Lo que Nueva Zelanda puede aprender de Jaén

Marina Velasco
Sala de trabajo de la empresa. (Photo: SOFTWARE DEL SOL)

Cuando hace unas semanla primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, animó a las empresas a adoptar una jornada laboral de cuatro días semanales para reactivar la economía del país tras la crisis del coronavirus, muchos se preguntaron si Ardern sabría situar Jaén en el mapa. Es en esta provincia andaluza donde se encuentra la empresa Software Delsol, que desde enero de 2020 aplica esta jornada, pionera en España y prácticamente en todo el mundo.

Seguramente Ardern no afine tanto en geografía, pero es muy probable que conozca el modelo de Delsol. “Animo a pensar en esta opción si usted es empresario y está en condiciones de hacerlo; piense si esto funcionaría para su lugar de trabajo, porque ciertamente ayudaría al turismo en todo el país”, señaló la primera ministra el 19 de mayo durante un directo de Facebook. Ardern explicó que para que se implante la semana laboral de cuatro días debe haber un acuerdo entre el empleador y los empleados, y que su Gobierno no sólo no es reticente a esta medida, sino que la alienta. “Durante la epidemia de covid-19 hemos aprendido mucho sobre la flexibilidad de las personas que trabajan desde casa y la productividad que se puede sacar de eso”, comentó.

Jacinda Ardern dio justo en el clavo: por un lado, las empresas deben analizar su situación antes de dar cualquier paso; por otro, llegar a un acuerdo con los trabajadores. Pero nada se lo impide, recordó la mandataria, ni siquiera una pandemia que, en este caso, incluso puede servir como acicate. 

Quienes mejor lo saben son los trabajadores de Software Delsol, que dos meses y medio después de estrenar su jornada semanal de cuatro días tuvieron que marcharse a casa a teletrabajar como otros tantos millones de personas en el mundo, con la diferencia de que ellos han tenido un día extra de descanso por cada semana.

Lejos del “café para todos”

Juan Antonio Mallenco, responsable de comunicación de la empresa jiennense, habla de esta medida con una mezcla de entusiasmo y de prudencia. “No te imaginas el efecto psicológico de saber que el jueves por la tarde ya empieza el fin de semana”, comenta. “No te lo puedo transmitir”, insiste. Eso, por el lado entusiasta; pero la voz de la prudencia no tarda en salir: “A nosotros nos está yendo muy bien, pero esto tampoco es una forma de ‘café para todos’. La organización tiene que estar madura, desde la dirección y la gestión hasta el equipo humano. Si trabajamos cuatro días es porque existe un compromiso personal de sacar esto adelante. Implantar la jornada laboral de cuatro días semanales no fue una moda, sino un proceso”, explica.

“Esto es un riesgo medido, no una aventura de ‘vamos a hacerlo’ y ya está. Estamos creciendo, estamos trabajando bien, tenemos claros nuestros costes y nuestra inversión. Era un paso lógico, no un experimento”, aclara Mallenco, en referencia a otras iniciativas llevadas a cabo precisamente en Nueva Zelanda y en Japón sólo a modo de prueba, como objeto de estudio.

Es un riesgo medido, no una aventura

Mallenco lo describe como “un proceso”. En su empresa, que se dedica a la comercialización de software desde hace más de 25 años, siempre han tenido claro que “existen otras formas de relacionarse entre los trabajadores y la dirección”. “Desde el principio, los viernes por la tarde no se trabaja, así que ese día nos despedíamos a las 2 con unas cervezas”, ilustra Mallenco, que asegura que la empresa ofrece “medidas de conciliación, ayudas por hijos, seguro médico, horario de verano desde el 15 de junio hasta el 15 de septiembre, comedor gratis, un convenio colectivo propio que fija un incremento de sueldo mínimo anual del 3%”, enumera. Todo esto, en una “sede social” —que no ‘oficina’que combina 2.000 metros cuadrados de trabajo con otros 2.000 de ocio con piscinas, pistas de pádel, gimnasio, sala de sofás, biblioteca, sala de videojuegos y futbolines. “Todo ha sido un proceso que poco a poco nos fue llevando al siguiente paso: la jornada laboral de cuatro días”, afirma.

Instalaciones de la empresa Software Delsol. (Photo: Antonio Jesús Martinez Penalver/Software Delsol)

El responsable de comunicación reconoce que no fue todo lo sencillo que pueda parecer. “No había experiencia previa con lo de los cuatro días. Cuando se nos pidió que estudiáramos esta opción, nos encontramos con que sólo había teoría, cero práctica. No tuvimos un modelo en el que fijarnos, así que tuvimos que inventárnoslo”, recuerda. “Estuvimos viendo la casuística hasta elegir el modelo que más se adaptaba”, cuenta.

“Nuestros clientes siguen en un ecosistema de cinco días y no podíamos permitirnos el lujo de dejarlos un día sin servicio”, justifica. De este modo, redistribuyeron los turnos y ‘dividieron’ la empresa. Los trabajadores de atención al cliente hacen turnos rotatorios: “Si trabajan de lunes a jueves, descansan viernes y lunes, y vuelven el martes a trabajar; es decir, trabajan cuatro días de la semana y, una vez cada cinco semanas, tienen un puente de cuatro días”. Quienes no mantienen contacto directo con el cliente (en administración, gestión o marketing) trabajan siempre de lunes a jueves. 

Si la empresa no hubiera estado comprometida, habría sido descabellado

No obstante, no ha sido una reducción de jornada ‘al uso’. En horario de invierno, todos trabajan 36 horas semanales repartidas en cuatro días (9 horas al día), mientras que en horario de verano, que dura tres meses, trabajan 28 horas semanales (7 horas al día), en jornada intensiva de mañana. “Para que nuestros clientes no se quedaran desatendidos, tuvimos que ampliar la plantilla de atención al cliente”, señala. “Ahí hay una inversión, hay un riesgo”, admite. Pero, en su caso, lo dice con orgullo: “Creemos en esta provincia [Jaén], y generar trabajo aquí es un orgullo, Si la empresa no hubiera estado comprometida, habría sido algo descabellado”.

Ese orgullo de pertenencia se traduce en fidelización y atracción de talento, y desde que se implantó la jornada de cuatro días ha caído también la tasa de absentismo, que “ya de por sí era muy bajita”. “Cuando sabes que cuentas con un día a la semana para hacer tus cosas, te organizas mejor. Es una tranquilidad saber que tienes ese día para ti, para tus necesidades personales, sean trámites, temas de la casa o de la familia. Un compañero me habla de la alegría de poder llevar a su hijo al colegio y recogerlo al menos una vez por semana. Tu vida se organiza en torno a esto”, resume. “Estamos pagando con una de las monedas más demandadas, que es el tiempo”, dice. Además de con la nómina mensual que reciben los trabajadores, que no se ha visto afectada por esta medida.

Sala de ocio de Software Delsol. (Photo: Software Delsol)

Una jornada laboral de cuatro días puede ofrecer aún más, sostiene Eduardo Gutiérrez, economista y diputado de Más Madrid en la Asamblea de Madrid. En su programa electoral para las pasadas elecciones generales de noviembre, Más País —el partido liderado por Íñigo Errejón— propuso reducir la semana laboral a 32 horas y promover el teletrabajo. Esto último se ha conseguido en tres meses a golpe de epidemia, pero lo primero es todavía una quimera.

Bajarán los consumos energéticos y las emisiones de combustión y, a la larga, se reducirán los costes en sanidad

“Previo a la pandemia ya veíamos necesario impulsar la jornada de cuatro días en los sectores y empresas que sean más flexibles en sus procesos productivos, pero ahora creemos que en esta situación tiene más sentido todavía”, afirma Gutiérrez. “Si las empresas aprovechan para analizar sus procesos de trabajo, quizás caen en la cuenta de que pueden ser más eficientes, cambiar aspectos presenciales y abordar sus trabajos de otra forma reduciendo jornadas”, opina.

“Bajarán los consumos energéticos y las emisiones de combustión y, a la larga, se reducirán los costes en sanidad, porque habrá menos afecciones respiratorias, menos absentismo y mejor salud mental”, señala el economista. “Siempre habrá interpretaciones y agoreros que dirán que todo se viene abajo si se reduce la jornada, pero también cuando se hablaba de la jornada de ocho horas había oráculos que decían que se iba a derrumbar la economía mundial”, argumenta.

La conciliación son los padres

Gutiérrez está convencido de que la barrera para que este tipo de jornada se implante en las empresas no es tanto económica como cultural, y que igual que con el confinamiento muchos sectores se han visto obligados a abrirse al teletrabajo, podrían hacer lo mismo con la reducción de jornada, empezando por el sector público, sugiere.

El diputado no puede evitar pensar en los meses de septiembre y octubre, cuando después de un verano atípico posiblemente muchos padres se encuentren con la ‘sorpresa’ de que sus hijos no pueden volver a la actividad escolar de forma regular, como ya dejó entrever el Ministerio de Educación anticipándose al caso (muy probable) de que no haya vacuna en ‘la vuelta al cole’. “Entonces sí que hará falta conciliación, reducción de jornada y teletrabajo en condiciones”, asegura. “Las reticencias van a existir siempre, pero en este caso la necesidad aprieta, y a veces la historia sólo se empuja en situaciones dramáticas”, sostiene.

“Una crisis de demanda de tres pares de narices”

Eduardo Gutiérrez no descarta la opción de que el Gobierno estimule la reducción de jornada con incentivos fiscales. “Las empresas que opten por llegar a acuerdos para reducir la jornada podrían tener alguna bonificación en la seguridad social del 5%, por ejemplo, de modo que si tienes una jornada reducida le vas a costar un poquito menos a la empresa”, propone. “Hay veces que los costes funcionan como una inversión a medio y largo plazo”, insiste el diputado, que describe la situación actual como “una crisis de demanda de tres pares de narices”, en un sentido similar al que empleó Jacinda Ardern al aconsejar la reducción de jornada como estrategia para reactivar la economía y el turismo.

“Cuando el 30% de la población está prácticamente en paro y con sus rentas cuestionadas, la demanda está pinchada. Puedes abrir todos los comercios y las terrazas que quieras, pero si no hay demanda...”, plantea. “Desde el punto de vista de la psicología del consumidor, hay un motivo clarísimo, que se llama precaución. Todos estamos contando con que hay unas incertidumbres muy altas a medio plazo. Con cargo a esas incertidumbres, incluso los que mantenemos nuestros niveles de renta, vamos a tener un comportamiento de gasto bastante prudente”, señala. “O hay una inyección de renta similar a la de los ERTE y el ingreso mínimo vital, o muy difícilmente se va a recuperar la actividad”, zanja.

Cuando se hablaba de la jornada de ocho horas también había oráculos que decían que se iba a derrumbar la economía mundial

Antonio Fernández, abogado y profesor de los Estudios de Derecho Laboral de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), comparte esta visión sólo en parte. Sabe que hay algo cultural en la reducción de jornada y que nadie habría visto factible hace dos décadas tener horario de verano o salir de trabajar los viernes a las 3. Aun así, para él las reticencias de las empresas tienen mucho más que ver con los costes. “En España el coste es importantísimo, las empresas intentan pagar lo mínimo posible y el fraude siempre va encaminado a reducir costes”, apunta. Establecer una jornada de cuatro días “implica pagar lo mismo a la gente por trabajar menos horas, y eso hay que calcularlo muy bien”, recuerda. “Porque si bajas horas de trabajo y reduces el salario proporcionalmente, tienes un contrato a tiempo parcial en toda regla”, advierte.

Reducir la jornada laboral “no sólo implica un cambio en el horario, sino en la forma de hacer las cosas”, recalca. “Implica analizar primero dónde está la empresa y a dónde quiere llegar: por qué quiere hacerlo, si se tienen los medios, si lo quieren los trabajadores o lo quiere el cliente”, explica. 

Para las empresas que no saben si podrán volver a abrir, no es una época propicia para hacer inventos

Por esto mismo, la crisis actual puede ser un arma de doble filo, opina Fernández. Probablemente algunas empresas cuyos empleados están trabajando menos horas se dan cuenta de que “están sacando la faena con menos días de trabajo y, después de hacer los cálculos pertinentes, ven que no es descabellado aplicar una reducción de jornada”, ilustra. “Igual que algunas empresas han descubierto que el teletrabajo funciona y que se pueden reducir las horas presenciales, quizá otras ven que están desaprovechando tiempo por algún lado y que no hace falta que todos los trabajadores estén al mismo tiempo en la oficina”, sugiere el profesor. 

No obstante, Fernández es consciente de que esta no es la prioridad actual para la mayoría de empresas en España. “Para las que no saben si podrán volver a abrir, no es una época propicia para hacer inventos”, reconoce. 

Argumentos en una y otra dirección no faltan; la diferencia es que quienes apuestan por la reducción de jornada saben que los beneficios mayor productividad ligada al bienestar de los empleados, menor gasto energético, mejor reputación— vendrán a largo plazo, y que en toda inversión hay un riesgo. 

Mientras tanto, se mantienen sobre la mesa la propuesta de la primera ministra de Nueva Zelanda, el programa de Más País y la experiencia de Software Delsol. La empresa jiennense, por su parte, trata de desmarcarse de otros ‘inventos’: “Lo nuestro no es un experimento; lo hicimos para que se quedara”.

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