"La invasión de Ucrania debería poner sobre la mesa la ocupación israelí de Palestina"

Liliana Córdova, durante su intervención en el Congreso de los Diputados.
Liliana Córdova, durante su intervención en el Congreso de los Diputados.

Liliana Córdova, durante su intervención en el Congreso de los Diputados.

Liliana Córdova Kaczerginski es la cofundadora de la Red Internacional Judía Antisionista (IJAN). Esta argentina afincada ahora en Madrid es hija de un combatiente judío comunista del gueto de Vilna, en Lituania, durante la Segunda Guerra Mundial, nació en París mientras su familia buscaba la supervivencia y ha residido en Israel durante 14 años. Sabe lo que supone el judaísmo, la persecución y el sionismo y ha optado por convertirse en una activista incómoda, que se opone a la existencia del Estado de Israel como lo conocemos y que apoya la causa árabe. Ahora, su voz se ha escuchado en unas jornadas organizadas por Unidas Podemos en el Congreso de los Diputados en memoria del pueblo palestino.

“El antisemitismo como excusa para perseguir la solidaridad con el pueblo palestino”. Ya desde el título, el debate suena peliagudo... 

Es que el Estado de Israel tiene un aparato de propaganda muy importante, como muchos Gobiernos y países, y a las organizaciones o a la gente que se manifiesta contra sus políticas es muy fácil llamarlas antisemitas, o sea, racistas. Eso siempre te descalifica como interlocutor, de entrada. Allá a probar que no eres antisemita. Si eres un político conocido, un autor que ha escrito cosas y se ha manifestado.. ¿cómo pruebas que no eres racista? Por eso hay que hablar de ello. Para esa maquinaria simplemente el hecho de que uno critique a los Gobiernos de Israel o el proyecto sionista es ya un motivo suficiente para ponerte una etiqueta y con eso te cierran la boca. La gente tiene miedo de enfrentarse a ese cartel que te ponen. Y como uno tiene miedo de eso, sobre todo de que te llamen racista antijudío, se calla, y así logran que la opinión pública no se anime a expresar sus críticas. Es la muletilla más fácil que existe.

En su caso, se suma el hecho de que usted misma es judía, de su misma procedencia. Ser judío y no defender al Estado de Israel y sus políticas es un pecado, para muchos. 

Para ellos nosotros somos un poco su talón de Aquiles, porque entienden que el hecho de ser judío implica que uno tiene que estar completamente sumiso al Estado de Israel y a sus políticas y aceptar todo de buen grado. Bueno, bien, uno puede hacer alguna crítica ligera pero no a la esencia misma del Estado, que recordemos que es un estado que practica el Apartheid, como ya hoy en día está ya muy documentado, un Estado que promueve el colonialismo de asentamientos e incluso trata como ciudadanos de segunda a los de origen palestino que viven en el Estado de Israel, en las fronteras del 48, muy discriminados. Que critiquemos nosotros estas cosas que ya conciernen a la índole misma del régimen es para ellos el signo de que somos traidores o, como algunos dicen, un signo de autoodio. También hay muchos judíos que no se animan a pronunciarse.

Las críticas internas al sionismo desde dentro son más desconocidas que nuevas, ¿no?

Así es, hay que ver que la cuestión de la crítica al sionismo no es una cosa nueva, un invento original o exótico, sino que nació junto con la creación del movimiento sionista dentro de las comunidades judías que no quisieron verse arrastradas a ese proyecto nacionalista. En Alemania o Reino Unido, donde el movimiento era especialmente fuerte, de 1880 hasta 1945, estas personas se expresaban como alemanes o británicos, pero con confesión o identidad judía añadida. Pero no estamos en un proyecto nacional judío. Para el aparato de propaganda decir esto es una herejía total, nos hace ser malos judíos, lo cual es casi gracioso porque, por ejemplo, hay un grupo de judíos muy muy religiosos, los Naturei Karta (ultraortodoxos), que observan realmente todo y son antisionistas militantes y propalestinos. El antisionismo puede ser de todo tipo: liberal, religioso, de izquierdas, revolucionario… pero tiene una crítica común y no es nueva.

Yo considero que nosotros no somos un pueblo, en el sentido de nación.

Más allá de la situación actual, ustedes denuncian el origen, la creación del Estado de Israel. ¿Por qué?

Yo considero que nosotros no somos un pueblo, en el sentido de nación. Somos un grupo humano que está en muchos países, como otros, igual que hay protestantes en muchos lugares del mundo, con muchas corrientes, y eso no hace que vayan a pedir un estado, ¿verdad? Nosotros también. Judaísmo es religión, pero no sólo, porque hace más de 200 años que hay muchos judíos seculares, casi la mitad hoy en día. Es una identidad que, sí, puede ser religiosa pero también cultural o familiar. Y que cada grupo humano judío que vive en distintos países tiene sus propias características y gustos, incluso desde el punto de vista de los ritos religiosos. Son muy diferentes lo que hacen los de Polonia y los de Marruecos, poco que ver, del rezo al habla, a la vestimenta... No está escrito en ningún lugar que cada grupo humano deba tener su propio estado. ¡Si no, imagínese lo que sería este mundo! A partir del “vamos” del principio, consideramos que el movimiento sionista no tiene ninguna base. Finalmente, se basa en los mismos a priori que el antisemitismo. Consideran que los no judíos siempre van a ser judeófobos, porque eso se lleva ya en el adn de los no judíos y por eso es que hay que concentrarse en un solo lugar, tener su ejército, defenderse. Nosotros decimos no, decimos que el racismo es un mal terrible, compartido por muchos grupos humanos, y la solución es luchar contra la discriminación y no que cada grupo haga su propio estadito para protegerse. La protección está también en tener otro tipo de visión de lo que es la humanidad.

Eso es batallar contra Israel y contra aliados enormes, como EEUU... 

No todo es uniforme. Justamente en EEUU están muy divididos también. Hasta el 48 -año de la independencia de Israel- hubo bastantes judíos que no estaban para nada de acuerdo con el proyecto sionista. Después vino la creación del Estado y, sobre todo, la Guerra de 1967, que dio entrada a los judíos en la esfera occidental, porque antes se les consideraba un poco occidentales, un poco orientales, no estaban admitidos con todo el peso... Hasta 1880, era muy raro que los judíos tuvieran derechos iguales en los territorios europeos, por ejemplo. Pero a partir de ese momento, del 67 y la guerra, en Occidente se empezó a mirar al judío de otra manera. “Es fuerte, es inteligente, sabe defenderse, avanza en cuestiones tecnológicas…”, decían. Esa nueva carta permitió a los judíos ser considerados iguales a los otros blancos, permitió que muchos judíos que no se interesaban por Israel o que eran claramente antisionistas cambiaran de chaqueta y se dejaran llevar, en paralelo además a un estado que estaba asociado claramente al capitalismo internacional. La propaganda era hegemonizar el sionismo en todas las comunidades judías. Eso lo lograron.

¿Cómo ve que se aplique ahora a Israel la etiqueta de “Estado judío”?

Es que siempre fue así, con esa confesionalidad; me parece que es mejor que esté así, claro, porque antes ya era así, lo que pasa es que como todavía no tenían tanto tirón, Israel tenían que disimular un poco, pero nunca fue otra cosa. Ellos siempre se vieron como un estado judío. Decían que había una diferencia entre ser judío israelí pero no, tenían todos los privilegios y los no judíos, especialmente los palestinos, estaban desposeídos de esos privilegios. Lo más terrible eran las cuestiones que se refieren a la tierra, no sólo confiscaron todo el suelo sino que la población palestina, dentro de los límites de todo Israel del 48, aumentó muchísimo y les quitaban más y más tierras y el hacinamiento dentro de la población palestinoárabe dentro del estado de Israel es atroz (suponen hoy algo más del 20% del total).

¿Cómo cree que debería ser el estado que existira ahora en la zona?

Creo que no hay otra manera que acabar con el proyecto sionista. No quiere decir de ningún modo que los judíos que viven allí tienen que irse o ser ciudadanos de segunda, nada de eso. Pleno respeto a la gente judía que quiera quedarse ahí y vivir en un estado común, en un estado que normalmente sería un estado palestino, porque son la mayoría, sobre todo si se produce el retorno de los refugiados. Un país con derechos tanto colectivos como individuales para los judíos que se quieran quedar ahí, sin ningún tipo de hegemonía o supremacía frente a los palestinos. No veo cómo puede uno convivir con un estado sionista que siempre será militar, expansionista, racista, colonialista… No se puede ver un estado judío que no sea sionista, no tiene ninguna razón de ser, porque incluso antes del 48 es absolutamente aceptable que algunos judíos quisieran vivir allí, porque para ciertos de ellos es Tierra Santa. Pero una cosa es vivir como habitantes y tener sus derechos evidentemente y otra cosa es tener un proyecto nacional. Fue lógico, desde el punto de vista humanitario, que los judíos que están perseguidos a partir de 1933 y necesitaban refugio fueran allá y está muy bien de que los palestinos acogieran a muchos pero, otra vez, como habitantes. No hay ninguna razón, si aceptan quedarse ahí, como habitantes, con su derecho a la religión, cultura o lengua, para que haya problemas, porque la población palestina es muy diversa, hay todo tipo de comunidades, no sólo musulmanes y cristianos, sino circasianos, drusos… No es nada nuevo que se viva dentro de una diversidad.

No veo cómo puede uno convivir con un estado sionista que siempre será militar, expansionista, racista, colonialista…

¿Por qué apoya usted la campaña BDS?

La primera actividad de la Red Internacional Judía Antisionista, en San Francisco, en 2006, ya hicimos justamente un acto apoyando la campaña de Boicot, Desinversión y Sanciones. Nos hemos sumado completamente a esa visión y exigencias y demandas pero eso no deja de ser una base, hay que ir más allá con Israel. Hay dos cosas que son requisitos esenciales, digamos, para debilitar sus políticas agresivas: uno es el BDS, un bloqueo hecho por personas, instituciones, partidos y estados, de lo cultural a lo deportivo, también muy económico, claro, como se hizo con Sudáfrica. Y el otro es el  debilitamiento militar del Estado, que es más problemático pero se dio en Líbano con la confrontación con Hezbolá. Ahora no se atreven a ir por tierra y poco por aire. Esa fuerza tan importante que tiene en seguridad, defensa e inteligencia le da como una supremacía que a algunos les da hasta miedo.

¿Qué cree que debe hacer España respecto de Israel? El Congreso, por ejemplo, ha llamado a reconocer el Estado palestino. 

Lo más importante son las sanciones a nivel gubernamental, no apoyar ningún proyecto que pueda favorecer la economía israelí, incluyendo la militar. No hay que favorecer ningún tipo de intercambio, del tipo que sea. En las instituciones internacionales en las que se planteen sanciones, apoyar esa vía o incluso ser avanzailla, exigirla desde España. Israel tiene proyectos con privilegios enormes respecto a Europa, tiene intercambios de armamento. Parar eso sería una manera muy importante de mostrar su apoyo a los palestinos y a la ley internacional, al final. Sería un apoyo anticolonial, que son palabras mayores, ponerse del lado que los pueblos que luchan. Ahora el presidente, Pedro Sánchez, lo ha hecho con Ucrania. Lo oigo en el G-20, hablando cinco minutos de su apoyo incondicional...

¿Cree que la invasión de Ucrania puede ayudar a que se hable de la ocupación de Israel de suelo palestino?

Sería lógico que eso pasara, la invasión de Ucrania debería poner sobre la mesa la ocupación israelí de Palestina, pero no creo que eso vaya a ser así. Si hubiera un mínimo de responsabilidad y coherencia, tendría que llevar a buen puerto una presión con respecto a la ocupación israelí, por lo menos en los territorios de 1967, pero dudo mucho que eso pase. Incluso en grupos propalestinos se hace poco esa relación, no porque no sepan. Otra vez, la maquinaria.

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