Javier Mariscal: "Cobi representa a un momento muy feliz, donde la ciudadanía y los políticos colaboraron"

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El dibujante Javier Mariscal, hace unos días en Santander, donde protagoniza una exposición con motivo del 150 aniversario del puerto de la ciudad. (Photo: Celia Agüero / EFE)
El dibujante Javier Mariscal, hace unos días en Santander, donde protagoniza una exposición con motivo del 150 aniversario del puerto de la ciudad. (Photo: Celia Agüero / EFE)

El dibujante Javier Mariscal, hace unos días en Santander, donde protagoniza una exposición con motivo del 150 aniversario del puerto de la ciudad. (Photo: Celia Agüero / EFE)

1992 es un año marcado en letras doradas para la historia reciente de nuestro país. Al son de la rumba del Amigos para siempre, de Los Manolos, España se subía al AVE y entraba en el futuro primero con la Expo de Sevilla y, después, con los Juegos Olímpicos de Barcelona.

Su mascota era Cobi, un perro —aunque muchos no lo sepan—, al que Javier Mariscal (Almassora, 1950) humanizó (y mucho). “Cobi hacía el deporte como hacemos cualquiera de nosotros”, explica en conversación telefónica con El HuffPost apenas unos días antes del 30º aniversario de Barcelona 92 para recordar cómo lo creó.

Pese a lo “maravilloso” que le parecía la celebración de la cita olímpica, señala que esperaba no ganar el concurso en el que Cobi fue elegido como símbolo y reivindica a Petra, una de sus propuestas descartadas que recicló como para los Paralímpicos, al tiempo que admite que no ha prestado mucha atención a las mascotas que han venido detrás.

El dibujante, que piensa que Cobi ha madurado bien, ni se plantea la jubilación porque para él ir al estudio es sinónimo de divertirse. Tanto, que se le ilumina la voz al hablar del proyecto en el que tantas horas ha echado junto a Fernando Trueba, una película que aún no ha visto la luz.

¿Qué siente al pensar que hace ya 30 años de Barcelona 92?

La verdad es que no sé si tengo sentimientos, me es muy difícil a la mañana responder a estas cosas. Fue un momento maravilloso y estas cosas.

Se dice que los Juegos Olímpicos marcaron la entrada de España en la modernidad. ¿Era Cobi también rompedor?

Yo no lo puedo decir esto, es como decir que mi hijo, que lo es, es el más guapo del mundo. Y mi nieta, pues es maravillosa.

Es un tanto curioso porque es una mascota olímpica pero de músculos nada, es más bien una figura redondita...

Lo chulo del deporte es que aprendes en el colegio a cooperar, a mover los músculos de los brazos cuando nadas, a saber flotar, a darle a la pelota y pasársela a otro para que meta el gol... ese tipo de cosas. Cobi hacía el deporte como hacemos cualquiera de nosotros; yo voy todos los días en bici. Pero no, no era un atleta de élite. Era como un ciudadano normal que de repente ‘¡Va, vamos a hacer una partidita’. Pues sí’.

¿Qué recuerda del concurso en el que lo eligieron? ¿Tuvo la corazonada de que podía ganar?

Yo esperaba no ganar porque siempre he sido como no oficial y me daba terror representar a los Juegos, por más que me parecía maravilloso que se hicieran. Me parecía también maravilloso el espíritu de innovación, de riesgo, de las ganas de tenía todo el mundo de ayudar... Fíjate los voluntarios, la cantidad de gente que se apuntó, currando a lo bestia en todo para que la organización funcionara. Todos queríamos que los Juegos salieran bien, pero yo preferiría que la mascota la hubiera hecho por ejemplo mi amigo Peret. Pero bueno, me tocó a mí y dije ‘Bueno, qué le vamos a hacer’. Pero no tenía ninguna corazonada, si acaso la corazonada, que se la dieran a mi amigo Peret, que es buenísimo, y yo lo que hago son mamarrachos.

Me daba terror representar a los Juegos

Pero mucha gente le tiene cariño a Cobi, ¿dónde cree usted que reside su éxito?

En que representa a un momento muy feliz, donde la ciudadanía, los políticos, las instituciones, como decía, todos colaboraron. Vázquez Montalbán, que era muy inteligente, dijo una vez “Barcelona es una ciudad del norte en un país del sur”. En el norte saben organizar las cosas: a las 12:45 la pistola del juez ‘¡Pam!’, los atletas salen y los periodistas tienen la señal de televisión y todo funciona, pero luego todo el mundo se va a la calle y hay fiestas. Hay una parte de la fiesta, de la locura del sur, y una parte de la organización y de la mentalidad cuadriculada del norte. Y esa fusión, gracias a Dios, Barcelona la tiene.

¿Cómo le vino en su día la idea de que Cobi fuera un perro?

Fue una idea a partir del Comité Olímpico de Barcelona. Había un alcalde que no paraba de promocionar el gos d’atura, que es un perro catalán, pastor, muy simpático que hay en los Pirineos. Dijeron, ‘hombre, podríais inspiraros a partir de este perro’. Y claro, un perro no podía ser, no puede tener cuatro patas: tiene que ir en bicicleta, a caballo, tiene que levantar pesos... Lo humanicé, como a cualquier mascota y, a partir de ahí, con tanto pelo parecía un oso, así como un monstruo. Entonces, lo llevé a la peluquería, le quité todos los pelos y apareció esta silueta de personaje.

Pensé que tenía que ser un personaje, que no tenía que tener la expresión congelada sonriente de relaciones públicas que siempre está contento aunque su madre se le ha muerto. Era importante que tuviera expresiones también de estar triste o hasta enfadado. Y, por supuesto, alegre, contento, simpático, pero también hasta deprimido. En los últimos juegos de Tokio hubo un atleta que no pudo participar porque tenía una gran depresión. Está bien reivindicar también que los lunes... o por ejemplo hoy por la mañana no tengo muy buen día.

¿Cuáles fueron sus propuestas descartadas?

Una gamba, una especie de punki y una especie de Petra que luego la reciclé para hacer la mascota de los Juegos Paralímpicos. Nunca se habla de Petra y es una mascota interesante.

Se aleja un poco de esa imagen de la discapacidad en silla de ruedas que se tenía hasta el momento, ¿quizá?

Sí. En comunicación visual hay una ley fundamental que es sorprender. Normalmente el signo de paralímpicos es la silla de ruedas, o en cualquier parking... Al poner la representante de paralímpicos, que no va a ir en silla de ruedas sino que aparte tiene dos piernas maravillosas dices ‘¡Uy! ¿Esto qué es? Esta no es paralímpica’. ‘¡Dios mío, no tiene brazos!, ¿cómo podrá comer? ¿Cómo podrá ir al váter? ¿Cómo podrá hacerse un café?’ Pues conocí a un chico chileno que vino al estudio y no tenía brazos. Me dijo ‘Soy Petra’. Y comía con una elegancia, se servía el té, abría su casa con las llaves... todo. Era autónomo 100%. Dibujaba muy bien con los pies. ¡Maravilloso!

Con Petra pensé que así tenías una reflexión y aparte también, al meterme dentro del mundo de los paralímpicos, te das cuenta de que la mayoría no va en silla de ruedas.

¿Y qué tal ha envejecido Cobi? Hace unos meses dibujó para una portada de Traveler cómo sería en la actualidad y acaba de sacar NFT. ¿Sigue vigente el diseño?

Sí, Cobi ha evolucionado. De aquí a una semana, quince días saldrán estos NFT y puedes observar cómo son. Son una evolución.

En el 2022 sí que hay señores blanquitos como yo, pero hay mucho tatuaje, mucho mestizaje, ya no sabes si es blanco, si es negro, si es chocolate, si es de India o si es del Polo Norte o del Sur. Cada vez más vivimos en una sociedad muy mestiza y muy mezclada, gracias a Dios.

Cobi convivió con otra mascota muy famosa y muy querida que era Curro. ¿A usted le gustaba? ¿Qué piensa de Curro?

Curro era la alegría personificada, era el punto este cursi que tienen las nenas, que a mí me encanta, del arcoíris, de que todo es maravilloso y todo es fantástico. Que siempre está muy bien, porque odio que la gente solamente hable de lo que habláis los periodistas: de muertos, de incendios, de ladrones, de sinvergüenzas, de políticos que lo hacen mal, cuando a mi alrededor siempre es ‘oye, acabo de tener un hijo’, ‘oye, mi nieta ha aprendido a leer’, ‘mi suegro se ha sacado el carnet de conducir’...

Curro era la alegría personificada, era el punto este cursi que tienen las nenas, que a mí me encanta, del arcoíris, de que todo es maravilloso

De hecho, toda la humanidad estamos continuamente cooperando y funcionamos por el amor y el cariño, y eso nunca es noticia. Lo son los malos rollos, no sé por qué. Y entonces la gente se pone a ver telediarios o a leer El Huffington Post y tonterías de estas y acaban deprimidos.

¡Espero que no sea el caso, que no acabe la gente deprimida de leerme!

[Con sorna] ¡No me extrañaría nada! (Carcajada).

Quería preguntarle por otras mascotas olímpicas que han venido después de Cobi. ¿Qué le han parecido?

Casi ni las he visto, las he visto de refilón. Es algo que no me suele interesar mucho, estoy en otras cosas. Me interesan muchísimo más la estética de los videojuegos, nuevas películas, qué es lo que está haciendo la juventud, la chica esta que canta tan bien, la Rosalía, y este tipo de cosas. Me imagino que representan, o deben de representar, el espíritu de esos Juegos. No lo sé y no creo que tenga que opinar de eso.

¿De cuál de sus creaciones, más allá de Cobi, se siente usted más orgulloso?

Estoy orgulloso de ayudar a mi sociedad a entender mejor los mensajes a través del lenguaje gráfico, pero no sabría, nunca hago comparaciones, y menos de cosas que hago yo. Normalmente, los que trabajamos en estas cosas solemos ser bastante críticos; te das cuenta de que haces lo que puedes, lo mejor que puedes.

A mí me gusta el trabajo de los demás, no el mío. ¿Orgulloso? Pues estoy orgulloso de no haber matado a nadie y de que me han regalado unos hijos maravillosos y nietos.

Hablando de otros dibujantes, ¿quiénes son para usted sus referentes?

Me ha marcado mucho Saul Steinberg, pero la lista es infinita. Hay miles de películas, novelas, publicidad, la explosión del pop art... Pero si tuviera que elegir alguien, Saul Steinberg, que es un gran ilustrador que trabajó mucho en The New Yorker.

¿Por qué no soporta el bolígrafo rojo?

Porque de pequeño, cuando estábamos aprendiendo a escribir —siempre he tenido muchos problemas de escritura y de lectura, me costó mucho, hasta bastante mayor—, esto de ‘mi mamá me ama’ que había que repetirlo o el oso, había muchas aes y muchas oes, y yo dibujaba caritas. Entonces, a la mañana siguiente, tachado en rojo y muy enfadado el profesor, diciendo ‘¡Esto no se hace aquí, no estamos para hacer bromas y tonterías. Esto es la escuela y aquí se trabaja en serio!‘. Me sentó tan mal que dije ‘nunca más el rojo’. El rojo para mí es prohibido, es rojo sangre... También es pasión, pero el bolígrafo rojo lo odio, no puedo con él. Son estas cosas que te marcan.

Mi mamá me ama’ que había que repetirlo, había muchas aes y muchas oes y yo dibujaba caritas

Le decían eso de ‘venimos a hacer algo serio’, pero se puede hacer mucho también con el humor y la risa, ¿no?

Hombre, de hecho todas aquellas caritas eran Cobis. Así que el profesor éste, que seguro que ya estaba más que muerto, me hubiera gustado que hubiera vivido en el 92 y dijera ‘¡Joder, aquel chaval que le regañé tanto, de ahí ha sacado el Cobi!’.

Usted llegó a cerrar su estudio. Quería saber cómo logró volver a levantarse, profesionalmente hablando.

Pues yendo al psiquiatra, tomando pastillas, con la ayuda de miles de amigos y amigas, tratando de volver a levantarte como cada lunes. Y tampoco es tan difícil. Tenemos la suerte de que vivimos en sociedades donde la gente es muy amable, muy cariñosa, y enseguida hay redes de gente que unos a otros nos apoyamos y nos ayudamos.

Está muy bien vivir sin un duro, es maravilloso

También está muy bien vivir sin un duro, es maravilloso. Y pasar por las tiendas y decir ‘qué bien, no tengo que comprar’. Porque no puedo. Tenemos mil camisetas, mil pantalones, ¿para qué queremos más?

¿Se plantea la jubilación o del arte uno nunca se cansa y nunca se jubila?

Yo espero morir con las botas puestas. Con el pincel en la mano, el ordenador, lo que sea. Las ceras, los rotuladores, el iPad. No tengo la sensación de que estoy trabajando. Llevamos tres años con Fernando Trueba haciendo una película de dibujos animados, que la he tenido que dibujar yo entera, y he tenido que animar como tres minutos o más, he hecho todos los fondos, como 854 fondos, unos 89 personajes... y para mí eso no es trabajo. Vengo al estudio a divertirme, a reírnos, a sufrir también, porque hay momentos que no te sale y lo pasas fatal... pero como trabajamos en equipo, siempre hay alguno que sabe más que tú, te ayuda, y entre todos lo vamos sacando.

Fotografía de archivo de Javier Mariscal. (Photo: JAVIER MARISCAL)
Fotografía de archivo de Javier Mariscal. (Photo: JAVIER MARISCAL)

Fotografía de archivo de Javier Mariscal. (Photo: JAVIER MARISCAL)

Tiene un nombre en inglés porque es un documental sobre vida de un pianista en Río de Janeiro en la época de la bossa nova, They shot the piano player, mataron al pianista. Será una de las películas más bellas que hayas visto en tu vida.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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