Járkiv, ciudad en guerra sin crisis de nervios

·4 min de lectura

En Járkiv, ahora las bombas caen cerca, pero sus habitantes se resisten a caer presos del clima irrespirable impuesto por la guerra.

Iban saliendo de un barrio de la periferia sur de Járkiv y pensando en dos ancianas sin electricidad ni comida ni medicinas, allí atrapadas en un edificio bombardeado y de aspecto poco confiable, cuando yendo a la misma velocidad, los dos vehículos quedaron en paralelo. En uno se encontraba un grupo de soldados con sus uniformes y armas; en el otro, un periodista con los cascos en la cabeza y el chaleco puesto. Por un momento, alguno incluso tuvo el fugaz pensamiento de decir algo. Nadie lo hizo, solo hubo un intercambio de miradas y muecas casi imperceptibles, cuando los coches finalmente pararon delante de un supermercado.

Járkiv es hoy frente de guerra. Son dos niños petrificados al ver a su madre tendida en el suelo después ser alcanzada en pleno día por los fragmentos de un misil. Es el chillido metálico de un carro de combate con tracción de orugas al pasar por una carretera urbana. Es el teléfono de un informático al que su hermano menor, veinteañero, le avisa que se encuentra en medio de un bombardeo.

Son las sirenas a las que ya nadie hace caso, las columnas de humo que tiñen el cielo, y una estación de bomberos atacada. Y también es ese supermercado en el que militares armados con Kalashnikov esperan ordenados su turno en la fila para ser atendidos después de unas periodistas, mientras al lado pasan unos cooperantes y una empleada sonríe por una situación a la que no se quiere acostumbrar.

Escenas como estas, todas reales, todas cotidianas, se ven en estos días en la militarizada Járkiv, ciudad orgullosa cuyos vecinos se resisten a caer presos del clima irrespirable impuesto por la guerra. Las bombas aquí caen muy cerca, con el inestimable apoyo de la artillería, que ha dejado a la población más vulnerable de barrios enteros sin más sostén que la que ofrecen las redes de la resistencia civil ucraniana, eso es, básicamente, civiles que ayudan a otros civiles más indefensos todavía.

Pero no es Járkiv un estado policial. La devastación de la guerra no ha deshumanizado a las personas. Ni los soldados, sucios y cansados por un conflicto que no descansa, han dejado de dar el ‘buenos días’, ni los habitantes de la ciudad desconfían de los extranjeros como si fueran gente de poco fiar, o se ha dejado de hablar el ruso como idioma principal de la intimidad y el día a día. Incluso en las barricadas se continúa manteniendo cierto orden, y se da el paso al que tiene mayor prisa. La preocupación se concentra en mantener a salvo a sus seres queridos, y a cualquiera que se encuentre en dificultad, y en que el mundo sepa lo que ocurre aquí.

Conseguir Járkiv sería un triunfo de demasiada envergadura para Rusia, y la Ucrania del este lo sabe, más aún después de la caída de Jersón y Mariupol, la estratégica ciudad portuaria que está en manos de las tropas rusas desde hace varias semanas y ha ofrecido escenas dantescas de las evacuaciones de civiles.

La espontaneidad y ausencia de la crisis de nervios de Járkiv tiene que ver, con toda probabilidad, con su historia. Porque no es la primera vez que esta ciudad, nacida sobre un asentamiento cosaco, es teatro de feroces batallas. Nació como ciudad en 1656, para proteger la frontera sur del entonces imperio ruso (Alejo I de Rusia era el zar en ese entonces), y durante la Segunda Guerra Mundial fue un centro disputado (durante las llamadas cuatro batallas de Járkiv) por soviéticos y nazis alemanes, siendo los primeros los que finalmente la tomarían en 1943.

Aunque también es visible el alma intelectual de Járkiv, ciudad que no sólo es la segunda más importante de Ucrania, sino que ya en el siglo XIX era un importante centro industrial e que incluso fue capital de la república soviética entre las décadas del veinte y treinta del siglo pasado. También Járkiv aún brilla como importante centro cultural y científico ucraniano, aunque esencialmente el espíritu de esta ciudad no deja de ser el de un puente entre Oriente y Occidente.

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios puedan establecer conexiones en función de sus intereses y pasiones. A fin de mejorar la experiencia de nuestra comunidad, hemos suspendido los comentarios en artículos temporalmente