Irene Nonay, de la farmacia a la agricultura para romper estereotipos

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Irene Nonay, en uno de sus tractores. (Photo: Irene Nonay)
Irene Nonay, en uno de sus tractores. (Photo: Irene Nonay)

Irene Nonay, en uno de sus tractores. (Photo: Irene Nonay)

Las redes sociales abren hoy en día un abanico de posibilidades para que la gente pueda mostrar y reivindicar trabajos menos reconocidos y darles el valor que se merecen y que no tienen. Esta ventana la está aprovechando Irene Nonay, una joven de 29 años de Navarra que está consiguiendo paso a paso dar a conocer el mundo de la agricultura.

A ella el amor a la tierra le viene de familia. Desde pequeña ha crecido entre los almendros que un día plantó su abuelo, y que antes lo había hecho su bisabuelo, y ha corrido tardes y tardes por los campos que tiene su familia en la zona del parque natural de Bardenas Reales.

Esa infancia y adolescencia rodeada de naturaleza ha pesado para que Nonay, que había estudiado farmacia y que se dedicaba profesionalmente a ello, dejara hace tres años este mundo para lanzarse a la agricultura.

“Siempre había ido al campo con mi familia porque ellos eran agricultores. Un día me di cuenta que si yo no seguía con ello nadie más iba a continuar con el trabajo de mis abuelos y bisabuelos. Me daba mucha pena que se perdiera todo lo que habían conseguido, entonces decidí que quería ser agricultora, así que un día aparecí por mi casa diciéndolo”, cuenta ahora Nonay, que ha comprado más terrenos y que cultiva, además de almendros, trigo, cebada y brócoli.

Su familia se lo tomó muy bien, aunque reconoce que no es algo que hubiera sacado de la nada: “No es que haya aparecido un día diciendo que quería ser astronauta, es que quiero hacer lo que hacía mi familia. Es lo que más me gusta y es bonito seguir con la tradición familiar”.

Irene Nonay, en uno de sus campos. (Photo: Irene Nonay)
Irene Nonay, en uno de sus campos. (Photo: Irene Nonay)

Irene Nonay, en uno de sus campos. (Photo: Irene Nonay)

Con la decisión tomada y tras ampliar la explotación, en febrero del 2020 plantó sus primeros almendros para rejuvenecer los que ya había. Desde entonces vive entre jornadas maratonianas, semanas completas de trabajo y con un calendario donde va empalmando labores con el trigo, la cebada, el brócoli y los almendros.

Además, los productos cosechados los vende a nivel nacional. “Es un no parar”, afirma, antes de dejar claro que está más que contenta con su decisión y que no se arrepiente.

Todo lo que hace lo muestra a los casi 20.000 seguidores que tiene en Twitter. Aunque se ríe al ser preguntada por si es una influencer rural, ella explica que solo cuenta cosas genéricas, sin dar grandes detalles técnicos. “No intento ser famosa ni convencer a nadie que haga lo que yo hago, solo normalizar que hay más cosas más allá de la ciudad”, describe.

Rompiendo estereotipos

Desde que tomara la decisión de cambiar de profesión, Nonay vive en una permanente batalla en la que busca deshacerse de los prototipos de agricultor clásico que existe en el imaginario colectivo. No es fácil, pero poco a poco va viendo avances.

“Cuando decidí que me quería dedicar y se lo contabas a la gente, te ponía cara de sorpresa como de qué estás contando. A mis padres les dicen que cómo la chica va a ir con el tractor o se extrañan y les preguntan que la señorita farmacéutica cómo va a ser agricultura”, cuenta.

Relata que “se va normalizando” que las mujeres trabajen en el campo, aunque sigue recibiendo caras de sorpresa. El último, el pasado fin de semana, cuando acudió arreglada a una boda (igual que el resto de invitados) y le hicieron un comentario de que no tenía pintas de ser agricultora. Incluso la llegaron a cuestionar, tal y como ella misma contó, de que no había plantado nada en su vida.

“Siguen existiendo esos estereotipos. Y más todavía en mujeres jóvenes. ¿Cómo quieres que vaya vestida a una boda? Tendré que ir arreglada. ¿Cómo tiene que ir un agricultor para tener pintas de ser agricultor? ¿Con las botas de barro? Pues no. Tendemos a encasillar a la gente de una manera. La agricultura está muy mal valorada y es para preguntarle que si tenía pintas de abogada o de qué”, asegura molesta al recibir estos comentarios.

Otra cosa que también le enfada es cuando le preguntan a ella o a sus padres que qué es lo que hará cuando se canse de trabajar los almendros. “Pues no sé, ¿qué pregunta es esa? ¿Qué hará esa persona cuando se canse de su profesión?”.

Además, también confiesa que le ponen en duda su trabajo cuando le preguntan si sabe llevar un tractor o la maquinaria agrícola. “Cuando uno es hombre y trabaja en el campo se da por hecho, mientras que siendo mujer muchas veces me lo dicen y eso solo sirve para dudar de mi trabajo”, afirma Nonay.

Siente que se va normalizando poco a poco, pero que queda mucho trabajo por hacer. Gente como ella ayuda de manera directa a que estas barreras cada vez sean mucho más finas. Porque se puede ser mujer, joven y dedicarse al mundo rural. “Lo hacemos por elección propia y porque queremos. Aquí soy feliz”, finaliza.

Irene Nonay, delante de sus plantaciones. (Photo: Irene Nonay)
Irene Nonay, delante de sus plantaciones. (Photo: Irene Nonay)

Irene Nonay, delante de sus plantaciones. (Photo: Irene Nonay)

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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