ITER, el carísimo sueño de la energía limpia e ilimitada

Esquema del reactor de fusión que se construye en Cadarache. (Fuente: ITER).


En 1985, cuando la guerra fría tocaba a su final, los gobiernos de Ronald Reagan y de Mijail Gorbachov decidieron convertir la energía nuclear en algo más que una amenaza. De aquel espíritu constructivo nació la idea de recrear la energía del sol (o de las bombas H) en la Tierra, y dotar de este modo a nuestro mundo con energía limpia ilimitada. Así surgió el proyecto ITER (Reactor Termonuclear Experimental Internacional).

En la actualidad, la Unión Europea y sus socios aporta el 45% del monstruoso presupuesto del proyecto, que ya está construyendo un reactor experimental de fusión nuclear en Cadarache, Francia. El resto de los fondos los aportan China, Estados Unidos, Rusia, Japón, Corea del Sur e India con un 9% cada uno.

La enormidad y complejidad del proyecto se aprecia al observar las dimensiones del vaso toroidal en el que tendrá lugar la circulación del plasma, que con una temperatura diez veces superior a la del sol, tendrá que ser controlado por electroimanes lo bastante potentes como para levantar del suelo a una aeronave transoceánica. Ese vaso, de 30 metros de diámetro, es la caldera de acero más grande jamás construida por la ingeniería humana.

Sin embargo, a pesar de que las tareas de ensamblaje en Cadarache están a punto de comenzar, más de 30 años después del inicio del proyecto, la consecución de un reactor de fusión que genere más electricidad que la que consume de forma continuada parece aún muy lejos de nuestro alcance. Y los sobrecostes han sido cuantiosos.

Como se ha comentado en el New York Times en un artículo de la semana pasada, existen inconvenientes técnicos enormes. Es como intentar construir algo tan grande como un barco pero con la precisión necesaria para montar un reloj. Con suerte, este reactor tokamak conseguirá sostener la reacción de fusión durante seis o siete minutos en 2035, como muy pronto. Para entonces el proyecto habrá cumplido 50 años, y algunos socios se preguntan si habrá valido la pena invertir tantos miles de millones en una aventura que no cuenta con plan B.

Por eso, en Estados Unidos existen muchas dudas. Este socio contribuyente, que ya abandonó el proyecto 5 años con la llegada del milenio, tendrá que vérselas con el recorte del 20% que la aministración Trump acaba de imponer al ministerio de ciencia, que es quien financia el ITER.

¿Qué sucederá si los Estados Unidos abandonan el proyecto ITER? Ek director del pryecto Bernard Bigot cree que sería un error.

“Tenemos una oportunidad de saber si la fusión nuclear funciona o no. Si perdemos la oportunidad, tal vez no vuelva a presentarse”.

Pero el caso es que incluso algunos científicos estadounidensesque participan en el ITER están preocupados por la enorme porción de fondos que este proyecto se lleva de los presupuestos dedicados a ciencia. ¿Qué pasará si no funciona?

Hasta el momento, todos los reactores de fusión experimentales han producido menos energía que la empleada, sin embargo los físicos creen que el gran tamaño del que se construye en Francia permitirá solucionar este problema, generando un 10% más de energía que la que consumirá. Sin embargo alcanzar este logro no va a ser sencillo, se necesitará controlar al plasma (una nube de hidrógeno cargada y supercaliente con tendencia a escapar) para que no alcance las paredes del reactor, lo cual podría destrozarlo.

Para ello se necesitan potentísimos electroimanes refrigerados y enormes fuentes de microondas. Cualquier error podría echar al traste el proyecto, de ahí que los diseñadores del experimento se hayan tomado tanto tiempo en realizar mediciones exhaustivas y milimétricas.

Es cierto, hay pesimismo en el ambiente. Pero si logramos que el ITER funcione, y nuestra próxima generación de centrales nucleares se basan en esta tecnología, habremos encontrado una fuente ilimitada de generación energética apenas contaminante, y entonces podremos cerrar para siempre el capítulo de los combustibles fósiles. El planeta se merece esta oportunidad.

Me enteré leyendo New York Times.

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