José María Íñigo, el último famoso víctima del amianto

Manuel Peinado Lorca, Catedrático de Universidad. Departamento de Ciencias de la Vida e Investigador del Instituto Franklin de Estudios Norteamericanos, Universidad de Alcalá y José Miguel Sanz Anquela, Profesor Asociado en Ciencias de la Salud. Departamento de Medicina y Especialidades Médicas, Universidad de Alcalá
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<span class="caption">José María Iñigo posa ante un estudio de Prado del Rey poco antes de su muerte el 5 de mayo de 2018.</span> <span class="attribution"><span class="source">Foto cortesía de la familia Íñigo.</span>, <span class="license">Author provided</span></span>
José María Iñigo posa ante un estudio de Prado del Rey poco antes de su muerte el 5 de mayo de 2018. Foto cortesía de la familia Íñigo., Author provided

Filomena nos ha mostrado lo que es nevar a base de bien. ¿Se imaginan si esos copos de nieve que cayeron hubieran sido de amianto? Parece una distopía, pero fue algo real. El amianto, responsable del mesotelioma, un cáncer mortal, ha sido utilizado como nieve artificial en decorados navideños. La nieve artificial de amianto fue una mala idea, una idea letal. Usarlo en materiales de construcción, también.

La actual pandemia nos ha recordado la importancia de la transmisión aérea de agentes patógenos infecciosos como la tuberculosis y tóxicos como la asbestosis. Los primeros, por lo general, matan rápido. Los tóxicos, como el amianto, matan lento. Pero todos matan. Y todas las vidas acaban antes de tiempo.

Debido a las milagrosas propiedades físicas de los minerales de los que se obtiene, el asbesto o amianto se ha usado desde muy antiguo para una gran variedad de productos manufacturados, principalmente en materiales de construcción, productos mecánicos de fricción, textiles ignífugos, envases y revestimientos. La toxicidad del amianto se debe a la inhalación de las fibras que flotan en el aire contaminado de las fábricas y talleres donde se manipula, y cerca de los focos emisores del interior de viviendas y locales construidos o revestidos con materiales que lo contienen.

Muchos edificios construidos durante el desarrollismo español y al menos hasta los años 90 del siglo pasado contienen materiales fabricados con crisotilo (amianto blanco) o están insonorizados con amianto azul o crocidolita, por lo que siguen siendo una fuente de exposición a las fibras durante su mantenimiento, reforma o demolición.

Los antiguos edificios de RTVE en Prado del Rey no fueron una excepción.

La historia de RTVE le debe un lugar de honor a José María Íñigo. Programas como Estudio Abierto, en el que llegó a superar los treinta millones de espectadores, Directísimo, Esta Noche Fiesta, Hoy 14:15 o Fantástico supusieron una renovación que atrapó a los telespectadores desde 1968 hasta 1985.

Volvió en el año 2004 con el programa Carta de Ajuste y de forma esporádica como colaborador en diferentes programas. En 2017, cuando ya era víctima del cáncer, presentó por última vez el Festival de Eurovisión. Al año siguiente falleció.

Íñigo se encontraba en óptimas condiciones de salud hasta finales del mes de diciembre de 2015, cuando una extraña dificultad respiratoria obligó a su hospitalización. Durante el ingreso hospitalario le detectaron un derrame pleural que, después de toda una batería de pruebas médicas, acabó en el diagnóstico de mesotelioma pleural.

Desde ese momento todo fue de mal en peor. Pese a penosas sesiones de quimioterapia, el empeoramiento fue progresivo y tuvo sucesivas hospitalizaciones hasta que en mayo de 2018 su nombre se incorporó a la lista de famosos fallecidos por mesotelioma.

El mesotelioma es un tumor asociado exclusivamente al amianto. Decir mesotelioma es decir amianto. ¿Qué relación tenía Íñigo con el amianto? La respuesta es que buena parte de su éxito lo consiguió a base de tesón, esfuerzo y horas, muchas horas, demasiadas horas, en los estudios de Prado del Rey.

Los estudios de TVE en Prado del Rey fueron inaugurados en 1964. El Estudio 1, uno de los platós más grandes de Europa, tenía una superficie de 1 200 metros cuadrados. Para aislarlo del ruido exterior y conseguir que la acústica de absorción fuera la mejor de las posibles, las paredes y los techos se cubrieron con un aislamiento proyectado de un aglutinante y fibra de amianto azul, que solucionó gran parte del problema acústico.

Como sucede con todos los materiales friables, el aislamiento se empezó a deteriorar rápidamente, hasta el punto de que hay testigos que declaran que en los años 70 y 80 «los programas cara al público, cuyas ovaciones provocaban vibraciones en la estructura del plató, hacían que una fina “llovizna” de polvillo grisáceo, perfectamente visible a través del haz de los focos, cayera sobre los trabajadores y sobre el resto del personal allí presente».

El polvo estaba formado por fibras de crocidolita, la variedad de amianto más peligrosa. Por si el proyectado friable de mortero con amianto no fuera suficientemente tóxico, la mayoría de los efectos especiales se realizaban con polvo y cartón de amianto, por lo que, como en el caso del Metro de Madrid, todos los trabajadores han estado en situación de riesgo por la exposición a las fibras.

En los años 80 se intentó encapsular el amianto con barreras parciales y provisionales para evitar que la lluvia de fibras cayese directamente sobre quienes trabajaban o visitaban los estudios. A pesar de que los resultados de unas pruebas realizadas entre 2003 y 2005 indicaron que no se superaban los límites de exposición ambiental permitidos, se decidió que había que eliminar el amianto.

En octubre de 2011, el Consejo de RTVE decidió invertir 70 millones de euros para desamiantar o demoler varios de los estudios. Según trabajadores de TVE, el día que comenzó el desmantelamiento de las instalaciones fue también la última vez que tuvieron noticias de los miles de artículos de attrezzo almacenados e impregnados de fibras de amianto que se enviaron encapsulados al vertedero.

En 2019, la administradora única de RTVE, Rosa María Mateo, puso en marcha una nueva “operación desamiantado”. Lo hizo tras conocer una auditoría que descubrió nuevas y graves deficiencias que pueden afectar seriamente a la salud de los empleados. Para Íñigo ya era tarde.

El mesotelioma que acabó con su vida fue, sin duda alguna, de origen profesional, derivado exclusivamente de su trabajo en RTVE. A pesar de ello, la empresa, la Seguridad Social y la Mutua de Accidentes de Trabajo le deniegan el reconocimiento de Enfermedad Profesional. Una lucha por sus derechos que, por desgracia, es algo habitual para muchos trabajadores que fallecen por mesotelioma, a los cuales, como sucede con los trabajadores del Metro de Madrid, les cuesta años conseguir.

El jueves 21 de enero, en los Juzgados de lo Social de Madrid, se dirimirá la demanda de declaración de Enfermedad Profesional presentada por su familia. José María Íñigo, que inició el procedimiento para solicitar el reconocimiento de Enfermedad Profesional cuando le fue diagnosticado el mesotelioma pleural, no podrá verlo concluido.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Manuel Peinado Lorca es responsable del Grupo Federal de Biodiversidad del PSOE.

José Miguel Sanz Anquela actúa ocasionalmente como perito médico judicial en litigios por amianto, en defensa de las víctimas.