Italia se muere de sed debido a la peor sequía registrada en varias décadas

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Italia sufre un dramático episodio de sequía que arruina cultivos, provoca la muerte de cientos de peces y altera la vida de los ciudadanos, muy preocupados por los devastadores efectos del cambio climático en el país transalpino. El periodista de Euronews, Julián López Gómez, viajó a Italia para realizar el reportaje de Euronews-WITNESS, en el que se refleja la grave situación provocada por la falta de lluvias y el incesante aumento de las temperaturas. El reportero relata, en primera persona, su experiencia en tierras italianas.

Llegué a la estación de tren Garibaldi, en Milán, en una calurosa tarde-noche de julio. Eran las 20 horas. La temperatura alcanzaba los 34 grados Celsius; el aire era algo asfixiante.

Los taxistas de la ciudad estaban en huelga, así que… tarde mucho más de lo previsto en llegar al hotel.

Cuando lo hice, sudaba copiosamente.

Fue un prólogo significativo, incluso pertinente, para introducir la historia que había venido a cubrir.

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Imagen de un terreno de cultivo en el que se puede apreciar el grave episodio de sequía que sufre Italia. - Euronews-WITNESS

Frente a lo que había descrito como la sequía más severa de los últimos 70 años, el Gobierno italiano había declarado, a comienzos de julio, el estado de emergencia en cinco regiones del norte del país. Dos semanas después, sin precipitaciones significativas, la situación había ido a peor.

Me habían pedido realizar un reportaje sobre cómo la falta extrema de agua está afectando a los ciudadanos, y cómo las autoridades locales, regionales y nacionales intentan afrontar la situación.

Junto a nuestro guía e intérprete, Francesco Gilioli, viajé unos 800 kilómetros por tres de las regiones afectadas: Lombardía, Piamonte y Emilia Romaña.

Nos reunimos con productores de arroz que nos dijeron que habían tenido que elegir qué parcelas anegaban con agua, y cuáles habían tenido que dejar secarse. Un productor de maíz nos contó que había perdido el 30 % de sus cultivos, y que se esperaba que muchas más plantas se secaran, antes de la temporada de cosecha. Otro productor de maíz nos condujo a sus plantaciones moribundas; los canales de irrigación estaban, literalmente, cubiertos con telas de araña; como en las películas.

El agrícola es el sector más afectado por la sequía, pero no el único. Junto a Piacenza, grabé a pescadores que salvaban a peces agonizantes, de un riachuelo, igualmente moribundo. Los pescadores metían a los peces en contenedores con agua enriquecida con oxígeno, y los transportaban a ríos cercanos.

Nicolas Sivelli, otro pescador aficionado, me invitó a un paseo en barca por el río Po. El nivel de las aguas es tan bajo, que tramos enteros del río más largo de Italia se han transformado en lagunas y charcas. Las familias no vienen para hacer actividades al aire libre. Grabé barcazas de turismo amarradas a puerto, en plena temporada alta. La extracción industrial de arena en terrazas fluviales se ha paralizado; los barcos no pueden acceder a las plataformas de extracción. El propietario de un restaurante aledaño al río me llevó a una de sus terrazas, frente a la cuenca del Po. "Este restaurante perteneció a mis abuelos", me contó. "Cuando era niño, solía pescar desde esta terraza, directamente en el río. La caña llegaba al agua. Había muchos peces. Ahora, como puede ver, el curso del agua está lejos de aquí, y casi no hay peces". Además, me dijo que la situación le entristecía enormemente.

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Barcas amarradas a una especie de pantalán en el río Po, ante la imposibilidad de navegar debido al escaso nivel de agua de su cauce. - Euronews-WITNESS

Las autoridades locales, regionales y nacionales están bajo presión para encontrar soluciones.

Me reuní con el director general de la Agencia del Río Po. Me explicó que esta es la sexta crisis de falta de agua en la región, en los últimos 20 años. Más crisis llegarán, así que, son necesarias estrategias eficaces de contención de daños. Ante mi cámara, enumeró algunas de ellas, mientras caminábamos junto al plácido curso del río, bajo un sol abrasador. Así, sugirió la retención eficaz de agua de lluvia, el diseño de nuevas plantas de tratamiento que permitan la utilización de agua reciclada en actividades agrícolas, la mejora de las redes de canalización, ya que el 40 % del agua se malgasta en filtraciones… y, por último, el desarrollo de sistemas de irrigación más modernos e inteligentes.

Pero, todo esto, requiere tiempo y dinero, se me dijo en todos los sitios que visité. Y, mientras tanto, soluciones a corto plazo deben ser encontradas para problemas acuciantes y concretos, como la falta de agua corriente y potable en algunos lugares. Francesco descubrió que algunos pueblos, junto al Lago Maggiore, tienen problemas de abastecimiento de agua potable. Improbable, como pueda parecer, muchos de estos pueblos están a los pies mismos de los Alpes. Sus depósitos están literalmente vacíos, y el suministro depende de camiones de distribución. Grabé una de esas campañas de distribución. El operador necesitó dos horas para llenar el depósito, en el que era su cuarto viaje del día, al mismo pueblo.

"El agua es vida", me dijo. "Sin agua no se puede hacer nada", añadió. Fue la última secuencia que grabé durante mi viaje de tres días a una tierra que, este verano, se muere de sed.

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