En Jerusalén, la fobia y la violencia atraviesan las vidas de personas LGBTIQ+

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Las personas gays, lesbianas, bisexuales, transgénero o queer son a menudo víctimas de agresiones que van desde insultos o miradas hostiles hasta ataques físicos. En una ciudad marcada por el conservadurismo y la diversidad de religiones, el colectivo lucha a diario por defender su lugar. Pese a todo, esta comunidad, pequeña pero unida, celebra en 2022 los 20 años de su Marcha del Orgullo con el deseo de que, dentro de dos décadas, ya no sea necesario seguir reclamando.

Una manifestación en la céntrica calle de Jaffa, en pleno día en Jerusalén Oeste, fue el escenario en el que agredieron a Nadav Schwartz. Motivado porque un "rabino había dicho cosas horribles sobre la comunidad LGBTIQ+", este docente homosexual decidió, junto a otros compañeros, ofrecerse voluntario para organizar una protesta y demostrar "que pueden hablar con nosotros".

Con banderas y carteles, invitaban a que cualquier transeúnte –fuera cristiano, llevara el sombrero shtreimel de ultraortodoxo judío o vistiera galabiya árabe– les hiciera preguntas. Sin embargo, algunas respuestas no fueron las esperadas. "La gente se enojó mucho, algunas personas intentaron robarnos carteles", rememora a cámara Nadav dibujando con gestos el pasado.

El punto culminante lo protagonizó un joven que, tras rondar la protesta, "empezó a ser más y más agresivo, a decir cosas homofóbicas", hasta que "nos empezó a maldecir y me escupió en los pies (...) solo porque yo era algo con lo que él no podía lidiar".

Si hoy Nadav lo defiende es porque considera que "este 'niño' no entendía lo que estaba haciendo, sino que arrastraba lo que otras personas le dijeron que tenía que pensar sobre las personas LGBTIQ+".

Nacido cerca de Tel Aviv pero residente jerosolimitano desde hace 20 años, Nadav no tenía por qué gastar tiempo y energía en explicaciones. Pero como educador quiso hacerle frente a esta violencia y 'LGBTIfobia', que en Israel se denuncian cada tres horas.

No son todas las que ocurren –ni el dato contempla las de Jerusalén Este o los territorios palestinos– aunque la asociación israelí Aguda para la igualdad de la comunidad ha reportado, solo basándose en denuncias, un aumento del 10% de las agresiones o discriminaciones, como mínimo 2.971 casos entre 2020 y 2021.

Desde quema de banderas hasta ataques en viviendas y coches

En marzo pasado, un testimonio con pareja homosexual explicó que una noche les arrojaron una piedra por la ventana, mientras preparaban una cena en motivo del descanso del Shabbat. El autor, un estudiante judío del centro de estudios (o Yeshivá) de enfrente, por poco no golpea la cabeza de su novio.

Dos semanas después, al regresar a casa, otros jóvenes de la escuela invadieron su propiedad por el jardín y los maldijeron y amenazaron gritando "fuera de aquí, Jerusalén no es para ustedes; Jerusalén necesita ser purificada de todos los gays".

"Muchas personas tienen miedo de caminar por las calles porque la violencia es real aquí, específicamente contra la comunidad LGBTIQ+", afirma Alon Shachar, director ejecutivo de Jerusalem Open House for Pride and Tolerance (en español, Casa Abierta de Jerusalén para el Orgullo y la Tolerancia), quien prosigue que "si cuelgas una bandera arcoíris en tu puerta o balcón, la gente te la quita; alguien nos contó (en el centro) que le quemaron la bandera de su balcón. Le pasó también a dos mujeres, alguien entró a su coche y dejó escrito 'fuera lesbianas, no las queremos aquí'".

En el mes del 'Pride', y con motivo de la Marcha del Orgullo en Jerusalén Oeste que organizó por vigésima vez la Open House, símbolos y banderas arcoíris o rosadas son más visibles. Sobre todo, en cada fecha de festejo y reivindicación. Pero el resto del año –por agresión o prevención–, no abundan en la urbe apodada santa por indiscutiblemente religiosa y conservadora, pero con intolerancia hacia el 10% de su población, que es gay, lesbiana, bisexual, transgénero, intersexual o queer, entre otros pronombres e identificaciones.

Y si se es gay, lesbiana, bisexual, transgénero o queer de origen palestino o árabe, la intolerancia es doble.

"Caminar de la mano no es tan fácil. A veces recibes gritos o te maldicen, te miran (...) A mí y a otros nos han rechazado el alquiler de casas porque nos presentamos como homosexuales. Hay otras agresiones físicas, gente que te escupe o que te grita que te bajes del autobús", complementa Nadav.

Al día siguiente de entrevistarlo, los partícipes de la Marcha del Orgullo llenaron de flores la imagen de Shira Banki. En el desfile de 2015, la adolescente de 16 años fue asesinada con cuchillo por un ultraortodoxo judío que también hirió a otras personas. Hoy encarcelado, no era la primera vez que atacaba de este modo en un desfile del Orgullo, pero el asesinato de Banki fue y es hasta la fecha el ataque más grave que se ha visto en Jerusalén contra la comunidad y ha acarreado una militarización de todo el evento, con agentes de paisano y francotiradores en los tejados del recorrido.

Pese a las agresiones, Nadav defiende Jerusalén: "Es nuestro lugar"

Aún habiendo sufrido varias malas experiencias Nadav Schwartz, judío homosexual, es un ferviente defensor de la ciudad. "No es tan malo como parece", asegura y, para matizar, aclara que "hay muchas cosas buenas también (...) hay gente que nos da su amor".

Entre los aspectos positivos destaca no solo la labor del centro comunitario Open House –que desde 1997 cubre las necesidades desatendidas del colectivo–, sino la fortaleza de la propia comunidad, porque si bien es "pequeña" es "muy unida", y en ella nadie "tiene que pelear por su identidad, todos son aceptados".

En particular, como creyente del judaísmo, Nadav convive con un grupo que es "parecido a una familia". "En Jerusalén encontramos nuestro lugar", insiste desde lo religioso: "Tengo muchos amigos que vienen aquí y que pueden expresar su identidad como religiosos LGBTIQ. Incluso con el lado negativo, el único lugar [en el que pueden hacerlo] es Jerusalén".

Al tratar de comprender el por qué de las tensiones, fobias y violencias, Schwartz lo atribuye a la diversidad de la población jerosolimitana, con "personas de diferentes identidades, religiones", lo cual "genera tensiones porque cada uno quiere encontrar su lugar (...) Siempre hay una pelea, una lucha por el espacio, el dominio público de Jerusalén", justifica.

Nadav también rechaza vincular la hostilidad a las personas LGBTIQ+ con la religión: "Hay gente que dice que está en contra por motivos religiosos y no creo que sea así. Creo que es por razones históricas o de sociedad. Porque el judaísmo en sí cree en la aceptación", subraya para France 24.

En ese sentido, recuerda conversaciones con detractores, en las que les planteó la paradoja de aceptar a una persona con menos compromiso con su fe y rechazar a creyentes solo por ser gay, trans o queer. "En ese momento cambian su pensamiento y dicen 'está bien, no te acepto, pero no sé por qué'. Y de a poco se van dando cuenta que quizás hay otra manera, que pueden ser amables. Y eso es lo único que pido a veces, que sean amables", sentencia.

En la misma línea, Alon Shachar –también judío y que se sabe de apariencia 'heteronormativa', alguien que por su aspecto jamás recibiría las malas miradas que oye en Open House–, admite que la manera "más fácil" de abordar la violencia sería culpar al "componente religioso" que tiene Jerusalén.

Pero, prosigue, "no estoy seguro de que eso sea correcto" ya que las agresiones provienen de "gente que piensa que no deberíamos ser parte de esta sociedad (...) Estas personas a veces son religiosas y a veces no".

El inexistente apoyo de la Municipalidad de Jerusalén, la otra gran dificultad

Si se mide con el resto de Medio Oriente, a nivel internacional Israel es considerado pionero en derechos LGBTIQ+. En el territorio las relaciones homosexuales fueron despenalizadas en 1988, la discriminación por orientación sexual es ilegal y, aunque el matrimonio entre personas del mismo sexo no está permitido, en el Estado hebreo se reconocen las uniones efectuadas en el extranjero.

En este mapa de situación, Tel Aviv no escapa de la violencia y la discriminación extendida en Israel, pero sí es una ciudad emblema para la comunidad, por distintas razones. Su Marcha del Orgullo –que se desarrolla desde 1993 y atrae a cientos de miles de personas– es organizada y financiada por la Municipalidad local, así como el centro comunitario LGBTIQ+.

Lo que marca un claro contraste con Jerusalén. Desde Open House, Alon critica que el gobierno local "no apoya realmente a nuestra comunidad". Las autoridades no reúnen datos de ataques fóbicos; mientras que el desfile anual no recibe ningún respaldo económico de fondos municipales, sino que se desarrolla gracias a donantes y otros recursos del centro comunitario.

"[La Marcha del Orgullo] no la publicitan, incluso organizan otros grandes eventos al mismo tiempo. Lo único que hace [la Municipalidad] es dejarnos usar los parques públicos", reclama Alon.

Pero todos estos obstáculos no han evitado que la JOH efectúe su desfile desde 2002, con la sola excepción de 2020, por la pandemia de Covid-19. A lo largo de veinte desafiantes ediciones, los miembros del colectivo se han volcado para reclamar igualdad y respeto en una ciudad que de por sí protagoniza otras violencias y discriminaciones contra los palestinos.

Casi sin excepción debieron enfrentarse a movilizaciones paralelas de ultrarreligiosos que les expresan su rechazo. Aunque en esta edición 2022, la contraprotesta fue bastante reducida.

Así, el mensaje de Alon Shachar para los próximos 20 años es claro: "Deseo que no necesitemos la marcha dentro de 20 años. Que la igualdad sea realidad y que no haya violencia ni discriminación". Pese a algunos avances, el camino en Jerusalén todavía es largo para que el sueño de Alon se cumpla.

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