Isabel II, el poder del trono

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© Ben Stansall, AFP

Protagonista directa de la transición del poderoso Imperio Británico a lo que es hoy el Commonwealth, que se extiende por 53 naciones, Isabel no solo fue la reina de Reino Unido, de Canadá, Australia, Nueva Zelanda, entre otros países, sino de generaciones enteras. Obituario de Isabel II, la reina que marcó a fuego la historia de la monarquía británica.

En 1947, en su cumpleaños 21, la entonces princesa Isabel, dio desde Cape Town, en Sudáfrica, el discurso que marcaría toda su vida.

“Declaro ante todos ustedes que toda mi vida, ya sea larga o corta, estará dedicada a su servicio y al servicio de nuestra gran familia imperial a la que todos pertenecemos”.

Sin saberlo aún, cinco años después, empezaría a consolidar un reinado de más de siete décadas en las que cumplió su labor de jefa de Estado y patrona de más de 600 organizaciones de caridad en todo el país y en el Commonwealth.

Con el paso de los años, que la obligaron a delegar algunas de sus labores en su hijo Carlos, tuvo que hacerle el quite a varios rumores de que abdicaría. Pero nunca lo hizo. Nunca fue su plan.

Llegó al trono por las casualidades o perfecciones del destino. Su tío, el Rey Edward VIII, abdicó y el padre de Isabel se convirtió en el Rey George VI en 1937.

La reina, constitucionalmente, fue la jefe de Estado británica, rol que le obligaba a mantenerse neutra sobre las decisiones que adoptaba el premier de turno, aunque todas pasaron por su despacho.

Los corresponsales reales de los tabloides pasaron años enteros filtrando supuestas opiniones y conversaciones privadas de la Reina sobre diferentes asuntos de la actualidad. El Palacio de Buckingham nunca comentó esas historias.

Sin proponérselo, fue, sin duda, una de las mujeres más poderosas del mundo, respetada y admirada hasta la devoción.

Y es que Isabel, tan popular como querida, nunca dio una entrevista, nunca se supo qué pensaba en realidad, pese a que los detalles más minuciosos de su vida fueron completamente públicos.

Cientos de libros en todos los idiomas posibles, películas y series de televisión se dedicaron a retratar a una mujer indescifrable pero que cada día cumplió con su labor “encomendada por Dios”.

“Como marca, ella despoja a todas y cada una de las principales personalidades del mundo de lejos”, le dijo a France 24 Andrew Morton, el reconocido biógrafo real.

Un reinado de récords

La reina Victoria, tatarabuela paterna de Isabel II, era hasta entonces, la monarca británica más longeva, con casi 64 años en el trono.

Así como Victoria, Isabel ascendió al trono muy joven. Tenía apenas 25 años, el 9 de septiembre de 1952. Tiempo en el que 15 primeros ministros formaron gobiernos en su nombre. El héroe de la Segunda Guerra Mundial, Winston Churchill, fue el primero y la última, la actual Liz Truss.

Durante su reinado, conoció a 13 presidentes de Estados Unidos. Siendo Joe Biden el último en reunirse con ella.

Isabel, que fue operaria de camiones del Ejército Británico durante la Segunda Guerra Mundial, fue fundamental para la transformación de lo que fue el Imperio Británico a la actual comunidad del Commonwealth, que reúne a 2,4 billones de personas y se extiende desde el poderoso Reino Unido hasta pequeños territorios en el pacífico.

Labor por la que viajó por todo el mundo, cumpliendo 116 visitas reales, afirma la 'BBC'. Entre sus viajes están Chile, Brasil y Guyana en América Latina.

“Ella nos recuerda el servicio, el deber, nos recuerda que no es lo que su país puede hacer por usted, pero usted qué puede hacer por su país, para hacer referencia a las palabras de John F. Kennedy”, sostiene Morton.

La reina de la familia

La transformación de Isabel de jefe de Estado a mujer normal se daba en las carreras de caballos, una de sus más amadas pasiones. Era una persona completamente diferente que se olvidaba de la frialdad que le exigía su rol.

Fue madre de cuatro hijos: Carlos, el príncipe de Galés, el nuevo rey, Ana, Andrés y Eduardo y tuvo ocho nietos, con quienes tuvo una relación entrañable y cercana.

Sin embargo, sus familiares aún parecían tratarla con mucha reverencia y respeto incluso en espacios íntimos, alejados de la prensa.

Meghan, en la entrevista con Oprah, contó que cuando conoció por primera vez a la monarca tuvo que aprender rápidamente a hacer la reverencia exigida en los protocolos reales cuando se le saluda.

Meghan, sorprendida, le dijo a Harry, “pero es tu abuela”, a lo que él le respondió, “pero es la reina”.

Quienes conocieron a la Reina, tanto en eventos de la monarquía como en reuniones privadas, coinciden en su gran sentido del humor y calidez.

Incluso alguien que estuvo en una audiencia privada con ella, le contó a la redactora de esta nota que le llamó particularmente la atención la cantidad de veces que tocaba su anillo.

Además de ser una fiel creyente que todos los domingos de su vida asistió al servicio religioso de la mañana, estuviera donde estuviera. Fue la jefa de la Iglesia Anglicana.

Elizabeth Alexandra Mary Windsor, nació a las 2:40 am, el 21 de abril de 1926, en el número 17 de Bruton Street en el exclusivo sector de Mayfair, en Londres, cuenta el Buckingham Palace.

Nacida en una de las grandes metrópolis del mundo, llena de historia reciente y pasada, Isabel prefirió sus residencias de Balmoral, en Escocia, para los veranos y Sandringham en el este de Inglaterra, para el invierno.

Mientras que el Castillo de Windsor, cerca de Londres, ha sido su refugio y su hogar favorito. Fue su literal fortaleza y la de su familia durante la Segunda Guerra Mundial

En su vida sencilla adaptada para una de las mujeres más poderosas del mundo, se sabe del amor por sus perros corgis. Cuando estos empezaron a morir, por su avanzada edad, la reina no los reemplazó.

Sus cercanos hablaron de la profunda tristeza que la pérdida de sus mascotas le causó.

Vestida casi siempre de colores llamativos “para ser vista”, sombrero y el mismo tipo de cartera por décadas, para sus apariciones oficiales, Isabel se mostraba más sencilla para sus apariciones privadas con apenas un collar de perlas y un broche.

En los últimos años de su vida, para la apertura del Parlamento Británico en la que ella presentaba las prioridades legislativas del gobierno, prefirió no usar su impactante corona elaborada con 2.868 diamantes, 17 zafiros, 11 esmeraldas y cientos de perlas y que pesa 1 kilo, cuenta 'The Express'.

“No puedes mirar hacia abajo para leer el discurso, tienes que levantar el discurso, porque si lo hicieras, tu cuello se rompería y se caería”, contó ella misma en un documental.

Annus horribilis

El luto nacional que causó la muerte de la princesa Diana en 1997, en un accidente de tráfico en París, hizo tambalear la monarquía y su futuro. Por primera vez, el pueblo se levantaba contra su reina. Por primera vez, se sentían marginados por ella.

Isabel se negó, inicialmente, a permitir un funeral de Estado para Diana, porque a su juicio, al no hacer parte de la Familia Real, era un evento privado de la familia Spencer.

El entonces primer ministro laborista Tony Blair, salvó la monarquía de su peor crisis.

La reina, renuente, tuvo que regresar desde Escocia a Londres y en una declaración en televisión, un hecho sin precedentes, le rindió un tributo personal a Diana.

La muerte de la princesa no solo causó una tristeza inimaginable entre los británicos, fue un sentimiento profundo, compartido por millones en todo el mundo.

Los expertos monarquistas aseguran que los 90, pero el año 1992, fue particularmente complejo para Isabel también porque tres de sus cuatro hijos se divorciaron.

Y una parte de su hogar favorito, el Castillo de Windsor, se quemó.

El 2021, otro año difícil

Isabel II estuvo casada con Felipe de Edimburgo por más de 70 años, quien murió a los 99, a pocos meses de cumplir 100 años.

Una de las imágenes más impactantes de la pandemia en el Reino Unido, fue la de Isabel, vestida completamente de negro, incluido tapabocas, y sentada sola en la capilla durante el servicio religioso de despedida a su esposo.

Ese fue uno de sus momentos más tristes y más vulnerables en que no pudo recibir el consuelo de sus familiares.

Pero también ese año, Harry y Meghan, en la entrevista con Oprah, abrieron las puertas de los palacios reales, revelando secretos y el supuesto trato dentro de una de las familias más conocidas del mundo.

Además de los escándalos legales que persiguen a su hijo Andrés, a quien se le conocía como su favorito, y amigo personal del banquero pederasta Jeffrey Epstein.

Pero las polémicas de su familia nunca impactaron ni su aceptación ni su liderazgo porque Isabel II siempre fue la reina, poderosa, intocable y para la mayoría de los británicos, inolvidable.