Pablo Casado también tiene un problema importante con el apoyo de Isabel Díaz Ayuso

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La presidenta madrileña trató de paermanecer en un segundo plano durante su participación en la convención nacional del PP. (Photo By Jorge Gil/Europa Press via Getty Images)
La presidenta madrileña trató de paermanecer en un segundo plano durante su participación en la convención nacional del PP. (Photo By Jorge Gil/Europa Press via Getty Images)

El PP finalizó ayer en Valencia su macroconvención itinerante. Una semana de coloquios y eventos que la dirección nacional del partido ha decidido llevar a diferentes ciudades -Santiago, Valladolid, Madrid, Córdoba, Cartagena y Valencia- para tratar de insuflar ánimos a las delegaciones locales y autonómicas y, de paso, intentar salir de la foto de Colón.

Programar durante siete días actos para más gloria de su líder, Pablo Casado, les salió bien de lunes a viernes. Cinco días en los que, mientras Isabel Díaz Ayuso se centraba en promocionar Madrid en Estados Unidos en busca de inversores, el presidente de los populares fue el protagonista. Capitalizando encuentros de todo tipo como los mantenidos con dirigentes internacionales -como Nicolás Sarkozy-, o exlíderes del partido -como José María Aznar o Mariano Rajoy-.

Sin embargo, el fin de semana ha sido diferente. Especialmente por la presencia de la presidenta de la Comunidad de Madrid. Recién aterrizada desde Washington, la madrileña se personó en el Auditorio de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia entre una imponente nube de periodistas y reporteros gráficos. Muchos más de los que había dentro del recinto tomando nota de las propuestas del PP. La estampa presagiaba lo peor. Como se pudo ver minutos después, la madrileña le robó el plano a Casado. Y no fue por su actitud ni por su discurso. Al contrario.

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La madrileña entró al auditorio y se dirigió directamente hacia Casado para, con el mayor número posible de testigos, saludarlo efusivamente como anfitrión del evento. Por si esto no fuera suficiente, acto seguido se colocó el micrófono de diadema para subir al estrado y participar en la charla conjunta con el resto de los presidentes autonómicos del PP en donde escenificó una entrega de armas simbólica al asegurar públicamente que no aspira a liderar el PP nacional. "Tengo meridianamente claro dónde está mi sitio", subrayó. No hubo pulso, no hubo mensajes subliminales. Ayuso se comprometió a intentar revalidar en 2023 la presidencia de la Comunidad de Madrid poniéndose al servicio de Pablo Casado para ayudarle a llegar a La Moncloa.

Pero, ni por esas. El protagonismo no fue para Casado. La madrileña arrancó la mayor de las ovaciones de la convención del PP. Su imagen se replicó en todos y cada uno de los informativos y digitales. Y su discurso fue el más difundido. No volvió a saberse nada del evento a pesar de que por la tarde hubo tres coloquios más con los presidentes regionales y los vicesecretarios del partido. Es como si no se hubieran celebrado. Justo lo contrario de lo que pretendían unos y otros.

De hecho, al día siguiente, Ayuso fue de nuevo aclamada a su llegada a la plaza de toros de Valencia donde tendría lugar la clausura de la convención. ¿Qué ocurre? Ayuso es, hoy por hoy, una líder de masas entre los populares, aunque ella ahora no quiera interpretar ese papel.

Lo que sorprende es que ni los unos ni los otros se lo esperaran. Después de martillear exitosamente durante meses con sus recetas de libertad, de haber dedicado la pandemia a hacer la verdadera oposición al Gobierno de coalición de PSOE y Unidas Podemos, y de reconocer públicamente que quiere liderar su partido en la Comunidad de Madrid Ayuso cierra filas con Casado y enfría el conflicto con Génova: "No he vuelto a abrir la boca" -en donde temen que acapare demasiado poder-, en el PP se equivocaron al pensar que las aguas volverían a su cauce en un abrir y cerrar de ojos. De hecho, como recoge El Mundo, están lejos de amainar. Y algunos de los barones del PP no se creen las palabras de la presidenta de la Comunidad: "La tregua será temporal", insisten.

A Casado no le beneficia hoy por hoy el apoyo de Ayuso. Lo único que le favorece es su silencio. Por eso la madrileña declinó hacer declaraciones en el fin de fiesta de los populares. Ni una sola palabra. Esa es la única solución para intentar no eclipsar a Casado después de meses alimentando la imagen de la madrileña.

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