Jordi Évole: "Este oficio me ha dado herramientas para vivir y disfrutar del ratito que pasamos por aquí"

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- Gracias por la espera porque sé que lleváis tiempo buscando la entrevista.

- Somos periodistas, Jordi, hay que insistir...

- Hay que buscar, hay que buscar la pelota. Quien no chuta no marca.

Con este diálogo finalizó la conversación que mantuvo el periodista Jordi Évole (Cornellá, 1974) con El HuffPost a finales de marzo, en los días previos a la emisión del programa dedicado a Belle Époque en Lo de Évole (La Sexta) con motivo del 30 aniversario del estreno de la película de Fernando Trueba.

Eran las ocho de la tarde y el presentador se conectó por videoconferencia desde su casa tras una larga jornada de trabajo que había empezado a las siete de la mañana con una entrevista a Maja, una mujer nacida en Sarajevo que llegó a España huyendo de la guerra de Bosnia (1992-1995). “He pasado tres horas que se las deseo a cualquiera que se quiera dedicar a esto. Y no era un presidente del Gobierno, un futbolista de élite o un cantante con opiniones discutibles. No era nada de eso. Era una chica que vivía en Barcelona y que el equipo ha tenido la habilidad de encontrar su testimonio. Maja nos habla de la guerra de la antigua Yugoslavia a través de un relato de su historia increíble, con un punto de vista personal, íntimo, inédito”, confesa Évole.

La historia de Maja forma parte Hijos de la guerra, el séptimo capítulo de los ocho que se han emitido de la tercera temporada de Lo de Évole y en el que los protagonistas son refugiados de guerra. “Para mí es muy importante poner a la gente en la situación que imagina que nunca va a vivir. Y creo que la guerra es justamente eso. Algo que, incluso teniéndolo a tres horas como sucede ahora con Ucrania, pensamos que no nos va a tocar. Es importantísimo empatizar con la gente que está sufriendo y viviendo un momento de su vida que va a ser determinante de cara al futuro”.

Abordar la actualidad desde otro punto de vista a través de la voz de sus protagonistas, dar tiempo a los entrevistados hasta que se encuentren cómodos como para dar un testimonio íntimo o innovar constantemente en el formato audivisual forman parte de la marca de la casa de Jordi Évole. Una casa que desde 2015 es Producciones del Barrio, la empresa responsable del espacio que conduce para La Sexta, así como de Salvados o de Encuentros Inesperados, programas que se emiten en la misma cadena.

Durante la charla, hablamos con el popular entrevistador sobre sus quehaceres en la productora, de la guerra en Ucrania y de periodismo; sobre todo del oficio de contar historias y del arte de hacer entrevistas.

No ha sido fácil conseguir esta entrevista. Nos comentan que últimamente no para. ¿Cómo es su día a día al frente de Producciones del Barrio?

Estamos en varios frentes y ahora coincide con la tercera temporada de Lo de Évole [este domingo 24 de abril se emite el penúltimo capítulo]. También hay cuestiones personales y hay que distribuirse un poco el tiempo para contentar a todo el mundo. Pero bueno, tampoco es que estemos a mil frentes porque no somos de hacer muchísimas cosas. Es más, somos de hacer poquitas cosas e intentar poner un punto de artesanía en todo lo que trabajamos para no perder el sello de Producciones del Barrio.

Es fundador de la productora y director de orquesta. ¿Cómo combina la labor creativa con la de dirigir una empresa?

Prácticamente he derivado al completo la labor de gestionar. Yo hace mucho tiempo que trabajo con el mismo equipo, gente de muchísima confianza y que sé que es muchísimo mejor que yo gestionando. Así que no estoy en esa línea de batalla. No estoy pendiente de presupuestos, ni de balances, ni de números… Y la verdad es que, hasta ahora, nunca me ha quitado el sueño y así seguimos. Estoy contento y creo que la gente de cada uno de los departamentos también lo está.

Tenemos que llegar al domingo por la noche y ofrecer otra cosa. Y eso es una obsesión para mí

¿Cómo se coordina una redacción de una productora como la suya, con varios programas en emisión a la vez, la puesta en marcha de documentales y de otros productos audiovisuales?

Intentamos que cada proyecto tenga su autonomía, con su responsable o responsables y, a partir de ahí, los que estamos al frente de la productora hacemos un pivoteo. Nos gusta que cada producto y producción tengan su propia personalidad. De esta forma, podemos diferenciar un poquito lo que hacemos, teniendo en cuenta que hay un denominador común en cada uno de nuestros proyectos: intentar hacer bien las cosas, sorprender, tratar de gustar al gran público haciendo un tipo de televisión que quizá no es para el gran público.

En programas tan seguidos como Salvados o Lo de Évole, ¿cómo escogen los temas para que tengan tanta audiencia?

Estoy en una cadena que cuando yo empecé no era tan informativa como lo es ahora. Durante nuestros comienzos, cualquier tema de actualidad que tocásemos era casi único. La Sexta, para suerte de la propia Sexta, ha cambiado mucho en eso y se ha convertido en una cadena eminentemente informativa con muchísimas horas dedicadas a la información e lunes a domingo. ¿Qué nos pasa a nosotros? Pues que cuando llega el domingo a las nueve y media tú te tengas que diferenciar. Yo no puedo seguir con lo mismo que han estado hablando programas ómnibus y trasatlánticos. de nuestra cadena como pueden ser Al Rojo Vivo, Más vale tarde, La Sexta Noche… O los informativos, o el propio Intermedio, o los domingos por la tarde con La Roca. Tenemos que llegar al domingo por la noche y ofrecer otra cosa. Y eso es una obsesión para mí.

Évole con Morad. (Photo: PRODUCCIONES DEL BARRIO)
Évole con Morad. (Photo: PRODUCCIONES DEL BARRIO)

Évole con Morad. (Photo: PRODUCCIONES DEL BARRIO)

¿Qué importancia tiene la escucha activa para dar en la tecla de temáticas y entrevistados que interesen al gran público?

La escucha activa, quien se dedica a esto del periodismo, de la comunicación, la tiene que tener puesta. Pero la tienes puesta de una manera inconsciente: tú no sabes dónde está la bolita. Yo hago el símil con eso de la bolita porque no tenemos ni idea de dónde está el interés del personal, aparte de que hay intereses muy diversos. Entonces tienes que encontrar un enfoque que contente o pueda atraer a un gran número de personas. Y no solo se trata de buscar el gran público, sino que además quieres hacer aquello. Es decir, a veces, hacer la cuadratura del círculo no es sencillo.

El periodismo no es gratuito, el periodismo no puede basarse en contar los clics que tiene una noticia

En Lo de Évole han abordado la guerra en Ucrania: ¿es complejo informar e informarse bien sobre este conflicto?

Creo que lo que estamos viviendo ahora sí que es histórico y habrá que ir siguiendo los acontecimientos e intentar entenderlos. Y, sobre todo, no quedarnos con versiones de blancos y negros, que creo que a pesar de la experiencia que el tiempo nos da para saber que los blancos y los negros nunca acaban explicando la historia -solo en muy poquitos casos-, creo que ahora nosotros también estamos recibiendo un aluvión de propaganda en la que se nos intenta simplificar mucho el conflicto. Y este conflicto es muy complicado, muy muy complicado. Y no podemos reducirlo a buenos y malos, y tampoco podemos simplificarlo a tú con quién vas. Esto no es un partido de fútbol. Evidentemente hay una actuación por parte de Rusia que yo creo que un porcentaje altísimo de la población rechaza, pero a partir de ahí, bueno, pues no sé, que una chica rusa que esté estudiando en España y no pueda hacer uso de sus cuentas corrientes para seguir pagándose los estudios aquí, pues... ¿Eso es el camino? Bueno, pues como mínimo planteárselo, no está de más.

En la era de la sobreinformación, ¿qué papel están cumpliendo los medios con la cobertura de la guerra?

Creo que estamos en un momento muy delicado, y llevamos años así. Por un lado, hemos acostumbrado al lector, al oyente, al espectador, a consumir todo tipo de información gratis. Creo que en eso los grandes medios se han puesto las pilas y a día de hoy hay que pagar por los contenidos exclusivos que tienen esos medios. Para mí eso es un tipo de aprendizaje imprescindible que tiene que tener la población. El periodismo no es gratuito, el periodismo no puede basarse en contar los clics que tiene una noticia.

Por otro lado, nosotros, como profesionales, no podemos exponer un titular grandilocuente y tramposo muchas veces para que el lector vaya ahí. Y es es un trabajo que forma parte del compromiso con lo que hacemos. Y no creo que lo estemos cumpliendo últimamente… Todos intentamos llamar la atención de una manera u otra para que te vengan a ver a ti, para que te vengan a leer a ti. Y eso es muy peligroso. Intentar contabilizar como estamos contabilizando absolutamente todo en el periodismo, para mí es algo que va a acabar muy mal. Va a acabar muy mal y espero que haya una selección natural de lo que es realmente potable en esta especie de inundación informativa. Que la información potable acabe siendo la que triunfe, pero es que a veces no lo tengo muy claro que sea así.

A pesar del riesgo, ¿es más importante que nunca que haya periodistas en Ucrania?

Sobre todo, para intentar entender cómo se está viviendo allí el día a día. O sea, los grandes titulares, las grandes negociaciones entre las grandes potencias, y también entre Ucrania y la propia Rusia, te puede llegar a través de agencias y de muchos medios. Pero otra cosa es el reportaje o la crónica de lo que está pasando a pie de calle.

Por ejemplo, hace unos días leía en La Vanguardia a Joaquín Luna que escribía sobre cómo se estaban llevando a cabo entierros masivos en muy poco tiempo. Qué está pasando entre la gente que está decidiendo quedarse en los refugios y no huir de su ciudad. No sé, hay toda una serie de historias pequeñitas que te acaban explicando un conflicto tan grande que si no hubiese periodistas al pie del cañón, sería imposible de contar.

Jordi Évole, en el programa con Rosa López. (Photo: PRODUCCIONES DEL BARRIO)
Jordi Évole, en el programa con Rosa López. (Photo: PRODUCCIONES DEL BARRIO)

Jordi Évole, en el programa con Rosa López. (Photo: PRODUCCIONES DEL BARRIO)

Además de la escucha activa y pisar terreno, ¿cree que la curiosidad es la cualidad principal que debe tener un periodista?

Yo creo que es imprescindible. Es imprescindible que tú vayas a hacer un reportaje con una documentación leída, con una preparación, pero cuando llegas al lugar de los hechos o te pones en frente de la persona en cuestión, ahí tiene que surgir la espontaneidad, tiene que surgir la magia. El estar pendiente de lo que te está diciendo el otro o de algo que quizá tú no pensabas y que te rompa los esquemas. No podemos ir a los sitios a hacer entrevistas, reportajes o documentales y pretender que lo que tú has escrito en un papel es lo que vaya a salir luego. Si eso te lo planteas así, pues no sé, dedícate a la matemática, pero no te dediques a esto porque esto no es una ciencia exacta.

Mantiene un público fiel desde hace tiempo y consigue grandes cuotas de pantalla con protagonistas que no suelen aparecer en prime time, como ha pasado en la tercera temporada de Lo de Évole con Morad, Megan Maxwell o José Elías.¿Se considera un privilegiado por contar estas historias?

Bueno, absolutamente, es que no me puedo sentir de otra manera. Es que lo soy. Es que seguramente soy de los periodistas más afortunados de este país porque, primero, hacemos lo que queremos y apostamos por temas por los que a veces es difícil apostar, tiramos por ahí y el personal nos sigue. Lo disfrutamos, estamos haciendo ahora mismo unos diez o doce programas al año con Lo de Évole. Y eso es un lujazo enorme.

Además, tengo un equipazo detrás que lo podría tener cualquier gran medio de comunicación en una de sus secciones. Es un cuerpo de profesionales muy importante y muy talentoso. Y no sé, esos son los ingredientes que hacen que, a pesar del paso del tiempo, llegue un domingo en el que juegan el Real Madrid contra el Barça y emitamos un capítulo en el que hablamos del éxito y del fracaso a través del caso de Rosa López y resulta que fue un programa muy visto. No sé, ese tipo de cosas son las que nos hacen tener mucha ilusión por lo que hacemos.

Y por el tiempo que le han concedido sus entrevistados, ¿también se siente un afortunado?

Bueno, eso es de una generosidad extrema porque nadie porque prácticamente nadie tenía la obligación de dedicarme ese tiempo y nos lo han regalado. Además, somos muy pesados cuando hacemos las entrevistas. Yo he aprendido tanto dedicándome a este oficio... Pero más allá de datos, de historia, de la economía, que también, de lo que más he aprendido es de la vida. A mí, este oficio me ha dado herramientas para vivir e intentar disfrutar cada vez más del ratito que pasamos por aquí.

Estoy loquísimo por entrevistar al Robe de Extremoduro

¿Vale la pena perder una amistad por una gran entrevista?

En casos muy excepcionales creo que pueda valer la pena perder amistades por una entrevista. No creo que sea tan importante la entrevista como para perder una amistad. En el caso de que tengas que revelar algo muy fundamental de un crimen o algo relevante para la historia de la humanidad, pues hombre, ahí sí que te diría que vale la pena meterse en el berenjenal. Pero por una entrevista por ejemplo, como la que le hicimos a Miguel Bosé, desde luego que no vale la pena. No sé, el tipo de relación social en la que yo me siento cómodo no pasa por ahí. Y no quiere decir que seas un hipócrita o que no le puedas decir a Miguel Bosé lo que tú piensas de un tema, en este caso como la pandemia, pero se lo diría perfectamente a nivel privado. Pero si decirlo a nivel público tiene que llevarte al problema de que ya no os volvéis a hablar, para mí eso no compensa. Creo que en la vida hay cosas mucho más importantes que una entrevista.

¿Todavía se le resiste algún posible entrevistado?

Estoy loquísimo por entrevistar al Robe de Extremoduro. De hecho, el otro día comentaba medio en broma y medio en serio que para mí los dos grandes protagonistas de esta temporada tendrían que ser Putin y el Robe. En ese abanico y transversalidad nos movemos.

Por supuesto que entrevistar ahora a Putin sería lo soñado por cualquiera, pero en el Robe no se piensa tanto. Para mí Robe es un tipo que ha marcado generacionalmente a muchísima gente de nuestro país. Además, la ha marcado con un tipo de poesía reivindicativa y que, a pesar de ser muy alternativa, no dejó de ser popular, transversal y llenó plazas de toros o campos de fútbol. Hay mucho encanto en eso. No sé si lo conseguiré, pero vamos a por ello. Es un hombre que da muy pocas entrevistas. También es de esos caprichos que tú te quieres dar como periodista. Esta es una profesión que te permite entrar hasta la cocina en sitios que de ninguna otra manera lo podrías lograr.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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