Jofre Carnicer, ecólogo: “Un Ministerio no lo puede resolver todo, es un reto de todos”

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Jofre Carnicer, en la Universitat de Barcelona. (Photo: CEDIDA)
Jofre Carnicer, en la Universitat de Barcelona. (Photo: CEDIDA)

Jofre Carnicer, en la Universitat de Barcelona. (Photo: CEDIDA)

Jofre Carnicer es investigador del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), profesor de Ecología en la Universidad de Barcelona y coautor del último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). Cuando atiende por teléfono a El HuffPost, Carnicer está en una fiesta de cumpleaños infantil y agradece, entre bromas, poder ‘desconectar’ un rato de esa otra faceta de su vida.

Mientras tanto, España arde, por los incendios –que en pocos días han arrasado más de 80.000 hectáreas– y por la segunda ola de calor en menos de un mes, considerada la más extrema desde que existen registros. No todo es cambio climático, pero una buena parte sí.  

Carnicer sabe lo difícil que suele ser, como científico, comunicar sobre la emergencia climática. No es fácil hacer llegar ideas complejas a la población a través de mensajes sencillos, claros y directos. Por eso a él le gusta enfatizar en “los grises”; esto es, no todo está perdido, pero obviamente hay trabajo por hacer, no todo depende del individuo, pero las decisiones individuales también cuentan.

“Cada acción importa”, afirma rotundo Carnicer. “Aunque sabemos que el riesgo global es muy grande, y no lo haremos con excelencia, lo que hagamos de forma individual nos conducirá a un clima un poquito mejor para nosotros y para las generaciones que vienen”, defiende. Al ecólogo le parece “muy importante promover la acción, aunque pensemos que no es toda la que quisiéramos o la que pudiéramos necesitar”.

Aunque sabemos que el peligro global es muy grande, lo que hagamos de forma individual nos conducirá a un clima un poquito mejor

Aclara Carnicer, en todo caso, que combatir la crisis climática es algo “difícil, que se necesita tiempo”, pero también que “se están haciendo cosas, aunque sean mejorables”. “No todo es un desastre. Se pueden cambiar cosas, pero hay que seguir trabajando”, incide. A veces la población también necesita este tipo de mensajes para no hundirse en la ‘ecoansiedad’, el desánimo y la parálisis frente a un presente ya algo sombrío.

¿Es normal lo que estamos viendo este año con los incendios?

Hay ciertos indicios en Europa, y concretamente un estudio que publicamos hace unos días, que nos dicen que hemos pasado de un cambio en el riesgo de incendios –sabíamos que el riesgo meteorológico estaba aumentando– a un cambio en el régimen de impactos. Es decir, sabíamos que teníamos un riesgo creciente de incendios, pero se ha observado en varios sitios del planeta –Australia, oeste de EEUU– que, cuando ya tienes un incremento sustancial del riesgo meteorológico, se puede dar también un cambio en el régimen de impactos. Parece que esto podría estar empezando a observarse en Europa.

En Europa se está empezando a observar un cambio en el régimen de impactos de los incendios

¿Esto tiene que ver con los conocidos como ‘incendios de sexta generación’, que parecen más explosivos?

No necesariamente, pero también es cierto que el aumento del riesgo meteorológico favorece este tipo de incendios, y también las grandes superficies continuas forestales. Es una mezcla de la disponibilidad de grandes masas de combustible con sequías hidrológicas, olas de calor… También el cambio climático puede favorecer las tormentas secas, que aumentan el número de igniciones. Son un conjunto de factores que crean nuevas tipologías de incendios que son más virulentos, con fenómenos convectivos, que los hacen más peligrosos. 

¿Cómo habría que abordar este ‘nuevo’ panorama?

Hay varias líneas de acción. A largo plazo –en 10 o 20 años– deberíamos reducir muy sustantivamente y de manera urgente las emisiones de gases de efecto invernadero, porque hay muchos estudios que indican que con un aumento menor de la temperatura global también tendríamos un riesgo menor de los impactos y la severidad del régimen de los incendios. Esto quiere decir: intentar cooperar globalmente para tratar de reducir a la mitad las emisiones de gases de efecto invernadero en una década. Mitigar el cambio climático también es una forma de reducir este problema, y esta sería una dirección.

La otra es actuar sobre estas grandes masas de combustible, de estos bosques, que se han generalizado en Europa porque mucha gente se ha ido a vivir a las ciudades, porque se ha intensificado la agricultura, porque hemos abandonado muchas partes de los bosques, y parte del territorio se ha reforestado y se ha densificado progresivamente. También hay una oportunidad de gestionar mosaicos territoriales fomentando esquemas agroforestales sostenibles, así como con la extracción y usos de la madera sostenibles. Y luego, reforzar la educación y la gestión preventiva del territorio. Las sociedades pueden hacer mucho.

Mitigar el cambio climático también es una forma de reducir el problema de los incendios

Estos días se habla mucho, precisamente, de la importancia de la prevención de incendios. Cuando no es verano, ¿qué se debería hacer?

Desarrollar políticas con agentes regionales, locales, incluso nacionales, de promoción de una nueva bioeconomía y de gestión forestal. La madera tiene diferentes aplicaciones en formas de construcción sostenible y en usos energéticos de la biomasa. Sería sensato recuperar proyectos de ganadería extensiva, redes de consumo local, fomento de la soberanía alimentaria, de los parques agroforestales o infraestructuras verdes en los entornos periurbanos. Y gestionar el bosque, reduciendo la carga de biomasa, en áreas periurbanas y de urbanización dispersa para reducir los riesgos. Todo esto habrá que hacerlo con decisión, pero también progresivamente y siguiendo estrategias forestales sostenibles a largo plazo. Los cambios también necesitan tiempo y planificación. 

¿Se están llevando ya a cabo este tipo de cambios?

Sí, sí. Hay muchas iniciativas en marcha en España y en Europa, aunque habría que hacer un escalado. Lo que estamos haciendo ahora es todavía un poco incipiente, pero hay vías y sendas trazadas. 

Los bosques de castaño pueden actuar como cortafuegos. Los eucaliptos, más bien al revés

¿Qué papel tiene el tipo de vegetación en el riesgo de incendios? 

Por investigaciones de expertos como Juli Pausas se sabe que hay plantas que son pirófitas, están adaptadas al fuego y pueden fomentar un mayor riesgo de incendio, y otras, como los bosques de castaño, que incluso pueden actuar como cortafuegos. Hay muchos investigadores pioneros en España sobre la ecología del fuego reconocidos internacionalmente.

¿Qué ocurre con los eucaliptos? 

Pueden ser problemáticos en cuanto a la gestión forestal y el riesgo del fuego. No es una especie que reduzca el riesgo de incendios, sino más bien al revés. Son especies australianas, de un continente que también tiene un régimen de incendios notable y tienen adaptaciones al fuego, en este sentido. Consumen una cantidad notable de recursos hídricos debido a su rápido crecimiento, tienen una alta capacidad de regenerarse después de un incendio y competir con la vegetación nativa y producen hojas con alto contenido en compuestos inflamables, como terpenos y sesquiterpenos.

La ministra Teresa Ribera está haciendo un buen trabajo. Pero la mayoría de la ciudadanía desconoce las políticas climáticas e iniciativas legislativas en marcha

Estos días, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha sido tajante en sus declaraciones desde las zonas de incendios, advirtiendo claramente de que “el cambio climático mata”. Más allá de estas afirmaciones, ¿el Gobierno se está moviendo en este sentido? 

Hay bastante movimiento. Creo que la ministra [de Transición Ecológica] Teresa Ribera está haciendo un buen trabajo, es una persona profesional. En este ámbito, es también muy reconocida fuera. Todo es mejorable, pero tanto la Oficina Española de Cambio Climático como el Ministerio de Transición Ecológica han sacado adelante el Plan nacional integrado de energía y clima –se hizo en Europa, pero España fue uno de los países más ambiciosos–, se ha hecho la Ley de cambio climático, están desarrollando la Estrategia del hidrógeno verde, y hay muchas más medidas en marcha. En el ámbito europeo, siempre han ido a poner el listón alto. Pero un Ministerio no lo puede resolver todo, es un reto de todos. Y es un reto grande, multisectorial y complejo.

No pintaría un escenario fantástico, pero tampoco un desastre. Hay grises.  Se necesita un poco de esperanza, aunque también haya críticas a los programas gubernamentales hechos, y un debate crítico de fondo en torno al decrecimiento y los límites materiales y ecológicos al crecimiento económico continuo. Siempre se puede subir el listón de ambición y proponer cambios y nuevas iniciativas, pero primero debemos conocer bien y estudiar en detalle los programas y acciones ya en marcha, ver sus limitaciones, y entender la dificultad de los retos climáticos. La mayoría de la ciudadanía desconoce las políticas climáticas e iniciativas legislativas y planes en marcha, hay que amplificar en lo posible un debate complejo, coral y bien informado, evitando la simplificación excesiva, la desinformación y la polarización social en temas que son de alta complejidad.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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