Irán comienza a producir uranio enriquecido al 60% en la planta de Fordow: ¿qué significa eso?

La agencia de noticias independiente iraní Isna ha informado de que Teherán ha empezado “la producción de uranio enriquecido por primera vez en Fordow”, la segunda instalación de esta naturaleza en el país. Esta planta subterránea, situada a 180 kilómetros al sur de Teherán, ha sido reformada para mejorar su capacidad, según las autoridades.

“Como respuesta a la Resolución de la Junta de Gobernadores, la Organización de la Energía Atómica (de Irán) ha incrementado el uranio al 60% en la central nuclear de Fordow”, añade este medio oficial. Eso supone que se acerca al grado necesario para la fabricación de armas nucleares. El país persa, además, ha inyectado con gas dos cascadas de centrifugadoras del tipo IR-2 y IR-4 en la instalación de Natanz y prepara otras dos para ello.

Irán ya enriquece uranio al 60% en otras instalaciones diferentes a Fordow, pero el anuncio es un nuevo desafío al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), que ha confirmado esta vuelta de tuerca de los ayatolás. Es la primera vez que se acerca al grado necesario para la fabricación de armas nucleares en estas instalaciones, algo que viene haciendo en otras desde al menos 2019, Hasta entonces, el uranio que tenía por debajo de ese nivel era usado con fines civiles, pero si se incrementa su enriquecimiento, se aviva, de nuevo, el temor de que busque emplearlo en una bomba atómica.

Sus reservas de uranio enriquecido, en diferentes purezas (2%, 5%, 20% y 60%), asciende a 3.673,7 kilos, frente a los 300 kilos permitidos (con una pureza máxima del 3,67%), bajo el acuerdo nuclear firmado por Irán con seis grandes potencias en 2015 y conocido por JCPOA (sus siglas en inglés).

Del total, 62,3 kilos están enriquecidos al 60 %, -un nivel cercano a lo necesario para una bomba atómica- y que Teherán justifica por fines médicos.

Pelea por el acuerdo de 2015

Irán responde así a la resolución presentada por Estados Unidos, Alemania, Francia y el Reino Unido, y respaldada por la UE y otros diez países comunitarios, que pide a Teherán que dé los pasos necesarios para “facilitar explicaciones técnicas creíbles” sobre las trazas de uranio de origen artificial encontradas en tres instalaciones que Teherán nunca declaró como parte de su programa atómico.

Las autoridades iraníes han afirmado que la resolución, aprobada el 10 de noviembre, tiene “objetivos políticos y está destinada a incrementar la presión sobre la República Islámica de Irán”.

Irán negocia desde hace meses con Alemania, Francia, el Reino Unido, Rusia, China y, de forma indirecta, con EEUU la restauración del pacto de 2015, que limitaba el programa nuclear iraní a cambio del levantamiento de sanciones y que abandonó en 2018 el entonces presidente estadounidense, el republicano Donald Trump. Irán entiende que, mientras no se renueve el pacto, no se ve vinculado por él porque Washington lo rompió y anuncia avances para amedrentar a Occidente, en un momento además en el que trata de desviar la atención de sus problemas domésticos, ante las peores protestas desde la Revolución Islámica, tras la muerte de Mahsa Amini. Tampoco ha hecho gracia a los clérigos el anuncio de nuevas sanciones de Bruselas por los drones made in Iran que Rusia está usando en la invasión de Ucrania.

La Unión Europea presentó en agosto un texto definitivo para revivir el acuerdo, pero Irán ha puesto como condición que la agencia nuclear de la ONU cierre la investigación sobre el hallazgo de trazas de uranio no declaradas por Teherán. Además, el texto se ha visto frenado por las enormes presiones ejercidas por Israel, que se niega a que reviva el pacto, y las negociaciones se han visto también ralentizadas por las elecciones de mitad de mandato en EEUU, el pasado 8 de noviembre.

Pero cómo se hace la bomba

No hay más que dos maneras para fabricar una de esas bombas que fueron lanzadas por EEUU sobre Hiroshima y Nagasaki: utilizar uranio enriquecido o plutonio, que se fabrica gracias a la combustión de uranio. El uranio está relativamente extendido en la corteza terrestre, tanto en el suelo seco como bajo los océanos. Actualmente, una veintena de países cuentan con minas operativas de uranio.

El uranio natural está formado por dos tipos de isótopos: el uranio 238 (que supone el 99,3% del total) y el uranio 235 (apenas el 0,7%). Sólo este último puede ser utilizado como combustible nuclear. Una parte pequeña y, por tanto, codiciada. Para obtener el combustible necesario para fabricar un arma atómica se debe enriquecer el uranio, esto es, aumentar su proporción de U-235.

El enriquecimiento de uranio, tan polémico en estos días a propósito de Irán, consiste en separar el uranio 238, más pesado, del uranio 235, más ligero, mediante unas máquinas llamadas centrifugadoras. No basta con un par de ellas, sino que se necesitan miles de centrifugadoras para obtener un volumen importante de uranio enriquecido. Sólo unos pocos países en el mundo cuentan con ese tipo de instalaciones, que son grandes y costosas.

Una vez enriquecido, el uranio puede ser utilizado de diferentes formas, según el nivel de concentración de U-235. El ligeramente enriquecido (de entre el 3,5% y el 5%) es utilizado como combustible en las centrales nucleares para producir electricidad, por ejemplo. Un uso civil, inofensivo. A un grado alto (del 90% o más), llegamos a lo que se llama uranio de “calidad militar”, que puede servir para fabricar una bomba atómica, aunque hace falta una cantidad suficiente o “masa crítica” que pueda desencadenar una reacción en cadena, que provocará finalmente una explosión nuclear. Esa masa crítica se calcula en 25 kilos de uranio enriquecido o en ocho kilos de plutonio.

En el mundo “existe suficiente plutonio y uranio enriquecido como para fabricar el equivalente de 20.000 bombas como la de Hiroshima, según el Panel Internacional sobre Materiales Fisibles”, un grupo de expertos citado por la agencia AFP.

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR