Inventan el helado “inderretible”: ¿genialidad o riesgo para la salud?

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El helado es uno de los grandes alicientes del verano, especialmente en China, donde los fabricantes se esfuerzan por ofrecer variedades con todo tipo de formas y sabores.

Los consumidores chinos aceptan de buen grado experimentos tan peculiares como el helado con salsa de soja, pero todo tiene un límite: uno espera que, en lo fundamental, el helado siga siendo helado y se derrita con el calor.

La marca de helados de lujo Zhong Xue Gao, apodada por el público como “el Hermès de los helados”, ha cruzado esa línea roja y los internautas están poniendo el grito en el cielo a raíz de un vídeo viral en el que se ve cómo una paleta de sabor a coco permanece sólida tras pasar una hora en una habitación a 31 grados. Otro usuario intentó quemar el helado con un mechero y éste comenzó a echar humo antes de emitir un olor a quemado, pero tampoco se derritió. ¿Qué diantres está pasando?

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Aunque la idea de tener un helado que no se derrita fuera del congelador pueda tener su encanto y, sin duda, nos ahorraría algunos inconvenientes, lo cierto es que las propiedades de los alimentos no se cambian por arte de magia: tiene que haber alguna sustancia o proceso químico involucrado.

Como es natural, los consumidores han pedido explicaciones sobre la composición del producto y sospechan que pueda contener ingredientes no demasiado saludables. Eso de que eche humo al quemarlo no tiene buena pinta...

El helado que no se derrite. Imagen vía Zhong Xue Gao.
El helado que no se derrite. Imagen vía Zhong Xue Gao.

Y es que, aunque los laboratorios no descansan en su afán de inventar productos originales, no todas las innovaciones son tan geniales como querríamos.

A algunas de las propuestas más pintorescas cuesta encontrarles la utilidad: sirva como ejemplo el llamado «chicle eléctrico infinito», un invento de un equipo de científicos japoneses que ha creado una especie de chicle transparente que nunca pierde su sabor. En realidad, lo que hace es emitir pequeñas descargas eléctricas en la lengua que ”engañan” a las papilas gustativas para que experimenten sabores. ¿Era realmente necesario?

Pero la cosa puede ser mucho más grave que una idea estrambótica: la tecnología alimentaria también se puede utilizar para timar directamente al consumidor. El caso más llamativo comenzó en China hace unos años, cuando se empezaron a detectar huevos que tenían la apariencia y la textura de huevos reales pero eran más falsos que en un billete de seis euros.

Los falsificadores utilizan diferentes productos químicos para simular el color y la textura de modo que el huevo fraudulento es prácticamente indistinguible del real, pero bastante menos saludable y, en algunos casos, incluso peligroso.

Pero no todo va a ser malo, claro: en el otro extremo tenemos propuestas tan interesantes como la de Ana Salvador y Teresa Sanz, investigadoras del CSIC que han conseguido sustituir las grasas sólidas de la bollería (como la margarina o la grasa de palma) por oleogeles de aceite de oliva y girasol. ¿Un croissant que está igual de bueno pero sin las temidas grasas perjudiciales? ¡Así sí, gracias!

Los croissants también pueden ser saludables. Imagen vía Getty.
Los croissants también pueden ser saludables. Imagen vía Getty.

La tecnología parece no tener fin en cuanto a las oportunidades que nos ofrece para seguir cambiando el mundo, pero a veces la imaginación se nos va de las manos. Los laboratorios deben seguir trabajando para encontrar maneras de producir alimentos que sean cada vez más saludables, eficientes y sostenibles, no para “vendernos la moto” con experimentos de dudoso beneficio. Innovación sí, ¡pero con cabeza!

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