Japón, la potencia tecnológica que todavía lucha contra los disquetes y las máquinas de fax

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Old way of working with computers: man is holding a floppy disk which is being inserted into a on old pc.
Japón, el líder tecnológico que todavía lucha por eliminar los disquetes y las máquinas de fax. Foto: Getty Images

Cuando pensamos en Japón es muy probable que lo primero que nos venga a la mente, además del sushi o el anime, sea la tecnología. Después de todo, se trata de un país con amplísima historia en los campos de la ciencia y la innovación, y líder mundial en áreas como la robótica, ciencias naturales, la exploración aeroespacial o la investigación biomédica.

Sin ir tan lejos, el año pasado Japón ocupó el puesto número 13 en el Índice de innovación global que publica la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, incluso pese a la enorme repercusión de la pandemia. El país fue reconocido por “mostrar una resiliencia admirable y adherirse a la digitalización, la tecnología y la innovación”, dice el informe.

Entonces, ¿por qué la tercera economía más grande del mundo todavía lidia con tecnologías obsoletas, como el disquete o el fax?

Un reportaje de CBS News sobre la banca en la ciudad japonesa Hamada, con una población de 50.000 personas, califica las transacciones que se realizan allí como “un retroceso al siglo XX”, a pesar de no estar tan distanciada digitalmente de los principales centros urbanos, Tokio y Osaka.

Al igual que las ciudades de otras naciones avanzadas, Hamada recauda impuestos, primas de seguro médico y contribuciones a la seguridad social de las cuentas bancarias de los residentes mediante el envío de facturas online a las instituciones financieras locales.

Bancos aferrados a su 'tecnología'

Pero uno de los ocho bancos locales con los que la administración de la ciudad hace negocios insiste en que las instrucciones de pago se entreguen físicamente, en disquetes, un artefacto inventado por IBM en 1967 que puede almacenar un mero megabyte de datos, suficiente para unos pocos segundos de video.

“La producción de disquetes terminó hace 10 años, y hemos instado a ese banco a conectarse”, dijo a CBS News una portavoz del departamento de contabilidad de la ciudad. “Pero se aferran a su antiguo sistema”.

Incluso algunos de los bancos que se han vuelto digitales, señaló la portavoz, aún esperan que todas las transacciones se confirmen por una máquina fax, otro objeto casi museable que permite la transmisión telefónica de material escaneado impreso, normalmente a un número de teléfono conectado a una impresora u otro dispositivo de salida.

Hamada no es la única que lucha con estos problemas. Una encuesta realizada a principios de este año por el periódico San-in Chuo Shimpo encontró que la localidad se encontraba entre las nueve ciudades de la prefectura de Shimane que todavía usaban disquetes. Más de la mitad de las localidades de Shimane y de la vecina Tottori, ambas al oeste de Tokio, todavía utilizan disquetes.

El periódico financiero Nikkei, citado por CBS, informó que algunos de los 23 distritos de Tokio están solo a medio camino de las conversiones digitales, aceleradas por los principales bancos que cobran tarifas más altas por transacciones basadas en hardware.

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Una persona usando un fax. Foto: Getty Images.
Una persona usando un fax. Foto: Getty Images.

Algunos pagan casi $200 por una máquina de fax

Un empleado de ventas de Seiwa Electric, una tienda de electrodomésticos en el oeste de Tokio repleta de refrigeradores, lavadoras y aparatos de aire acondicionado de último modelo, aseguró que uno de sus productos más vendidos es una máquina de fax Panasonic de US$189.

“A las personas mayores les encanta”, dijo. “Pueden pedir naranjas mikan directo a las granjas y usan el dispositivo para luego hacer copias de la orden”. La tienda todavía saca mucho provecho de su propia máquina de fax, porque a algunos de sus proveedores simplemente no les gusta hacer negocios por Internet.

El escritor estadounidense Roland Kelts, de raíces japonesas, considera que durante décadas, los triunfos tecnológicos del país asiático han disfrazado sus sistemas digitales obsoletos, o sea, más allá del uso innecesario de hardware.

“Banca en línea, reservas de aerolíneas, los principales periódicos, lo que sea: los servicios que han sido simplificados por la revolución digital en gran parte del mundo están, en Japón, todavía plagados de intrincados menús desplegables que conducen a callejones sin salida y formularios detallados que deben imprimirse, completarse con bolígrafo e incluso devolverse por fax”, escribió en mayo para Rest of World.

Para Kelts, la infraestructura pública de alta calidad de Japón “ha disfrazado durante mucho tiempo sus sistemas digitales escleróticos” y existe una “yuxtaposición discordante” entre las interfaces digitales del país y su destreza inigualable en ingeniería.

Laptop with pendrive, sd card, CD and portable hard drive. Concept of data storage.
Laptop con memoria flash y CD. Foto: Getty Images

La Agencia Digital de Japón

El uso continuado de estos aparatos también resulta un duro desafío para la Agencia Digital de Japón, que se estableció hace exactamente un año y lucha por enviar “a la basura” hardwares innecesarios, desde el disquete hasta el CD-ROM, los DVD y las unidades USB.

Su director, el aspirante a primer ministro Taro Kono, dijo que encontró en auditorías cerca de 2.000 procedimientos gubernamentales que aún requieren que las solicitudes relacionadas con negocios se envíen en disquetes u otros medios físicos.

Como una suerte de acaparador compulsivo que no quiere desprenderse de sus posesiones antiguas, Japón pone en juego, entre otras cosas, la adopción de un sistema nacional de identificación digital y que se debilite la eficiencia en el lugar de trabajo.

Los disquetes, discos y unidades USB han aparecido en algunos casos infames, como cuando la Policía Metropolitana de Tokio perdió el año pasado dos disquetes que contenían datos personales de 38 hombres que estaban solicitando vivienda pública.

En junio, un contratista de la ciudad de Amagasaki, al oeste de Japón, se despertó en la calle después de una noche de juerga y su bolso, con memorias flash y los datos de cerca de medio millón de residentes, incluidos los detalles de sus cuentas bancarias, no estaba.

Poco antes, la ciudad de Abu había ganado notoriedad por enviar accidentalmente todo su fondo de ayuda para el Covid un residente de 24 años que luego desapareció. La información de la transacción estaba en un disquete.

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