Juan Vigón, el militar leal a Alfonso XIII que fue clave para que Franco firmara un pacto de aperturismo con EEUU

El verano de 1953 fue clave para lograr que España dejara de estar aislada del resto del planeta (debido a la dictadura ejercida por Franco) gracias a una serie de acuerdos que se firmaron con la Iglesia Católica (conocido como ‘Concordato entre el Estado Español y la Santa Sede’) y con los Estados Unidos (cediéndole al gobierno estadounidense terrenos para instalar cuatro bases militares). Dichos acuerdos fueron conocidos como ‘Pactos de Madrid’ y su rúbrica final tuvo lugar en la capital española el 23 de septiembre.

Franco con Eisenhower durante la visita del presidente estadounidense a España en 1959 (imagen vía Wikimedia commons)

Estos acuerdos permitieron a España salir del aislamiento político, además de recibir una importante inyección de liquidez económica por parte de una de las naciones más ricas y poderosas del planeta, gracias al buen entendimiento que hubo con el mandatario estadounidense Dwight D. Eisenhower, quien había tomado posesión del cargo en enero de aquel mismo año. Recordado era todavía el desplante que la anterior administración estadounidense (del presidente Harry S. Truman) había hecho contra los intereses españoles durante la ejecución del ‘Plan Marshall’ (entre 1948 y 1951) en el que había invertido en Europa alrededor de catorce mil millones de dólares en ayudas tras la IIGM.

La llegada del nuevo mandatario había facilitado las cosas para tender un puente de entendimiento entre ambas naciones con el fin de que Franco consiguiera dejar de estar aislado y tener un aliado de primer nivel.

Pero la consecución de la firma de los Pactos de Madrid no había sido mérito del dictador sino de Juan Vigón Suero-Díaz, un militar ya retirado que fue clave en todas las conversaciones y reuniones y para que todo ello llegase a buen puerto.

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Vigón, que por aquel entonces contaba con 73 años de edad, tenía tras de si una larga y prolífica carrera, tanto en el mundo militar como gubernamental. A pesar del apoyo incondicional que ofreció a Franco, desde el momento en que éste encabezó la sublevación militar contra la II República, era un acérrimo monárquico y uno de los hombres que más intentó convencer al dictador de la conveniencia de volver a instaurar la monarquía en España.

De hecho, en noviembre de 1921, Juan Vigón, siendo ya comandante del Estado Mayor, fue nombrado ayudante del rey Alfonso XIII y consejero del Reino y, entre 1925 y 1930, tras ascender por antigüedad a teniente coronel, recibió el encargo de hacerse cargo de la educación de los hijos varones del monarca, el del Príncipe de Asturias Alfonso y los Infantes Jaime, Juan y Gonzalo (desde junio de 1930 hasta abril de 1931 solo fue profesor de Juan Gonzalo, todavía menores de edad).

La proclamación de la II República, el 14 de abril de 1931, provocó la abdicación del rey y la marcha de la Familia Real a Suiza. Juan Vigón, leal a la monarquía, solicitó el retiro profesional (al haber cumplido ya los 50 años de edad y más de 30 de servicio) y tal y como se le concedió se trasladó a pasar cuatro meses en el país helvético junto al monarca y su familia.

A su regreso a España se le solicitó en alguna ocasión la reincorporación o colaboración con el ejército (concretamente en 1934 durante la conocida ‘Revolución de Asturias’) y en 1936, tras el triunfo electoral del Frente Popular decidió migrar con su familia hacia Argentina. Ese mismo año, tras el golpe militar de julio que daría origen a la Guerra Civil, Juan Vigón decidió regresar y ponerse a disposición del bando golpista, siendo nombrado Jefe del Estado Mayor. A partir de ahí su colaboración y fidelidad a Franco fue absoluta.

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Esta lealtad hizo que en junio de 1940 fuese designado ministro del Aire (el departamento ministerial encargado de la aviación civil y militar en España durante la dictadura franquista) y ocupó dicho cargo a lo largo de cinco años, que fueron los que duró la IIGM, siendo uno de los principales interlocutores entre España y el Tercer Reich (llegó a entrevistarse con Hitler).

Leal al régimen dictatorial, Juan Vigón también lo era a la monarquía, algo que hizo que intentara convencer a Franco de la conveniencia de restaurar en España la figura del rey. Aunque el dictador era partidario de ello, en aquellos momentos se encontraba en una burbuja de poder como caudillo y, por tanto, decidió que la monarquía no sería reinstaurada en el país hasta después de su fallecimiento, dejándolo así establecido en la ‘Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado’ que entró en vigor el 26 de julio de 1947.

La cercanía de Juan Vigón con el dictador le proporcionó cargos relevantes, que aunque a primera vista parecían no ser tan importantes como un ministerio sí que le facultaba un gran poder dentro del gobierno y la toma de decisiones. Procurador en Cortes, jefe del Alto Estado Mayor, presidente de la Junta de Energía Nuclear (ante el deseo de Franco de que España tuviera su propia bomba atómica) y presidente del Instituto Nacional de Técnica Aeronáutica se iban sumando a la larga lista cargos que ocupaba al mismo tiempo, siendo designado para encabezar la delegación española que debía reunirse con la estadounidense de cara a los Pactos de Madrid de 1953.

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Fue tal el nivel de control que Vigón tuvo en dichas conversaciones que llegó a convertiré en el principal interlocutor español, por encima del entonces ministro de Asuntos Exteriores, Alberto Martín-Artajo (a quien Franco encomendó que se centrara en el Concordato con la Santa Sede).

Gracias a aquellos acuerdos, España dejó de estar aislada internacionalmente (como los anteriores catorce años) y a cambio cedió parte del territorio nacional para que los estadounidenses montaran sus ansiadas bases militares y controlasen desde ellas el sur de Europa, norte de África y el mediterráneo occidental.

Fuentes de la imagen: Wikimedia commons