J.J. Benítez: "No me importaría morirme mañana, no tengo ningún problema"

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J. J. Benítez en Barbate, junto al mar. (Photo: Carlos Ruiz B.K)
J. J. Benítez en Barbate, junto al mar. (Photo: Carlos Ruiz B.K)

J. J. Benítez en Barbate, junto al mar. (Photo: Carlos Ruiz B.K)

A sus 75 años, J. J Benítez ha descubierto lo que es vivir solo. En abril de 2020, Blanca, la luz de su vida, se apagó después de que le diagnosticasen un cáncer fulminante.

El autor de Caballo de Troya y de 64 libros más le ha dedicado a su mujer En Blanca y Negro (Ed. Planeta) donde recopila los diarios de abordo que escribió mientras su compañera de vida se le escapaba entre los dedos.

Una obra en la que hay dos pandemias: la del coronavirus y la suya propia, la que estaba acabando con la que ha sido su compañera de viajes —ha dado tres vueltas al mundo con ella— sin que él pudiera  hacer otra cosa que sentarse a mirar.

El autor, que ha vendido más de nueve millones de libros, recibe a la prensa en Barbate, su Macondo particular, un bello pueblo de bajas casas blancas en el que le gustaría vivir hasta el fin de sus días. Al lado del mar, “lo único” que le queda.

Portada del nuevo libro de J.J Benítez (Photo: PLANETA)
Portada del nuevo libro de J.J Benítez (Photo: PLANETA)

Portada del nuevo libro de J.J Benítez (Photo: PLANETA)

- Tuvo dudas a la hora de publicar una novela tan tan íntima. ¿Fue por pudor? ¿Por vergüenza?

Un poco de todo. Me pareció al principio un poco complicado. Era muy íntimo. Era una cuestión muy personal y estuve dándole vueltas hasta que en un momento determinado me di cuenta de que quizás el libro podía dar esperanza a la gente. Quien tuviera un problema similar encima. Y dije bueno pues adelante, quizá en algún momento el libro puede animar a alguien y llevarle la esperanza. 

- ¿Le ha servido como terapia?

Para mí ha sido una terapia. Al principio difícil, dura, porque hubo que recordarlo todo pero bueno, me ayudó bastante. 

- En libro comparte los mensajes diarios que durante la enfermedad le dejaba a su esposa. Parece que intentaba conquistarla cada día como si fuese el último. 

Buscaba la más pequeña de las sonrisas, algo que la pudiera ayudar. Algo que la animara. A la hora de desayunar le dejaba una rosa, un mensaje. 

- Cuenta que se dio cuenta de que no podía vivir sin ella, que no sabía freírse un huevo, llevar las gestiones.

Terrible. 

- No tenía ni móvil. 

Tengo un teléfono primitivo [saca del bolsillo un móvil antiguo de tapa] que no sirve para nada más que para llamar y que te llamen. 

- Con este no le espían. 

Eso me han dicho. ¿Qué me estabas preguntando?

- Por las tareas del hogar. 

Estuve meses enteros mirando las facturas, los recibos, los bancos, porque no tenía ni idea. No sabía qué tenía que hacer. Acababa de mudarme a una casa nueva, con papeleo, el Ayuntamiento. Un desastre. Hasta el día de hoy que sigo igual. 

J. J. Benítez en el puerto de Barbate. (Photo: Carlos Ruiz B.k.)
J. J. Benítez en el puerto de Barbate. (Photo: Carlos Ruiz B.k.)

J. J. Benítez en el puerto de Barbate. (Photo: Carlos Ruiz B.k.)

- En estos 200 días largos de enfermedad que recoge en el libro hablaban de temas más o menos mundanos: religión, la vida. Parecen conversaciones de una primera cita. 

En base a las fotos que aparecían en los álbumes, las aventuras, las experiencias, los viajes… una cosa te llevaba a la otra y terminábamos hablando de la muerte. Ella no quería hablar de la muerte, se negó en redondo, me dijo que no. Pero sí quería saber cosas. ¿Qué pasa después de la muerte? ¿A dónde voy a ir?

- ¿Y usted tenía la respuesta a esas preguntas?

Tengo bastante información. Ella también lo sabía porque me había acompañado y sabía y conocía las respuestas pero quería volver a escucharlas y yo le contaba lo que sabía. 

- ¿Y qué es lo que sabe?

Le contaba que la muerte es como si apagas la luz y te despiertas un segundo después en un sitio donde hay gente que está muerta, que te está recibiendo. Tienes un cuerpo físico, a tu gusto. No el del momento de la muerte sino el que tú consideras que estabas en plenitud. A partir de ahí empiezas un proceso sin muerte donde el cuerpo físico, poco a poco va desapareciendo hasta que se convierte en luz. Luz que piensa.

- Ella le recriminaba su incredulidad con respecto a la religión. Nunca se refugió en la religión como sí lo hacen otras personas que están en este tipo de situaciones extremas. 

Ella sabía por qué había renunciado a la Iglesia, por qué me había hecho apóstata. No creo que Jesús de Nazaret fundara ninguna Iglesia y todo lo que estamos viendo de estructuras eclesiásticas son puros inventos humanos más o menos afortunados. Hay cosas muy buenas dentro de la religión: Cáritas, los misioneros. El origen de la Iglesia no es divino, no fue fundada por Jesús.  Hablaba con ella, se lo explicaba, ella lo sabía pero de momento dijo ‘yo me quedo donde estoy’. 

- ¿Qué rutina hace ahora?

En los viajes estoy investigando y en casa me levanto temprano y me pongo a escribir hasta las doce más o menos. Luego hago recados, camino una hora y a las cuatro, si estoy escribiendo algo, me vuelvo a poner a preparar los guiones del día siguiente. También me pongo a estudiar o a leer. 

- ¿Qué es lo que más echa de menos?

Todo. A veces pienso que va abrir la puerta y que va a aparecer. O que me va a llamar por teléfono. 

- ¿Creer en otro tipo de cosas como el padre azul le ayuda a pasar el duelo?

El duelo es muy difícil de atravesarlo. Hay que atravesarlo sí o sí pero necesitas tiempo. Te ayuda la rutina diaria, escribir, o viajar si hago investigaciones y el tiempo. Y poco más. Tienes que asumir que es una realidad y que no está contigo. 

- ¿A qué se refiere? 

Yo a veces la siento a mi lado pero no está físicamente, no la puedo tocar. 

- En el libro cuenta que cuando recoge la urna con los restos de su mujer, la pone en el coche y habla con ella como si estuviese ahí. 

Y ahora también. 

A veces pienso que Blanca va abrir la puerta y que va a aparecerJ. J. Benítez

- Es un libro muy sincero. Cuenta que una vez curó a su mujer con la ayuda del Padre Azul. 

Hace muchos años tuvo un cáncer de ovarios. Esa vez hice lo mismo que ahora con la enfermedad que le ocasionó la muerte. Pedí al Padre Azul que la curase, no hice más. Lo único que le pedí por favor que lo hiciera y en la siguiente revisión fuimos al hospital, los médicos la examinaron y vieron que estaba limpia. No se lo explicaban. Nadie supo qué había pasado. 

- Habla mucho de la cábala, de la Ley del Contrato, del Método Silva… no es religión pero se refugia en este tipo de elementos para buscar una solución a sus problemas. 

Más que nada para intentar interpretar por qué aparecen esos números en un momento determinado. A veces te llevas sorpresas. Cuando acudes a la cábala descubres que te están diciendo algo. 

- ¿Por ejemplo?

La ingresan en la habitación tal, acudo a la cábala y miro a ver qué significa ese número y me encuentro que significa tal cosa. Simplemente es una confirmación de algo que tú intuyes y que te está diciendo ¡Atención!. 

- ¿Piensa ahora más en la muerte? He leído que sabe que morirá en 2042. 

Es una hipótesis. Sí, he pensado mucho en la muerte. Todas las muertes que te pillan cerca te hacen pensar en la tuya. Siempre. Pensé y sigo pensando. No me importaría morirme mañana, no tengo ningún problema. 

- Es un poco duro eso. 

A mí no me queda prácticamente ninguna ilusión. Se me han terminado. 

- Ni sus libros…

Los libros sí. Sigo escribiendo porque me distrae, me ayuda. Te soy sincero, no tengo ninguna ilusión. Quizá venir a vivir aquí a Barbate. 

- Con la mar, su otra gran pasión. 

Sí, es lo único que me queda. 

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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