Jean Claude Van-Damme hace el ridículo en su última película para Netflix

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Hace tiempo que Jean Claude Van-Damme encontró una vía de subsistencia en reírse de sí mismo. Varias de las películas, series e incluso comerciales que pueblan su escasa filmografía reciente, recurren al auto homenaje y la autoparodia para llegar a su público. Y es que la estrella conocida como el "músculos de Bruselas" nunca terminó de reflotar su carrera alcanzando a otras generaciones. Su audiencia es la misma de los 90s y su modus operandi es tirar de nostalgia paródica.

Pero después de repetirse hasta la saciedad y sin alcanzar el éxito, repite la táctica en su primera película para Netflix, El último mercenario. Sin embargo, aquello que hasta hace poco nos provocaba gracia y hasta cierta ternura nostálgica, hoy comienza a rozar el ridículo.

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Cómo olvidar la rivalidad de testosterona que los cinéfilos vivimos entre los 80s y 90s. Mientras Sylvester Stallone y Arnold Schwarzenegger marcaban el duelo en el cine de acción, detrás de ellos había una estela secundaria centrada en las artes marciales que protagonizaron Jean-Claude Van Damme, Steven Seagal, Jackie Chan y Wesley Snipes. El fenómeno hizo que los dos primeros llegaran a mover montañas con sus éxitos, convirtiéndose en fenómenos del VHS y en temas de conversación entre espectadores.

Jean-Claude dejó huella con sus dramas de acción centrados en venganzas edulcoradas con corazón, y con un estilo más elástico y fluido en sus secuencias luchadoras, marcando una diferencia sensible y efectiva con sus rivales en el género. Retroceder nunca, rendirse jamás, Kickboxer, Lionheart: el luchador o Soldado Universal fueron algunos de los títulos convertidos en clásicos instantáneos. Sin embargo, el actor de 60 años nunca supo renovarse como otros de sus rivales y encontró una manera de mantenerse en el candelero en 2008 cuando protagonizó JCVD, una magnífica comedia dramática belga donde dejaba caer la máscara de la fama y se interpretaba a sí mismo volviendo a casa tras la caída del firmamento de las estrellas. En aquella película se burlaba de su legado como héroe de acción y realizaba una confesión sublime ante la cámara sobre los excesos y la decepción interna.

Sin embargo, la película no consiguió traspasar fronteras ni transformar su legado como se esperaba. Pero sirvió para marcar un antes y un después, descubriendo que centrándose en sus características más reconocidas como actor podía mantener a su público nostálgico interesado. Y sí, causó gracia por un tiempo. Por ejemplo, cuando recurrió a la elasticidad de sus piernas entre camiones para un comercial de Volvo, o se convirtió en héroe de acción cómico -parodiándose de nuevo- en la serie cancelada de Amazon, Jean-Claude Van-Johnson (2016).

Pero a juzgar por el tráiler de su película para Netflix, a sus 60 años vuelve a lo mismo. Es como si ya no hubiera renovación que valga y su carrera actual se resumiera en meramente mantenerse en el candelero, sin innovar o sorprender. 

En el tráiler de El último mercenario lo vemos abierto de piernas de par en par (otra vez), bailando de nuevo homenajeando su propio meme viral de Kickboxer. Y una vez más interpreta a un personaje que roza lo paródico, con disfraces ridículos y secuencias de acción que lo convierten en el hazmerreír del género.

¿Quién nos hubiera dichos en los 90s que Jean-Claude Van Damme, aquel héroe musculoso de patadas imposibles, terminaría convirtiéndose en una parodia de sí mismo? Lamentablemente, y aunque me duela decirlo tras haber sido de sus seguidoras fieles en los videoclubs de los 90s, Jean-Claude empieza a aburrir y su táctica paródica está pasando factura.

Es cierto que al actor no le quedó más remedio que tomar este camino. Logró alcanzar la cima después de haber llegado a Hollywood con 22 años y 2.500 euros en el bolsillo, subsistiendo como repartidor de pizzas, instructor de aerobic, limpiador de alfombras o chófer de limusinas. Utilizó su primer salario importante por Contacto sangriento para viajar él mismo a Malasia y París a promocionar la película. Su meta era el éxito y lo obtuvo. Se convirtió en héroe de acción y en sex symbol al mismo tiempo, sin embargo las adicciones, excesos y su ambición lo llevaron a una caída en picado. Sufrió vigorexia (obsesión con el estado físico) y llegó a exigir 50 millones a Columbia por un contrato de tres películas cuando le habían ofrecido 30, y solo porque quería igualar al actor mejor pagado del momento, Jim Carrey. Pero lo pusieron en una lista negra y fue entonces cuando su carrera terminó, según admitió él mismo a The Guardian.

Jean-Claude Van Damme en El último mercenario (Alois Maillet, cortesía de Netflix)
Jean-Claude Van Damme en El último mercenario (Alois Maillet, cortesía de Netflix)

Por aquel entonces, llegó a gastar 8.500 euros al día en cocaína, mientras vivía una vida opulenta con alquileres de 10.000 euros al mes y su matrimonio con Darcy LaPier se iba a pique. Le diagnosticaron un trastorno bipolar y su carrera quedó sepultada (Biography)

Y así, en lugar de renovarse, encontró una vía de salvación riéndose de sí mismo como método para exprimir la vena nostálgica de su público. Pero, lamentablemente, no todo vale para seguir vigente y Jean-Claude parece haber olvidado que la efectividad de la nostalgia no es eterna. Que existe una delgada línea entre la parodia y el ridículo. Y él hace tiempo que la ha cruzado.

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