Japón apuesta por el modelo Errejón de la jornada de 4 días

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Dos son los hitos que conforman la actual jornada laboral española. El primero, de 1904, fue la aprobación de la Ley del Descanso Dominical que recogía que el domingo era día de descanso para los trabajadores y por tanto, no tenían que acudir a sus puestos. 

El segundo, más reciente, de 1982, en el que el Gobierno aprobaba la reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales y establecía que el periodo de vacaciones para los trabajadores fuera de 30 días. Estos avances han configurado el sistema durante casi 40 años, pero desde hace algún tiempo, especialmente durante la pandemia de coronavirus, se han abierto otras opciones.

El Gobierno de Japón defiende la implantación de la jornada de cuatro días. (Getty Creative).
El Gobierno de Japón defiende la implantación de la jornada de cuatro días. (Getty Creative).

Y la que más está sonando es la posibilidad de que la jornada laboral pase de los cinco días actuales a los cuatro. Una opción que lleva mucho tiempo sonando a nivel internacional y que en el caso de España ha sido impulsada por Más País, de la mano de Íñigo Errejón, que incluso ha exigido al Gobierno la implantación de un experimento al respecto, que ya está en marcha, a cambio de dar su apoyo al decreto ley que regula la gestión de los fondos europeos. 

A nivel internacional han sido varios los países que han mostrado interés por esta iniciativa y han realizado distintas pruebas. Sin embargo, ninguno ha ido tan lejos como Japón, cuyo Gobierno defiende su implantación de manera inmediata y señala las ventajas que reportaría.

Las autoridades niponas acaban de presentar sus directrices anuales de política económica y estas incluyen la recomendación a las empresas de que su personal pueda elegir trabajar cuatro días a la semana en lugar de cinco. La idea es fomentar un mejor equilibrio entre el trabajo y la vida personal, al tiempo que se reduce el tiempo en las oficinas.

Pese a que las empresas en el país todavía son muy rígidas y tradicionales, lo cierto es que la pandemia de coronavirus ha traído algunos cambios y el teletrabajo o los horarios flexibles han empezado a ser opciones. Ahora el Gobierno pretende ir más allá y analiza las ventajas que puede traer esta iniciativa.

Una de las que señala el Ejecutivo es que con una jornada de cuatro días, las empresas podrán retener mejor al personal capacitado y experimentado que de otra manera podría verse obligado a irse para formar una familia o cuidar de personas mayores. La conciliación así permitiría mantener el talento.

Con la pandemia el teletrabajo es una realidad. (Getty Creative).
Con la pandemia el teletrabajo es una realidad. (Getty Creative).

Otro factor positivo, según las autoridades, es que con más tiempo libre los empleados dedicarían más esfuerzos en seguir formándose, e incluso en obtener unos segundos empleos, lo que tendría un impacto beneficioso tanto en la compañía como en la economía en general.

Una tercera razón de peso es que con un día adicional de descanso, la población se animaría a salir más y a consumir, impulsando así la economía.

Por último, pero no menos importante, se cree que con esta reducción los jóvenes tendrán más tiempo para conocerse, casarse y tener hijos, lo que ayudaría de forma muy importante a remontar una tasa de natalidad decreciente (en 2020 fue la más baja desde que empezaron los registros en 1899 con 840.832 nacimientos) y evitar que la población cada día esté más envejecida.

Pruebas de éxito

En este sentido, cabe recordar que en el pasado ya ha habido pruebas de éxito en Japón sobre la jornada de los cuatro días, con el gigante tecnológico Microsoft como gran protagonista. En el verano de 2019 hizo un experimento en el que sus empleados trabajaban de lunes a jueves manteniendo el sueldo.

Además, acortaron las reuniones a un máximo de 30 minutos y fomentaron los encuentros por chat. Los resultados fueron excelentes: un 92% de los trabajadores satisfechos con el programa, una reducción del 23% en el consumo eléctrico y un 59% menos de páginas impresas respecto al año anterior.

La apuesta del Gobierno es decidida, pero también enfrenta algunas dificultades. La principal es la escasez de mano de obra, ya muy presente, y que dificulta este nuevo sistema para las empresas. Pero también, el temor a que las empresas, muy encorsetadas a una forma de hacer las cosas, no se abran a experimentar este nuevo sistema. Por su parte, los empleados, lo ven con buenos ojos, pero temen que se reduzcan mucho los salarios o que las compañías piensen que no están lo suficientemente comprometidos al solicitar la reducción.

Microsoft ha sido una de las pruebas de éxito en Japón (Getty).
Microsoft ha sido una de las pruebas de éxito en Japón (Getty).

En este sentido, durante décadas el país ha estado en el centro de la polémica por prácticas abusivas laborales. Las historias de trabajadores jóvenes que enferman por el exceso de horas extra o que se suicidan debido al estrés han sido recurrentes. A estas situaciones se las denomina karoshi o muerte por exceso de trabajo.

Por tanto, la iniciativa de la jornada laboral más corta es positiva, pero deberá ir acompañada de cambios estructurales profundos que normalmente llevan tiempo en concretarse.

El proyecto en España

Lo que sí supone desde luego es un impulso importante, ya que por ejemplo, en España, la situación está en una fase preliminar con el experimento en el centro del debate.

Se desarrollará durante tres años y contará con 50 millones de euros que servirán para apoyar a las empresas que quieran impulsar una reducción de la jornada laboral de sus empleados. El proyecto será el que asuma los costes salariales derivados de esta reducción y los resultados servirán para evaluar los beneficios y las posibilidades de extensión. El experimento ha despertado un gran interés internacional e incluso la prestigiosa revista Time le dedicó un amplio reportaje.

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Otros países como Nueva Zelanda también han animado a la jornada de cuatro días, ya que su Gobierno considera que la flexibilización de la semana laboral puede provocar un aumento de la producción, un mayor consumo de turismo interno y un mejor equilibrio entre el trabajo y la vida privada. Sin embargo, no ha ido más allá de las intenciones. 

Así, Japón puede ir abriendo la puerta a una posibilidad que hasta hace no demasiado se veía como imposible. Los siguientes años, en este sentido, serán fundamentales.

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