Járkiv, ciudad en guerra sin crisis de nervios

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En Járkiv, ahora las bombas caen cerca, pero sus habitantes se resisten a caer presos del clima irrespirable impuesto por la guerra.

Iban saliendo de un barrio de la periferia sur de Járkiv y pensando en dos ancianas sin electricidad ni comida ni medicinas, allí atrapadas en un edificio bombardeado y de aspecto poco confiable, cuando yendo a la misma velocidad, los dos vehículos quedaron en paralelo. En uno se encontraba un grupo de soldados con sus uniformes y armas; en el otro, un periodista con los cascos en la cabeza y el chaleco puesto. Por un momento, alguno incluso tuvo el fugaz pensamiento de decir algo. Nadie lo hizo, solo hubo un intercambio de miradas y muecas casi imperceptibles, cuando los coches finalmente pararon delante de un supermercado.

Járkiv es hoy frente de guerra. Son dos niños petrificados al ver a su madre tendida en el suelo después ser alcanzada en pleno día por los fragmentos de un misil. Es el chillido metálico de un carro de combate con tracción de orugas al pasar por una carretera urbana. Es el teléfono de un informático al que su hermano menor, veinteañero, le avisa que se encuentra en medio de un bombardeo.

Son las sirenas a las que ya nadie hace caso, las columnas de humo que tiñen el cielo, y una estación de bomberos atacada. Y también es ese supermercado en el que militares armados con Kalashnikov esperan ordenados su turno en la fila para ser atendidos después de unas periodistas, mientras al lado pasan unos cooperantes y una empleada sonríe por una situación a la que no se quiere acostumbrar.


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