Japón se enfrenta a una vieja desconfianza en las vacunas

Natsuko FUKUE
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La campaña de vacunación contra el coronavirus en Japón, que no se iniciará antes de varias semanas, puede toparse con una vieja desconfianza de la población ante las vacunas, advierten los expertos.

Mientras que ya han sido vacunadas millones de personas en Estados Unidos o Reino Unido, Japón no ha dado aún luz verde a ninguna vacuna y el primer ministro Yoshihide Suga -que desea que la campaña se inicie a fin de febrero- quiere dar el ejemplo vacunándose.

Solo 60% de los japoneses están dispuestos a ser inoculados, según un estudio Ipsos realizado en diciembre para el Foro Económico Mundial, contra 80% en China, 77% en Reino Unido, 75% en Corea del sur o 69% en Estados Unidos. Únicamente los franceses (40%), los rusos y los sudafricanos son más reacios ante las vacunas que los japoneses, entre 15 países estudiados.

Aunque hay reticencias y oposiciones a la vacuna en países industrializados, la desconfianza va más lejos aún en el archipiélago nipón, y los expertos la atribuyen a demandas judiciales, informaciones erróneas de algunos medios y a un gobierno timorato.

"Existe falta de confianza en las informaciones del gobierno" dice a la AFP Harumi Gomi, profesora del Centro de investigación de enfermedades infecciosas de la Universidad internacional de Salud y Bienestar.

- Temor a juicios -

Las autoridades niponas han sido objeto de varias demandas judiciales colectivas desde los años 1970, sobre los efectos secundarios atribuidos a varias vacunas, entre ellas la de la viruela.

Dos fallecimientos ocurridos tras la inyección de una vacuna combinada contra la difteria, el tétanos y la tos ferina provocó su retirada temporal y una reacción de desconfianza del público, pese a que fue reintroducida luego.

En los años 1980-90, la vacuna combinada sarampión-paperas-rubeola tuvo que ser retirada tras producirse casos en meningitis aséptica en niños que la habían recibido.

Una decisión de justicia de 1992 declarando al gobierno responsable de los efectos indeseados atribuidos a varias vacunas, incluso sin vínculo científicamente probado, ha sido determinante en Japón.

Después de esto "el gobierno temía ser demandado si las vacunas que recomendaba planteaban algún problema" destaca Tetsuo Nakayama, investigador especializado en virología clínica en el Instituto de Ciencias Kitasato.

"La consecuencia es que los programas de vacunas de Japón no han avanzado durante 15 o 20 años", explica.

- "Comunicar con el público" -

Los médicos han trabajado para restaurar la confianza en las vacunas, con cierto éxito en el caso de la HIB, administrada a niños para prevenir la meningitis.

Pero los efectos indeseables atribuidos a la vacuna HPV (contra el papilomavirus humano), muy publicitados por la prensa pese a las dudas de los científicos sobre una relación de causa-efecto, impulsaron al gobierno a retirarla de su lista de vacunas recomendadas.

Pese a que investigaciones ulteriores descartaron cualquier riesgo sanitario, el mal ya estaba hecho y en Japón el índice de utilización de esta vacuna cayó del 70% a menos del 1%, según la revista médica Lancet.

Para el coronavirus, el gobierno japonés ha comprado suficientes dosis para los 127 millones de habitantes a las empresas farmacéuticas Moderna, AstraZeneca y Pfizer, que ha efectuado una demanda de homologación en Japón en diciembre. Las vacunas serán gratuitas.

Pero es improbable que se produzca una decisión antes de febrero y el profesor Nakayama opina que el gobierno debe comunicar "de manera apropiada" para ganarse la confianza del público.

"Ninguna vacuna es eficaz a 100%", recuerda la profesora Gomi, "y las campañas de vacunación no funcionan" si la gente no las comprende.

El impacto de la pandemia en Japón fue relativamente menor que en otros países, con menos de 3.900 muertes registradas oficialmente. Pero en los últimos días el país vive una tercera ola cada vez más preocupante, lo que condujo al gobierno a declarar el estado de emergencia en la región de Tokio.

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