en esa fase de controles cada 3 meses, luego cada 6 meses... y resalta la importancia de acudir a las revisiones y someterse a las pruebas. Hay que llegar a tiempo porque "cuanto más precoz es el diagnóstico mucho mejor ya que evitas esas células metastásicas que son tremendas".

Estos períodos entre revisiones son aproximados y dependen siempre del tipo de cáncer, del proceso y su gravedad. Por lo que siempre hay que seguir las indicaciones del médico responsable. En el caso de los pacientes de bajo riesgo, el alta definitiva después de un diagnóstico de cáncer puede producirse en torno a los cinco años, aunque como aclara el doctor Agustín Barnadas, esto no siempre es así y en los casos de más riesgo se aplaza el alta de Oncología a los diez años.

Tras su testimonio Otero confiesa que ha aprendido a buscar las cosas bonitas de la vida y a entender que esto es provisional. "Es una cosa que aprendes cuando te dan el diagnóstico. Que nos vamos a morir es un ‘spoiler’ que todos sabemos, pero olvidamos".

Lo que está claro es que tras lo vivido estos últimos once meses, Julia reconoce que "Al final la muerte tampoco tiene que asustar", continúa. Yo he preparado todo, he releído el testamento..." y confiesa que en realidad "me da pena morirme. Tengo miedo a sufrir, al dolor, pero no tengo miedo de morirme. Es pena de morirse porque piensas cómo serán tus nietos... Es nostalgia de futuro, melancolía de lo que no vas a vivir", concluye la periodista de Onda Cero.

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